Cap 1. Recién casados

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::Abby::

Travis se levantó por encima de la cama y el equipaje, separando tranquilamente la ropa sucia. Sostuvo mi vestido de bodas delante de él, después de varios segundos, lo coloca con cuidado sobre el edredón. El satén y el tul estaban un poco arrugados y alborotados, en parte por el viaje, pero sobre todo por nuestra noche de bodas. Travis me sostuvo como si le perteneciera; todos sus miedos finalmente se desvanecieron. Ahora, solos en nuestro apartamento, estaba mucho más relajado que en el aeropuerto de Las Vegas. Habíamos regresado a la realidad, todavía casados, todavía juntos.

Levanté mi mano izquierda, mirando el anillo de la misma manera que Travis había venerado mi vestido de novia momentos atrás. Moví mis dedos, notando a Travis entrar en foco más allá de mi mano. Uno de los lados de su boca se convirtió en una medio sonrisa, riendo.

―¿Estás bien? ―preguntó por tercera vez desde que llegamos a casa.

―Sigo siendo la señora Maddox ―dije, acercándome a él para envolver mis brazos alrededor de su cuello. Recostándome sobre él, deje que cargara con todo mi peso, cerrando mis ojos al tiempo que sus suaves labios rozaban los míos ―. Quisiera que tuviéramos más tiempo antes que reanudaran las clases.

―Podríamos saltarnos un par de días ―murmuro contra mi boca.

Me examinaba con sus cálidos ojos marrones, y barba de todo un día. Todavía me quitaba el aliento como el día que lo conocí, su piel tatuada cubría sus impecables músculos. Sus tatuajes iban de lo artístico a lo tribal, pero ninguno tan perfecto para él como mi apodo en letra cursiva tatuado en su muñeca, o la frase en Hebreo en sus costillas, que abarca desde debajo del brazo hasta la ingle. Se leía “Pertenezco a mi amada y mi amada es mía” y así era. Oficialmente. Incluso me hice un nuevo tatuaje en Vegas: Sra. Maddox. Para alguien que nunca considero tener un tatuaje antes, no podía dejar de verlo… o a mi nuevo esposo.

Lo solté poniéndome de píe.

―Tengo estadística este semestre. No es una clase que quiera perder.

―Vas a estar bien ―dijo, dándose la vuelta para terminar de desempacar ―, tu resuelves los problemas de la misma manera que yo lanzo puños.

―No ―respondí a su comentario ―. Nada es tan maravilloso como eso.

Me vio por encima de su hombro, viéndome con un millón de emociones pasando por su cara, estableciéndose finalmente en la adoración.

―Mi esposa lo es.

Eché un vistazo alrededor de la habitación, posando una mano en mis caderas, soplando un mechón de pelo de la cara. La ropa sucia estaba acumulada en cuatro grandes pilas alrededor de la habitación. Me pregunto cómo fuimos capaces de acumular tanta ropa en tan pocos días. De las paredes cuelgan marcos con fotografías en blanco y negro de todas nuestras facetas: amigos, enemigos y amantes. En cada toma estábamos sonriendo, y Travis me estaba tocando de alguna manera. Había extrañado nuestra habitación, pero la última vez que estuvimos aquí le estaba proponiendo a Travis mientras su rostro estaba manchado de hollín por el incendio. Una pista de humo aún permanece en el aire.

Shepley y America se marcharon a Morgan Hall después de dejarnos en la casa del padre de Travis para dar la noticia a Jim de que nos habíamos escapado. America recogería mis cosas, para darnos tiempo a Travis y a mí para desempacar y establecer todo. A pesar que el apartamento era el mismo que cuando nos fuimos, todo se sentía diferente. Recogí una de las pilas de ropa en mis brazos y me giré hacía la puerta, preguntándome si Travis se sentía tan contento pero fuera de lugar como lo hacía yo.

―¿A dónde vas? ―preguntó Travis.

Hice un gesto, girando la parte superior de mi cuerpo señalando al vestíbulo.

―Lavandería ―hizo una cara y yo me reí ―estaré al final del pasillo, amor.

Asintió, pero podía decir que seguía preocupado que nuestro matrimonio se pudiera borrar de alguna manera, como si realmente no hubiera pasado, como si fuera a despertar en cualquier momento solo en cama.

Pasé por la puerta de entrada a la sala de estar, deteniéndome a menos de dos pies después de empujar la puerta plegable a la derecha, revelando la lavadora y secadora. La unidad era ruidosa, estaba teñida de amarillo y era mucho más vieja que yo, pero funcionaria bien. Solo metí la mitad de la ropa que llevaba conmigo, sabiendo que el pequeño tambor no podía manejar más que eso. No fue hasta que vertí el detergente, giré el mando y cerré la tapa que alguien llamo a la puerta.

Dejé caer el resto de ropa al suelo esquivando la pila para correr a través de la sala de estar. Miré a través de la mirilla tragando, tomándome un momento de reunir todos mis pensamientos antes de abrir la puerta.

―Hola ―dije, tratando de sonar sorprendida.

Los policías iban con ropa casual ―lo que quería decir que eran detectives― y ellos no parecían estar sorprendidos de verme.

―¿Señorita Abernathy? ―el que estaba a la izquierda preguntó. Era gordo, su panza le colgaba por encima del cinturón y su chaqueta de tweed estaba un poco pequeña. En la insignia arriba de su bolsillo se leía Gable. Su pareja, Williams, iba bien vestido con camisa de botones morada y una corbata a juego. Se cruzó de brazos, su suave tez oscura era todo lo contrario a Gable con su piel rosada con pecas.

―¿Sí? ―dije, sabiendo que Gable estaba confirmando, no preguntando.

―Estamos buscando a Travis Maddox.

―Está aquí, en el baño ―esperaba que Travis no pudiera escucharnos por el sonido de la lavadora. Sería mucho más sencillo cubrirlo si se quedaba escondido en la habitación. Necesitaba prepararlo. No era tan buen mentiroso como lo era yo, él jamás había que tenido que serlo. No podía siquiera recordar una vez en los siete meses que tengo de conocerlo que me dijera una.

―¿Podemos pasar por un momento? Necesitamos hablar con él ―dijo Williams.

―¿Es por el incendio? ―pregunté.

Los detectives intercambiaron una mirada, como si estuvieran un paso adelante.

―Sí ―respondió Gable ― ¿Qué me puede decir al respecto?

―Lo vi en las noticias. En cuanto termináramos de desempacar, iríamos a la fraternidad. Él perdió algunos de sus hermanos. Está destrozado ―respondí, sabiendo que esa parte no era mentira.

―¿Tú eres su novia? ―una vez más, Gable afirmo la pregunta en lugar de hacerla.

―Esposa ―corregí.

Los hombres se dieron otra mirada. Williams cambio su peso, viendo sus notas.

―¿Esposa?

―Sí, nos escapamos este fin de semana. A Las Vegas. Regresamos antes a casa a causa del incendio.

Gable entrecerró los ojos.

―Tenemos ciertos testigos que afirman que Travis estaba en el edificio a la hora del incendio. Han hecho aclaraciones que era un oponente regular en el… uh ―revisa sus anotaciones ―, en el anillo de lucha ―pronuncio cada palabra como si estuviera hablando alguna lengua extranjera.

―Es decir… creo que es ilegal mentirles ―digo, recostándome en el marco de la puerta. Los hombres se acercaron, esperando a que diera mi confesión ―. Hemos ido a algunas. No hay mucho que hacer en Eakins ―solté un bufido, pretendiendo estar incomoda y avergonzada cuando no encontraron graciosa mi broma.

Gable se inclinó, notando algo detrás de mí.

―¿Señor Maddox? ―Me giré para ver a Travis congelado en el pasillo.

―Hola, amor ―dije ―. A estos oficiales se les dijo que estabas en la pelea este fin de semana. Están haciendo preguntas.

―¿Podemos pasar? ―preguntó Williams

―Por supuesto ―Travis pasó por encima de la pila de ropa que había dejado tirada en el suelo. Limpiándose los dedos en el pantalón para ofrecerles un firme apretón de manos, primero a Williams y luego a Gable al tiempo que se presentaban como detectives.

―Travis Maddox.

―Un placer conocerlo, señor ― Gable agitó su mano en reacción a la presión que había puesto Travis en el apretón de manos. Entró, pasándome por completo, notablemente atento a hombre al que se estaba enfrentando.

―Ya conocieron a mi esposa ―dijo Travis al tiempo que yo cerraba la puerta detrás de los detectives.

Los oficiales asintieron. Williams soltó un bufido.

―¿Manejaron o volaron a Vegas?

―Volamos ―dijimos al unísono, nos vimos sonriendo. Travis tomó mi mano y nos sentamos en el sofá.
Williams eligió el sillón reclinable. Gable ocupaba la mayor parte del sofá de dos plazas.
―¿Realmente están diciendo que él estuvo ahí? ―pregunté.

―Que los dos estuvieron ahí, en realidad ―dijo Gable escribiendo algo en su cuaderno ― ¿Aún tienen sus pasajes de abordar?

―Sí ―respondí poniéndome de pie. Hice mi camino hasta la habitación, buscando entre mi bolsa los pasajes de abordar y el recibo del hotel. Quiero tenerlos a la mano para cuando los investigadores lleguen a la pregunta del paradero de Travis. Tomé mi vestido de novia al salir. No quería dejar a Travis solo con los detectives más de lo necesario.

―Eso fue rápido ―dijo Williams con sospecha.

―Recién llegamos ―digo ―. Estaba todo en mi bolsa. Aquí esta ―entregándole los pasajes de abordar y el recibo del hotel.

―Ese es tu, uh… ―Gable comenzó a hacer un gesto a mi vestido.

―Sí ―levanté el vestido con una sonrisa llena de orgullo ―¡Oh! ―digo viendo a Travis. Corrí de regreso a la habitación, colocando mi vestido sobre la cama regresando a la sala de estar con el DVD en mano ―¿Les gustaría ver la ceremonia? ―antes que cualquiera pueda responder, lo pongo en el reproductor tomando el control remoto.

Me senté junto a Travis, acurrucándome junto a él mientras lo veíamos estar parado al lado del oficiante, inquieto. Besé su mejilla, después él giro su cabeza para presionar sus labios contra los míos.

―Okay ―dijo Williams de pie. Su teléfono sonó, y él lo tomó contra su oído ―. Williams. ¿Qué? ¿Cuándo? Eso es una mierda y lo sabes.

Travis me lanzó una mirada rápida, pero yo apreté su mano manteniendo la sonrisa en mi cara. Observando la televisión. La grabación ayudo a que fingiera que no estaba poniendo atención a cada palabra de Williams.

Gable articulo un “¿Qué?” a su compañero.

Williams negó con la cabeza

―Sí, señor. Estamos aquí ahora. Lo entiendo, señor ―suspiró poniendo su teléfono lejos, viendo a Travis con una expresión molesta ―. La Oficina Federal de Investigaciones está hablando sobre el caso. Estoy seguro que tendrán más preguntas para ustedes.

―¿El FBI? ―preguntó Travis.

Williams observó a su aturdido compañero.

―Eso parece. Que tengan un buen día, señor Maddox y felicidades.

Travis se puso de pie, llevándome con él. Observamos cómo se iban los detectives. Luego Travis se puso inquieto.

―Trav ―intenté alcanzarlo pero no se detuvo para que lo hiciera ―Travis, detente. Todo va a estar ben. Lo prometo.

Se sentó en el sofá, recostando sus codos en las rodillas, cubriéndose la nariz y la boca con las manos. Sus rodillas rebotaban y respiraba con dificultad. Yo me preparaba para que él estallara.

Me senté junto a él, tocando su hombro.

―Estábamos en Vegas, casándonos. Eso es lo que pasó, y es lo que seguiremos diciendo. Tú no hiciste nada malo. Es una cosa horrible lo que pasó, pero no voy a dejar que te vayas abajo por esto.

―Abby ―Travis hablo a través de sus manos. Cerró los ojos tomando una respiración profunda―¿Sabías que esto iba a pasar?

Besé su hombro.

―¿A qué te refieres?

―Qué iba a necesitar una coartada.

Mi corazón comenzó a acelerarse, golpeando contra mi caja torácica.

―¿De qué estás hablando?

Se giró hacia mí con temor en los ojos, arrepintiéndose de la pregunta que estaba a punto de hacer.

―Dime la verdad.

―Okay… ―dije tragando con fuerza.

―¿Te casaste conmigo para solo para mantenerme fuera de la cárcel?

Suspiré. Por primera vez tenía miedo que mi famosa cara de póker no pudiera salvarme. Sí admitía haber creado una coartada, jamás me creería que también me casé con el porque lo amo y quiero ser su esposa. No creería que la única razón por la que estaría de acuerdo a ser su esposa en primer año de Universidad ―con tan solo diecinueve años―fue causa de este amor. No podía decirle la verdad, y no quería comenzar nuestro matrimonio con una mentira tan grande como esta.

Abrí mi boca para hablar, no sabiendo cuál elegir hasta que las palabras salieron.

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