Cap 4. Lo que queda de correcto

wlor

Travis

 

La mano de Abby se sintió pequeña pero relajada en la mía mientras caminábamos por la acera mojada pasando la cinta amarilla que rodeaba Keaton Hall. El edificio y el suelo fangoso bordeando las cuatro esquinas de ladrillo y piedra eran ahora una escena del crimen. Los policías ―y ahora el FBI― estaban investigando la muerte de treinta y siete estudiantes universitarios, la mayoría no tenían la edad suficiente para comprarse una cerveza. Me había estado preguntando durante tres días cuando debería decirle a papá, cómo se tomaría la noticia de que su hijo menor había estado involucrado en el evento más trágico en la historia del estado de Eastern, y lo que diría. Me imaginaba la decepción en sus ojos, la preocupación y el estrés que le daría, incluso después de que la policía me arrastrara a la cárcel.

Los ladrillos sobre cada ventana del edificio que Adam había puesto en escena para mi última pelea estaban negras por el humo. Los gritos de unas noches atrás aun resonaban en mis oídos, y yo recordaba el terror que sentía cuando buscaba desesperadamente en el laberinto de pasillos en el oscuro sótano por Abby. El miedo abrumador que sentí cuando me di cuenta que Trenton no estaba afuera con el resto de sobrevivientes aún era fresco. Los pelos de la nuca se me erizaron solo de pensarlo. Aun, nada de eso había tocado el corazón roto de tantos padres estaban sintiendo desde que la historia del fuego había salido en las noticias. Aun cuando Abby nunca perdía la oportunidad de decirme que no era mi culpa, me sentía responsable.

Me detuve frente a un monumento improvisado para las víctimas: una pila de notas, cintas, flores y animales de peluche. Abby tiró de mi cabeza, tirando de mí hacia adelante sin decir una palabra. Ella sabía que yo me estaba culpando a mí mismo, pero ella no sabía que yo estaba luchando con la urgencia de entregarme. La única cosa que me mantenía de no hacerlo era pensar en dejar a mi nueva esposa sola.

Camine junto a ella al edificio donde tenía su primera clase, después de besarla de una manera que le diera a entender a todos los que lo vieron que ella era mi esposa, la vi subir las escaleras y desaparecer en la puerta doble de vidrio.

Shepley me dio una palmada en la espalda.

―Crecen tan rápido.

Me quité de su agarre.

―Cierra la boca, aliento de pene.

Shepley se rio.

―Una de las hermanas de Sig Cap le pregunto a América si los rumores eran ciertos.

Pude sentir mi ceño fruncirse.

―¿Qué rumor?

Shepley se me quedo viendo como si fuera un imbécil.

―El rumor que te casaste con Abby.

Ajuste mi mochila y comencé a caminar bajo el gran cielo gris, sintiendo el aire matutino infiltrarse en mis mangas largas. Shepley luchaba para mantener mi ritmo, aunque por momentos hacia trotes cortos. No hablamos hasta que alcanzamos el edificio de arte liberal, donde ambos teníamos clases. Tomé dos escalones a la vez haciendo que Shepley se quejara.

―¡Carajo, Travis! ¿Dónde está el fuego?

Pare dando la vuelta para enfrentar a mi primo, apretando los dientes

―¿Qué pasa contigo?

Shepley se puso pálido.

―Lo siento, mala elección de palabras. No vamos tarde, aún tenemos diez minutos ¿Cuál es la prisa?

―Tengo mucho en la mente ―dije abriendo la puerta.

El pasillo estaba lleno de estudiantes que iban y venían, que fluyen uno al lado del otro hasta que se separan lo suficiente para evitar un obstáculo en el centro del corredor: una caja de cristal que se sienta encima de un podio. Dentro hay un busto de Gerald P. Stymie, el ex presidente del Estado de Eastern, y ex miembro de Sig Tau. El Sr. Stymie fue miembro Sig Tau con mi padre y el tío Jack, y yo lo recordaba llegar a nuestra casa a menudo durante mis años de formación. Asistió a nuestras fiestas, y el entierro de mi madre. Murió cuatro años después de su retiro, lo cual fue seis años antes de mi primer año de universidad. Me preguntaba si estaría más decepcionado que yo había ayudado a orquestar el evento más trágico de Eastern, o que no estaba aceptando mi participación en él.

La energía era tan diferente de la semana antes de las vacaciones de primavera cuando todo el mundo estaba sonriendo y rebotando con ritmo al caminar. Ahora los pasillos eran tranquilos, el aire pesado y sombrío. Las chicas estaban secándose las lágrimas, y los chicos las sostenían de cerca reconociendo su mortalidad ― algunos por primera vez.

―¿Mucho en mente? ―preguntó Shepley deslizándose en el edificio detrás de mí ―¿Cómo qué? Oh. ¿Te refieres a la cosa que se supone no se? ¿O te diste cuenta que el matrimonio es para siempre?―Tomé a Shepley por la camisa con ambos puños, estampándolo contra la pared más cercana. Le saqué el aire, viéndome con los ojos muy abiertos y sus manos arriba―¡Hey! ―dijo a través de sus dientes ―¡Estoy de tu lado!

Poco a poco perdí mi agarre, consiente de la mirada de los curiosos. Le di unos golpes en el hombro a Shepley en modo de disculpa, y luego tomé una respiración profunda.

―Esto no es gracioso, Shepley. Nada de esto.

Shepley dio una mirada rápida a todo su alrededor, luego se acercó a mí, manteniendo su voz baja.

―Tienes razón. Lo siento. Solo intentaba mejorar tu humor. Pero necesitas mantener un perfil bajo, Travis. No es el momento para atraer la atención a ti.

Mire sobre mi hombro a mis compañeros, niños, jóvenes y estúpidos como yo pero sin una esposa o cuentas que pagar o detectives tocando a sus puertas. Su única preocupación eran las notas y las cuentas en las tarjetas de crédito que le tenían que explicar a sus padres. Abby y yo teníamos esas preocupaciones días atrás. La boda me había ayudado a pretender que el incendio no había pasado, pero las secuelas ahora me estaban dando en la cara. El miedo de perder a Abby por culpa de Parker parecía toda una vida diferente. Ahora, podía perderla de verdad… para siempre.

―Tienes razón ―dije alisando su camisa, luego le pegue en la mejilla, forzando una sonrisa ―tienes razón, Shep, lo siento.

―Ve a clases, idiota ―dijo Shepley, reajustando su mochila antes de doblar en la esquina y subir las escaleras.

Camine al final del pasillo entrando a mi clase, pase asintiéndole a mi profesor de humanidades antes de tomar asiento. Varios estudiantes de la clase anterior aún estaban alrededor, haciendo preguntas de mitad de trimestre. Le di una mirada a mi reloj antes de sacar mi teléfono, sonriendo cuando la pantalla se ilumino. La hermosa sonrisa de Abby ocupaba la pantalla, riendo en tiempos más simples.

.

Hola

Sonreí escribiendo una respuesta. Mierda. ¿Cómo es que ya te extraño?

Los tres puntos aparecieron ―la manifestación de la anticipación.

Igual

Me reí para mis adentros. Abby era un enigma. Sabía que me amaba ―mierda, era mi esposa― pero sus cortas respuestas y su negativa de ponerse muy emocional en lugar de expresar su enojo o frustración me tenían adivinando la mayor parte del tiempo. Me gustaba eso de ella. Me gustaba lo obstinada y lo linda que era. Me gustaba lo demente que me hacía sentir, lo inseguro, lo miedoso. De seguro eso no era sano pero me importaba una mierda. Nadie se atrevió a hacerme sentir de esa manera antes ―al menos no apropósito.

Acabo de escribir Abby Maddox en mi cuaderno con corazones ¿Qué tan torpe soy?

Una gran sonrisa apareció en mi rostro. ¿Eso es raro?

Nop. Me tengo que ir ❤

El profesor Halsey se paró de su asiento y camino enfrente del escritorio, recostando su trasero en la madera. Él era flaco, solo brazos, piernas y nariz, con su cabello negro y grasiento tirado hacia un lado para tapar la calva de la coronilla de su cabeza.  Desplegó sus dedos juntando las yemas llevando sus dedos índices a los labios.

―Estoy seguro que todos están al tanto, la escuela ha sufrido una terrible tragedia este fin de semana.

Un incómodo silencio se filtró en toda la clase, los estudiantes se movieron en sus asientos. Yo me hundí en mi escritorio, masticando el final de mi pluma.

Halsey continúo.

―Hemos sido instruidos para informarles acerca de los servicios de orientación que damos en el campus del estado de Eastern. Basándonos en los números, al menos un estudiante dentro de esta misma clase conocía a alguien que resulto herido, sobreviviente o una fue víctima en el sótano de Keaton. Esto puede ser aterrador y abrumador para cualquiera, ya fueran cercanos o no a las víctimas, asi que por favor… no ignoren ningún sentimiento que tengan que procesar. Estamos aquí para ayudar ―paro el tiempo suficiente para que sus palabras penetraran y luego continúo con la lección. Una o dos chicas sorbieron un par de veces, pero aparte de eso la clase se desarrolló con normalidad, tomando nota y haciendo preguntas.

En el momento en que despidió la clase, corrí a la puerta, trotando por el pasillo hasta la puerta de salida, corriendo todo el tiempo hasta donde Abby estaría dejando la clase. Ella estaba saliendo de la puerta, parando cuando me vio. Me deje caer en ella, dejando que me envolviera con sus brazos alrededor de mi cintura, me guio bajando las escaleras y alrededor del edificio.

―¿Qué paso? ―preguntó, manteniendo su voz baja y calmada.

Mi pecho estaba pesado al tiempo que intentaba recuperar el aliento. Negué con la cabeza, incapaz de responder.

―Travis, mírame ―dijo tomando mi barbilla y bajándola hasta que su mirada se cruzó con la mía ―. Háblame.

―Están todos muertos. Mucha gente está caminando sin sus amigos, compañeros de cuarto… familiares ―señale a mi pecho ―. Yo hice eso.

―No. No lo hiciste ―miró por encima de su hombro y luego regreso la vista a mí ―. Necesitas estar componerte, Maddox ¿Qué pasa si la gente te mira asi y le dice a la policía?

―Quizá deberían. Quizá debería entregarme ―dije. Ninguna respiración era tan profunda, entre más aire respiraba, menos satisfecho me sentía.

―¿De qué diablos estás hablando? ―dijo Abby. Por primera vez estaba peleando por retener su cara de póker ―. Travis más vale que me escuches ―me tomó de la camisa ―No vas a dejarme.

―¿Crees que quiero? ―escupí nervioso.

―Murieron, si, y fue espantoso, sí, pero tú no me puedes dejar. Vas a escogerme sobre todas las cosas; sobre tu culpa, sobre tu maldita moral, sobretodo sobre lo correcto. Si eso me hace egoísta o una mala persona, lo acepto. Pero ellos no van a entender que tú no querías que nada de esto pasara. A ellos no les interesa que tu no escogieras el edificio o puesto las linternas. Te van a arrestar, Trav. Te van a arrestar, te van a en grietar, y… alejarte de mí, y….

 

La arrastre hasta mi pecho, sosteniéndola mientras ella temblaba en mis brazos.

―Bebe ― susurre, sorprendido. Nunca la había visto tan nerviosa.

Me alejo, manteniendo el agarre en mi camisa con sus puños.

―No hagas nada estúpido, Travis. No se te ocurra ―frustrada, empuño su mano libre pegándome en el pecho ―lo suficientemente fuerte para marcar un punto. Sus ojos pasaron por alto ―. Eres la única familia que tengo.

―Okay ―dije parpadeando. La acerqué una vez más, balanceándome un poco, tratando de reconfortarla de la mejor manera que podía. Bese su frente, maldiciéndome a mí mismo. Sabía que no podía dejarla, a pesar que era lo correcto. Solo quería que me digiera que no lo hiciera. Descargar algo en ella que no iba a hacer era algo idiota de mi parte ―. Tienes razón. No estaba… no quiero que me arresten. Solo necesitaba escucharte decirlo, supongo.

―¿Quieres que te convenza de que no lo hagas, para que luego me digas que lo hiciste por mí?―preguntó, poniendo los ojos blanco.

―No, amor. Por el amor de Dios.

Ella levanto su barbilla.

―Porque eso está bien. Tomo la culpa. Lo que sea necesario, Travis. Lo que sea necesario.

Me trague mis emociones, apretando los dientes. Ella me amaba al igual que yo la amaba a ella. No sabía que eso era posible.

―Abby…

Ella presiono su frente en mi pecho, tomó una respiración profunda, y luego asintió. Le tomó un momento reponerse, viendo al suelo un momento al tiempo que tomaba la decisión de confiar que no arruinaría sus planes. Se secó los ojos, dio media vuelta en sus tacones, y camino en dirección de su próxima clase. El olor a humo aun permanecia en el ambiente al tiempo que ella caminaba fuera de mi vista, dejando las cenizas de mi conciencia en su caminar.

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