Cap 5. Verdad

ebepisix

::Travis::

Mis botas hacen un sonido silbante contra los escalones húmedos que llevaron a mi apartamento. El cielo había estado orinándome encima todo el día, incluso entre clases. Me alegraba. Los terrenos alrededor de Keaton Hall aún estaban mojados por las mangueras contra incendios. La lluvia hizo que el resto de los alrededores del campus se mojaran, mezclando las saturadas aceras y grama de Keaton.

 

Mis llaves tintinearon en mis manos cuando las saqué para quitar llave de la puerta. En cuanto toque la manecilla, escuché pequeños rasguños en otro lado. Sonreí al tiempo que abría la puerta, inmediatamente agachándome para saludar a Toto.

 

Su pelaje negro cubrió mi cara al tiempo que me llenaba de besos de cachorro. Ya había crecido bastante, pero el ladró, se retorció y rebotó por todos lados, como lo hizo en su primer día en el apartamento. No se iba a calmar, así que finalmente lo levanté cargándolo contra mi pecho mientras bañaba mi cara con baba de perro. Levanté la barbilla para evitar terminar con la lengua de Toto dentro de mi boca.

 

Brazil uso la llave de repuesto después que nos fuéramos al aeropuerto, aun estando de acuerdo sin previo aviso y sin hacer preguntas, Abbi no estaba nada feliz cuando recogimos a Toto. Le dio un baño al llegar a casa para lavarle el aroma a cigarro y calcetines sucios. Después de secarlo y abrazarlo por todo el tiempo perdido, él se acurrucó en una pelotita en una esquina de nuestra cama y se durmió toda la noche.

 

Hermano, sabes que aprecio que pasaras a recoger a mi perro, pero si no querías cuidar de él, solo tenías que decirlo.

 

No le tomó mucho tiempo a Brazil contestar. ¿Qué quieres decir?

 

Huele a mierda ¿Fumaste alrededor de él? Yo no fumo alrededor de él. Estuvo comatoso por veinticuatro horas después que regresamos a casa.

 

Lo siento hermano. Tuve una fiesta. Mi chica me llevó afuera para pelear por una estupidez. Cuando regrese adentro, Derek lo había sacado de la habitación y estaba intentando alimentarlo con cerveza. Hice que Derek se fuera, pero juro que el perro no estaba lastimado ni nada, lo juro.

 

Recuérdame que no te pida más favores.

 

Lo siento, Travis. No pasará otra vez.

 

Puse a Toto en el suelo, escuchando sus garras contra el linóleo en la cocina, mientras yo abría una lata de su comida favorita. Arrugué la cara cuando me llegó el aroma rancio, pregúntame en nombre de Dios que criatura podía comerse esto tan asqueroso. Por supuesto, estábamos hablando de Toto, que disfruta lamerse el culo.

 

Puse la comida en el plato naranja con el nombre de Toto grabado que Abby mandó a traer por internet, agregué agua a su plato antes de regresar mi atención al teléfono celular. Busqué en todos los números hasta encontrar el de Brandon Kyle. Pasé mi pulgar en el icono del teléfono. Uno de mis hermanos de fraternidad me dio el contacto de Brandon. Él era el dueño de Iron E, uno de los tres gimnasios en el campus de Eakins. Dos de esos gimnasios eran de Brandon pero Iron E era su orgullo y alegría: un nuevo gimnasio en el eastside que era significativamente más popular que los otros por la cantidad de membresías. Me había anotado allí antes y desde entonces, hablamos con Brandon. Era buena persona, pero tenía una esposa embarazada y un montón de novias —no es alguien que tenga el valor de llamar amigo.

 

—Brandon Kyle — contestó. Qué fanfarrón. No soportaba el tipo de gente que contestaba con su nombre en lugar de un saludo.

 

—Hola. Soy Travis Maddox. Nos conocimos un par de veces en Iron E. Escuche que estabas buscando un entrenador de medio tiempo.

 

—¡Bueno saber de ti! Sí, me alegra que llamaras. Amigo… nos encantaría tenerte en el equipo. Te he visto antes. Conoces tus mierdas. Y Dios mío, traerías mujeres. Ven por la aplicación y te muestro los alrededores. Discutiremos los detalles y después decidimos si es algo que los dos seguimos queriendo.

 

—Uh… —no estaba esperando esa respuesta — ¿Cuándo quieres que llegue? Hoy es mi día que salgo temprano pero tengo que ir a traer a mi esposa y…

 

—¿Esposa? —Brandon se rio —¿Desde cuándo?

 

—Desde el fin de semana pasado.

 

—Oh —dijo, con una voz apagada. Sonaba como si se hubiera puesto el puño en la boca de la manera en que solía hacerlo cuando se iba a burlar de alguien — ¡Maldición! ¿La noqueaste?

 

—¿Qué es lo que acabas de decirme? —pregunté, sintiendo que me hervía la sangre. Giré sobre mis talones, dándome cuenta que estaba empuñando mi mano libre.

 

—Nada… nada. ¡Sólo te estoy jodiendo, amigo! Pásate por aquí, te veré hasta entonces.

 

—¿Cuando sea?

 

—Esta es una semana bastante tranquila. Todos los gorditos tiraron su meta de año nuevo. Estoy abierto hasta el jueves.

 

Le dije gracias entre dientes, y después colgué. No había manera que trabajara para ese idiota. Lo atacaría en mi primer día.

 

Toto terminó su comida, le puse el suéter verde de cuadros que Abby le había comprado. Con gran esfuerzo, le coloqué la correa mientras él intentaba lamer mi mano, después lo llevé afuera. Me crucé de brazos, agarrando la correa, quejándome a mis adentros por Brandon cuando un Porsche apareció, parqueándose detrás de mi Harley. Bajo la ventana, revelando a Parker con una gran sonrisa.

 

—¡Maddox! Escuche que estas en algunos problemas con las autoridades locales y no locales.

—Chúpame las bolas, Hayes— la expresión de Parker se volvió seria.

—¿Es verdad… acerca de Abby y tú?

—¿No te mando al diablo por mí? ¿Dos veces?

 

Parker frunció el ceño.

 

—¿Es verdad o no?

—Claro que es verdad. No creíste que tendrías una oportunidad con ella ¿O sí?

—No la mereces, Maddox. Tienes que saber eso.

—Quizá no. Pero Abby cree que sí. Esa es la única opinión que me importa… así que puedes comer mierda y morir, Parker, porque a nadie le importa lo que opines. Eres una distracción. Un comercial. Ella nunca iba a terminar contigo. Es patético que lo intentaras.

—No traté lo suficientemente fuerte. Si lo hubiera hecho, no estarías casado — bajé la barbilla, frunciendo el ceño.

 

—Baja de tu carro marica y ven a decírmelo a la cara —Parker tragó, subiendo la ventana a la mitad.

—¿Carro marica? ¿Qué dices de tu perro marica? ¡Bonito suéter!

—Este toma mierdas más grandes que tú.

—Ella se va a dar cuenta, Travis. Abby se va a dar cuenta de lo que hizo, lo nuevo va a desaparecer, y ella te va a dejar. Me gustaría estar ahí para ver esa sonrisa arrogante desaparecer de tu cara cuando lo haga.

 

Di un paso adelante, mis músculos tensos y listos como se ponían antes de una pelea en el Círculo. Sabía que si le daba un puñetazo, no podría parar, pero en este momento matar a Parker era lo único que me haría sentir bien.

—Sal de tu puto auto. Ahora.

 

Parker se escondió detrás de la ventana polarizada y luego se marchó.

Me quedé parado con las manos en puños, mi cuerpo completo temblaba de enojo. Toto se sobó la nariz contra mis vaqueros y vi abajo. La adrenalina se absorbió dentro de mi sistema cuando mi mirada cayó a sus ojos. Estaba frío antes de hacer sus necesidades; ahora estaba temblando del mismo modo que yo. Olió y pateó la grama como si fuera el dueño del lugar.

 

Sonreí.

—Sí. ¿Tú también hubieras pateado su culo, huh? —lo levanté y llevé adentro. En el segundo que lo puse en el suelo, él trotó a mi habitación, probablemente se fue a acostar a la cama para su siesta de medio día.

 

Agarré mi billetera, teléfono celular y llaves. Caminé a la puerta y bajé las escaleras, metiéndome detrás del volante del Camry. Tomé el timón, viendo mis nudillos volverse blancos por la presión. La última clase de Abby no terminaba hasta  en una hora, y necesitaba sacar lo de Brandon y lo de Parker. Algo blanco en medio de los asientos captó mi atención. Me agaché, pescando el sobre que contenía la carta de mi madre para mi futura esposa… para Abby. La puse con cuidado en el asiento de la par, puse la palanca en retroceso sacando el automóvil camino a la casa de mi padre.

 

Manejando, pensé en decirle la verdad acerca del incendio. No estaba seguro si quería que me entregara o no. No importaba —no podía hacerlo. Se lo prometí a Abby. Decirle a papá era quitarme un peso de encima —y ponérselo a él. Tendría él que decidir si entregarme o no. Y no podía hacer eso tampoco.

 

Agarrando el volante del auto tomé mi camino a la casa donde crecí. La casa en la que tiré mi primer puño y recibí mi primer golpe en la boca. Donde Thomas solía detenerme para que mis hermanos no me patearan el culo porque yo no me daba por vencido, y donde Trenton rompería cualquier cosa por pararse en medio de él y yo… incluso los gemelos. Sonreí saliendo a la carretera, escuchando la grava debajo de los neumáticos.

 

Papá empujó la puerta de cedazo y descansó su mano en su panza, viéndome acercarme con una sonrisa apreciada.

 

—Bien, Bien —dijo —. Pensé que no te vería en un buen tiempo.

—Estoy a tres millas —dije subiendo las escaleras de madera que llevaban al pórtico. Papá me dio un golpe en el hombro, y yo lo jalé para un abrazo.

 

—Tu mamá y yo no abandonamos la casa en tres semanas después de casarnos.

—Papá —lo regañé. Haciendo una cara de asco, pasando a la par de él  en dirección al sillón de la sala. Papá se rio, cerrando la puerta detrás de nosotros.

 

—El clima es una hijo de perra —se quejó. Observó la ventana pequeña en la parte de arriba de la puerta, luego caminó en dirección de su sillón reclinable. Se sentó en la orilla, inclinándose adelante recostando sus codos en las rodillas —¿Qué tienes allí?  —señaló el sobre blanco en mi mano.

 

La levanté unos centímetros, sorprendido por lo nervioso que estaba. Papá no hablaba mucho acerca de mamá. No porque él no quisiera, pero aún podía ver el vacío en su mirada —la misma mirada que tendría yo si perdiera a Abby.

—Es una carta.

—La, uh… ¿la carta que mamá te dejo?

Asentí con la cabeza.

—Se la di a Abby antes de la boda.

—Estaba esperando a que lo recordaras.

—Lo hice.

—Muy bien —dijo aclarando su garganta —. Muy bien.

—¿Quieres leerla?

Negó con la cabeza.

—No es para mí.

Saqué el fino pedazo de papel del sobre, mis ojos siguiendo la delicada letra de mamá.

—Lo sé. Es como escuchar de ella de nuevo. Se lee de la misma manera como la recuerdo.

Papá se lo pensó un momento, después asintió, moviendo su mano frente a él.

—Está bien, tráela.

Salté de mi asiento, dándole el papel a papá antes de regresar al sofá. Papá parpadeo unas veces, tratando de enfocar, después, viendo sus palabras en papel, su labio inferior comenzó a temblar. Recostó su barbilla en su mano, intentando ocultar sus emociones, volvió a parpadear varias veces al tiempo que sus ojos se llenaban de lágrimas. Una sonrisa tocó sus labios, negó con la cabeza y rio una vez. Papá bajo la carta con una mano, luego secó sus ojos. Después de un minuto él aclaro su garganta regresando su mirada a mis ojos.

—Ha pasado tanto tiempo. Fue bueno escuchar su voz otra vez. Gracias, hijo.

Asentí.

—La extraño también. Todo el tiempo.

Él se rio de nuevo, secando otra lágrima resbaladiza.

—Yo también… todo el tiempo de todos los días. Por casi diecisiete años. La manera en que miras a Abby —suspiró —. Esa es la manera a en que veía a tu madre. Dios mío, vaya si no ame a esa mujer. Nunca había sentido esto antes… nunca desde entonces.

Fruncí el ceño.

—¿Crees que voy a perder a Abby, papá?

—¿Abby?

Asentí. Papá tocó sus labios con sus dedos, y luego observó el suelo. No podía moverme o respirar mientras esperaba una respuesta. Finalmente se acercó de nuevo, viéndome directo a los ojos.

—Travis… Odio tener que decirte esto… pero tú esposa. Ella es más fuerte que tú. Tú la dejarías a ella antes que ella te deje a ti.

Sus palabras me quitaron el aliento, cubrí mi rostro, dejando que el alivio se apoderara de mí. Papá nunca se equivocaba, le confiaba mi vida. Lo miro, sabiendo que él me estaba ofreciendo confianza, pero porque amaba a mi esposa, iba a mantener la verdad oculta de él.

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