Cap 2. Mentiras piadosas

::Abby::

―Travis ― toqué su rodilla ―, me case contigo porque me enamore.

―¿Esa es la única razón? ―preguntó, preparándose para cualquier respuesta que le pudiera dar.

―No.

Su pecho pesaba como si todo el aire hubiera sido eliminado. Una hora atrás, él estaba empezando a aceptar que este fin de semana no era solo un sueño. Un mes atrás, hubiera destrozado el apartamento completo. Podía verlo luchar contra el impulso de arremeter contra todo, incluso debajo del dolor que estaba sintiendo. Ver el conflicto en él me hizo amarlo más.

Travis se quedó viendo el suelo mientras hablaba.

―Abby, cuando digo que te amo… no sabía hasta este momento que quería más para ti que que fueras solo mi esposa ―su respiración titubeó aclarándose la voz temblorosa ―. Solo quiero que seas feliz. No tenías que hacer esto.

―Soy feliz. Hoy, soy la persona más feliz. Mañana, seré aún más feliz. Pero, tu felicidad es tan importante para mí, Travis, y… ―dude por un segundo. No importaba de cuantas maneras intentara explicarle, Travis nunca lo entendería. Huir a Vegas para salvarlo de ir a prisión significaba más para mí que para él. Quizá no era la propuesta impulsiva romántica que Travis hubiera querido, pero puse la acción detrás de los sentimientos. Para mí, era prueba que mi amor por él trasciende todo lo que es importante para mí, pero Travis no lo vería de ese modo. Podía verlo en sus ojos.

―Solo dilo, Pidge. Necesito escuchar que lo digas. Necesito saber la verdad ―dijo derrotado.

Tomé su mentón, rozando mis labios en su oído.

―Te pertenezco ―susurre, frunciendo el ceño ―, y tú eres mío.

Se giró, tocando mi mejilla con sus dedos, observando mis ojos buscando alguna pista de que no estaba siendo completamente honesta.

Le ofrecí una pequeña sonrisa, manteniendo todos mis miedos escondidos muy dentro de mí. Las palabras que salían de mi boca eran verdad, pero las protegía como si fueran mentira. Travis no tenía que saber que quería salvarlo. Solo tenía que saber por qué.

Asintió, respirando al tiempo que sus músculos se relajaban.

―¿Alguna vez has querido algo tanto, fuera de tu alcance, algo imposible, una vez que pasa tienes miedo de creerlo?

―Sí ―susurre, besando sus labios ―, pero soy tu esposa y nada va a cambiar eso.

―No lo sé ―dijo negando con la cabeza ―, veinte años en prisión podrían cambiar eso.

―¿Cómo puedes pensar que no tienes control sobre lo que pasa con nosotros? Me enamoré tanto que te propuse matrimonio a los diecinueve años ―Mi comentario lo hizo sonreír ―¿Alguna vez te has puesto a pensar que quizá yo sea la que tiene miedo de perderte?

―¿A dónde voy a ir? ―preguntó, colocándome en su regazo ―. Tú eres mi ancla. No hay nada que quiera que me lleve lejos de ti ―las comisuras de sus labios se levantaron por una fracción de segundo ―. Estoy siendo investigado por el FBI, Pidge. ¿Qué pasa si me arrestan? ¿Qué pasa si me voy por mucho tiempo?

―Eso no va a pasar. No estabas ahí. Estábamos en Vegas casándonos ―levanté mi mano moviendo mis dedos para que la luz se reflejara en mi diamante. Su expresión hizo que mis ojos no pasaran desapercibidos, envolví mis brazos alrededor de él, sosteniéndolo con fuerzas, colocando mi mentón en la curva de su cuello. No tenía por qué ocultar que tenía miedo ―. No voy a dejar que te alejen de mí.

―Alguien tiene que pagar por lo que paso.

Mis ojos viajaron por todo nuestro apartamento, a las velas que compre en ese pequeño centro comercial en Eakins, y el cenicero que Travis mantenía cerca de la puerta para tomarlo antes de salir a fumar. Pensé en su espátula favorita junto a mi cuchara favorita de servir dentro del gabinete, sus vasos pequeños para shots junto a mí taza de café, sus calcetines sucios del gimnasio mezclado con mi ropa interior de Victoria´s Secret. Pensé en el campus del estado de Eastern y sentirme mareada cuando Travis me encontró en un mar de doce mil estudiantes, y la vez que comenzó a cantar aquella canción en medio de la cafetería solo para desviar la atención de mí. Me mude de Kansas a Illinois para escapar de mi pasado, y aterricé justo enfrente de la última persona con la que hubiera querido mezclarme ―que resulta ser la única persona, hasta el momento, que me ama con intensidad e incondicionalmente. Travis Maddox me hace sonreír, me hace avanzar cada día. No había Abby sin Travis.

―No, tu no elegiste el edificio. No colgaste las linternas. El fuego fue un accidente, Trav. Un horrible accidente, pero si alguien es el culpable, no eres tú.

―¿Cómo voy a explicarle esto a papá, Pidge? ¿Cómo les digo a mis hermanos que fui parte de esto? Algunos hermanos de la fraternidad murieron en ese incendio ¡Mierda! ―dijo, sobando su cabello corto ―. Trenton casi muere.

―Pero no lo hizo ¿Travis? ― sacudí mi cabeza ―. No puedes decirles. No puedes decirle a Shep o a Mare. No puedes decirle a tu padre. Sí les decimos y ellos no te entregan, ellos estarán en problemas tambien.

Lo pensó por un momento, y luego asintió.

―Pero… ¿Qué pasa si arrestan a Adam?

Mire hacia abajo, pensando en cómo manejaría ese pequeño detalle. Adam podía acceder a testificar contra Travis con tal de obtener menos tiempo en prisión. Sí una persona más admitía que Travis había estado en ese sótano durante la pelea, la coartada no valdría de nada. Observe la preocupación a través de sus iris rojizos.

―Vamos a tomar esto paso por paso. Primero nuestro matrimonio. Nosotros vamos primero, siempre ―dije, tocando su pecho con mis dedos ―. Somos nosotros, luego la familia, luego el mundo.

Él asintió, tomando mi mandíbula para plantarme un beso.

―Te amo, carajo ―susurro, juntando su frente con la mía.

La perilla de la puerta comenzó a agitarse, Shepley y America entraron por la puerta, sosteniendo ambos unas bolsas abultadas color marrón y hablando de hummus de cilantro y jalapeño. Pararon justo detrás del sofá donde los dos estábamos a medio abrazo.

― ¿Qué mierdas, Shep? ¡Toca la puerta! ―dijo Travis.

Shepley se encogió de hombros, moviendo el saco al mismo tiempo.

―¡Tambien vivo aquí!

―Estoy casado, eres un mal tercio. ¡Uno que toca la puerta!

America le arrebató las llaves a Shepley, moviéndolas en frente de Travis para que pudiera verlas.

―No si el mal tercio tiene llave ―le soltó ―. Por cierto, Shep logró que Brazil nos prestara su vehículo para terminar de mover las cosas de Abby. De nada.

Mare se dio vuelta a la cocina, haciéndole señas a Shepley que la siguiera. Ella seguía enojada por no haberle dicho de nuestra escapada, no entendiendo que escaparnos en la noche, sin decirle a nadie, era la única opción que teníamos. Ellos abrieron los gabinetes, sacando todo de las bolsas, llenando las estanterías vacías con latas, bolsas y cajas.

―Yo ayudo―dije, empujando a Travis. Él me jaló de regreso a su regazo, sobando mi cuello.

―Oh, no ―America gruño ―. Ahora estas casada, deja que el mal tercio ponga los doscientos dólares que gastamos en el supre mercado.

― ¡Bien hecho, Shep! ―dijo Travis, girando su cabeza en dirección a la cocina para ver a Shepley lanzarle un giño.

―Yo compro, tu cocinas. Eso no cambia ¿Verdad, Trav? ―preguntó Shepley.

―Así es ―Travis alzo los pulgares al aire en señal de aprobación.

―Vas a tener que enseñarme ―dije un poco avergonzada.

―¿A cocinar? ―preguntó Travis. Asentí para confirmar su pregunta.

―Pero si te enseño, no podre cocinarte tan seguido.

―Exacto. Quiero ayudar ―me sonrió, provocando que sus hoyuelos se formaran en sus mejillas.

―Entonces la respuesta es no ―tomé un pedazo de su piel debajo de su brazo, pellizcando al tiempo que reía mientras Travis gritó.

America pasó por el sofá doble donde el control remoto estaba enterrado en medio de los dos cojines. Pensé en advertirle acerca del gran detective que había estado calentando el sillón como gallina sentada en su nido, pero antes que pudiera advertirle, America tiró del control remoto hasta que lo libero. Lo apuntó a la televisión, hasta que la pantalla se prendió, mostrando las noticias locales. Seguían hablando del incendio, los reporteros parados enfrente de Keaton, las ventanas estaban manchadas de negro mientas las letras amarillas se desplazaban en la parte inferior de la pantalla.

Toque mi garganta, tragando, recordando cómo me ahogaba por el humo, y lo horrible que fue ver llamas tan cerca. Estaba confundida, perdida, sintiendo que la muerte podía venir en cualquier momento, hasta que escuche la voz de Travis en medio del llanto y gritos del salón principal.

America se sentó con cuidado en el sillón doble, dejando que su mano y el control remoto descansaran sobre su pierna.

―Emily Heathington murió en el incendio. Ella estaba en mi clase de acuaérobics ―dijo America riendo sin ningún humor ―. Ella odiaba el agua. Decía que pensar en sumergirse dentro del agua sin tener nada de por medio más que un respiro la hacía sentir claustrofóbica. Asi que tomo la clase de acuaérobics para enfrentar sus miedos. El que haya muerto de ese modo… es una broma de mal gusto.

―Mare ―advertí al ver la expresión de Travis.

―Estoy tan agradecida que no estuvieran ahí ―dijo America, limpiando su mejilla ―. No sé qué hubiera hecho si algo les hubiera pasado a cualquiera de ustedes ―se puso de pie, arrojando el control a Travis ―. Incluso a ti, idiota.

Travis agarro el fino triángulo negro con una mano, girando en dirección a la cocina. No podía ver por la espalda del sofá, aun así gritó en dirección a su primo.

― ¿Deberíamos ir a Sig Tau?

―Acabo de regresar ―dijo Shepley―. Está muy callado por ahí. Muchos chicos sentados en círculo mirando el piso.

―Estaban hablando de recaudar fondos ―dijo America.

Travis asintió.

―Sí, definitivamente deberíamos hacer eso.

―Travis ―dijo Shepley ― ¿Cómo vamos a pagar la renta? Lo que regularmente utilizamos para verano no es suficiente. No tenemos más ingresos.

―Vamos a conseguir un puto trabajo ― dijo Travis recostándose.

― ¿Haciendo qué? Todo lo que sabes hacer es tirar puños y yo hacer llamadas telefónicas ¿Vamos a aplicar a Burger King? ―le fruncí el ceño a America pero ella solo se encogió de hombros.

―Ya pensaran en algo ―dije ―. Vi un anuncio en el corcho saliendo de clases para tutorías de cálculo. Iré a ver eso.

―¡Ah, Sí! ―dijo Shepley con un suspiro ―. Vamos a dividir la renta y las facturas en tre ahora. Eso facilitara las cosas.

―Tus padres pagan tus facturas ―Tavis gruño ―. No sé de qué te quejas.

―Era bueno no tener que pedírselos ―dijo Shepley.

―Shep ―empezó Travis ―, sabes que te amo, primo. Pero uno de los dos va a tener que mudarse.

― ¿De qué diablos estás hablando? ―America tomo la almohada y se la tiro a Shepley.

― ¡Cállate! No actúes como si no supieras que esto estaba por venir desde que te enteraste de su boda.

―Lo siento, quería evitar eso lo más que pudiera.

Dos líneas se formaron en el ceño de Travis. Shepley no sabía que Travis ya se sentía lo suficientemente mal, por muchas más cosas. Travis soltó el aire, agitando su cabeza.

―No vamos a encontrar algo que pague tan bien como eso, te lo garantizo.

―Como les dije ―le sobé la espalda ―. Ahora tenemos dos ingresos. Está bien que hagas menos dinero, incluso la mitad.

―Pero voy a extrañar ese dinero ―dijo con curiosidad ―. Tenía muchos planes para nosotros.

― ¿Cómo un carro? ―pregunté.

Él ahogo una sonrisa.

―No te preocupes por eso ―le lance un puño en broma.

― ¿Qué quieres decir?

―Quiero decir que eso ya lo tengo cubierto.

―¿Nos compraste un auto? ―sentándome. Nunca había tenido un carro antes.

El único transporte de Travis era una Harley Night Rod, aunque se veía condenadamente sexy manejándola, era un poco destapada en invierno, habíamos estado confiando en Shepley para quenos llevara o nos prestara su auto, pero ahora que estábamos casados, eso cambiaria. Todo cambiaría. No éramos chicos universitarios que podían depender que alguien los llevara. Éramos una pareja de recién casados y había cierta expectativa ―sobre todo en nosotros mismos― de ser responsables y autosuficientes.

El matrimonio era mucho más que una ceremonia y promesas. Nunca pensé dos veces acerca de Travis teniendo un compañero de cuarto cuando éramos novios pero el matrimonio lo hacía ver todo diferente. Así como no tener auto era diferente, o trabajo, o… la realidad empezó a pesarme, y me hundí de nuevo en el sillón.

Travis frunció el ceño ante mi reacción.

― ¿Qué pasa, amor? ―Preguntó.

Shepley se rio.

― ¿Ahora realmente no les queda dinero?

―Ahora en verdad no necesitamos que vivas aquí ―Travis gruño.

Shepley arrugo la nariz, como si acabara de oler algo repugnante.

―Eso fue grosero.

Travis se removió en el sillón, tacleando a su primo en el suelo de la cocina. Shepley gruñó cuando su rodilla golpeó la puerta del armario inferior, y luego gritó cuando Travis agarró la entrepierna.

―Deja de pelear sucio, idiota ―Shepley gritó, America se movió hacia atrás, perdiendo las rápidas piernas de Travis. Me paré junto a ella, cruzándome de brazos.

― ¿Estas segura que sabes a lo que te metiste? ―preguntó ―. Estas en esto, lo sabes. Esto es tuyo.

―Tú sigues ―dije tirando de su brazo.

― ¡Oh, no! Solo porque tú te casaste en primer año no significa que el resto de nosotros estemos locos ―me miro confundida ―. Aun no entiendo porque lo hiciste. Travis sabía que la pelea más grande del año se acercaba, Adam consigue a alguien de último momento para que remplace a Trav, el incendio comienza y ustedes dos resultan estarse esca…

Vi el reconocimiento en sus ojos. Trav se quedó estático, los dos chicos vieron a America, respirando con fuerza.

―Abby ―dijo America con sospecha.

―Mare, no ―dije ―. No lo digas. No lo pienses.

―Pero estoy en lo cierto ¿Verdad? ―preguntó.

―No ―contesté ―. Estábamos en camino a Vegas cuando el fuego empezó ¿Qué clase de personas seríamos si hiciéramos algo así?

―Inteligentes ―respondió Shepley parándose. Se pasó las manos en los pantalones, aun intentando recuperar la respiración. Sus mejillas estaban rojas por el intento fallido de pelea contra su primo más fuerte. Travis se puso de pie también, deslizo sus manos en mi cadera. Los cuatro intercambiando mirada, indecisos de que decir después, pero en ese momento supe que Travis sabía la verdad.

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