Cap 6. La verdadera vida empieza ahora

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:::Abby:::

El tablero de corcho junto a la salida de Reiger Hall estaba atestado de anuncios, con encabezados  para venta, En busca de, y se necesita ayuda, cada uno con los números en la parte inferior, cortados en tiras. Un anuncio en la parte superior tenía el membrete oficial de la escuela y una lista de temas. Entrecerré los ojos para leer la letra pequeña, corté un pedazo de papel con el número a donde comunicarme y lo guarde en mi bolsillo. La escuela estaba buscando tutores, y Cálculo fue uno de los temas. Ni siquiera una semana después de la última mitad del segundo semestre, y los libros y materiales en la mochila que carga pesaban bastante, cayendo en mis hombros.

 

Salté un poco dando mi primer paso hacia la salida, tratando de cambiar las correas para quitar un poco la tensión y darle un descanso a mi cuello. El aire de primavera golpeó mi cara al momento de salir. Abrigos de todos los estilos y colores decoraban las aceras, el establecimiento parecía un mosaico de estudiantes, aparte del gris en todo nuestro entorno. Miré hacia el cielo, sintiendo la niebla cubrir al instante mi cara. Había llovido a cántaros o briznado todo el día. La niebla matutina estaba empezando a desaparecer.

 

—¡Hey! —América gritó, medio trotando, medio corriendo hacia mí. Se movió, con su sonrisa brillante. Paro enfrente de mí, agarrando los tirantes de su busto, respirando con dificultad —Las chicas de la fraternidad se están volviendo locas. Me encanta.

—¿A qué te refieres?

—Acerca de Travis… y tú. Todos hablan de eso —sentí mis mejillas enrojecerse.

—Genial —Continúe caminando por la acera seguida por América.

—Ni siquiera la mitad lo creen.

Pare de repente.

—¿Creer qué? ¿Qué estamos casados? ¿O qué se casara conmigo?

América tragó saliva.

—Ambas —cuando se dio cuenta de que estaba ofendida respondió —. Pero, Vamos. Mírate. Por supuesto que se casó contigo.

 

Miré a mi menos-que-especial camisa de franela a cuadros y un chaleco de color verde oliva, jeans ajustados y botas altas de color marrón. Mi cabello estaba aplastado y húmedo. No podía recordar si me había tomado la molestia de poner maquillaje antes de salir del apartamento o no. Miré a mí alrededor, notando la mirada persistente de las personas curiosas.

 

Alguien silbó, me di la vuelta para ver el mar de estudiantes apartarse, revelando a Travis caminando en mi dirección. Travis se pavoneaba como si fuera el centro de todo el lugar, sus manos metidas en los bolsillos del vaquero, llevaba puesto un sombrero de lana gris, una camisa de Ramones debajo de la camisa de botones y sus botas de cuero negro para agregar al estilo “No jodan conmigo, o los mato” incluso con un anillo de bodas en su dedo, los educadores pararon a ver. Travis era hermoso, todavía rezuma encanto, con o sin querer. Un lado de su boca se movió hacia arriba, su ceja derecha se levantó un poquito, y yo tragué, sintiendo mariposas en el estómago.

 

Él paró enfrente de mí, con la misma mirada que tenía en Vegas cuando el oficiante anuncio que eramos marido y mujer. Travis no tenía que decir las palabras “te amo”  —podía verlo en la manera en que me veía, en que se movía, escuchar la manera en que hablaba— incluso si lo que hablaba no tenía nada que ver conmigo.

 

Soltó una risa notando mi expresión.

—¿Qué está pasando por tu cabeza?

Moví la cabeza tirando mis brazos alrededor de su cuello.

—Pidge ¿Qué pasa? ¿Todo está bien? ¿Tú estás bien?

—Estoy bien —dije con suavidad, presionando mi mejilla contra la de él. Sintiendo su barba contra mi cara, era reconfortante, como era el aroma de su colonia —. Yo sólo… —lo solté encogiéndome de hombros —. Te amo.

Me observó por un momento, una sonrisa se dibujó en su rostro.

—Escucharte decirlo jamás pasará de moda —alcanzó mi mano, tomándola para guiarme al estacionamiento.

 

Si las personas no estaban observándonos, pretendían no observarnos hasta que pasamos frente a ellos. Podía sentir los ojos de todos taladrarme la parte de atrás de la cabeza, escuchando los susurros del fuego, de la boda y el hecho que Travis y yo estuviéramos caminando después del escándalo cuando rompimos, era algo que sólo en un lugar tan pequeño como el campus de Estern le puede importar.

 

Paso a través del pasto, sus botas aplastando el lodo. Me fui saltando los charcos y surcos, agradecida cuando mi esposo finalmente me cargó sin que se le pidiera. Entrelacé mis dedos en su cuello, incapaz de dejar de sonreír al ver que Travis no dejaba de sonreír.

 

—¿Por qué estás tan feliz? —pregunté

—Por Tí.

—No. Es algo más ¿Qué has hecho hoy? ¿Recibiste buenas noticias?

Me bajó en el asfalto junto a nuestro auto, buscó en sus bolsillos hasta sacar las llaves. Me las tendió para que las tomara.

—Te toca manejar.

—¿Yo? No —dije moviendo la cabeza.

Travis resopló.

—Pigeon. Tienes que aprender en algún momento.

—Sé manejar. Simplemente no me gusta.

—¿Qué pasa si tengo que trabajar y tú tienes que ir a algún lado? —abrió la puerta del conductor haciéndome señas para que entrara.

 

Empujé la puerta para cerrarla.

 

—Entonces manejaré. Pero no estás en el trabajo, tu es… ¡Hey! ¿Encontraste trabajo?

—Aún no. Llamé a alguien. No creo que va a funcionar, al menos eso pienso.

 

La brisa se volvió en una lluvia más constante que crecía en cada segundo.

 

—¿Por qué no? —pregunté.

Travis abrió la puerta otra vez.

—Entra al auto, Pidge. Está lloviendo —levanté la ceja, y él suspiro —. Están contratando en Iron E.

—¿No te gustaba ese lugar?

—Bebe, entra al puto auto. Ya estás empapada.

Comencé a caminar al frente del auto, pero él tomó mi brazo haciéndome parar.

 

—No voy a manejar en la lluvia, Trav. Vamos. Manejo mañana.

Frunció el ceño.

—Está bien —se metió detrás del volante estirándose para alcanzar la manecilla de mi puerta y abrirla, mientras yo corría al otro lado, subiéndome en el asiento del pasajero.

Me removí para prender la calefacción al máximo, luego Travis tomó mis dos manos, simultáneamente frotando y soplándolas. Un errante rizo de cabello frente a mis ojos, goteando. Travis no era feliz, dos líneas se formaron en su entrecejo.

 

—¿Qué tiene de malo el Iron E —pregunté.

—Me gusta el gimnasio. Es solo que me desagrada el dueño.

—¿Brandon?

—Sí —dijo entre dientes —. Su esposa está embarazada… como de Lista-para-explotar. Él se está cogiendo a la recepcionista, dos entrenadoras, clientas…

—¿Y?

—¿Y? Es un pedazo de mierda, Pidge. No quiero trabajar para él. Alardea de eso todo el tiempo. Se ganará un puño en la cara en la primera hora.

—¿Tienes alguna otra opción? Tenemos renta que pagar, amor.

Travis suspiró viendo la ventana rayada por la lluvia.

 

—No. Y lo hizo sonar como si solo tenía que llenar la aplicación y tendría el trabajo.

—¿Entonces qué estamos esperando? —pregunté con una risa sorprendida.

Travis se giró hacia mí, serio.

—Acabo de decírtelo, Pidge.

Me encogí de hombros.

—No vas a estar cerca de él todo el tiempo. Además es hasta que encuentres otro trabajo ¿Cierto?

—Pero hay mujeres. Muchas, muchas mujeres universitarias. Y aburridas amas de casa. y…

Lo observe.

—¿Estás diciendo que no puedo confiar en tí?

—Miera no, es solo que no quiero tratar con eso. Incluso Brandon lo dice… es un mercado de carne. Él no es mi “pimp”.

Me reí en voz alta.

—No es gracioso —Travis se quejó —. Prefiero tirar puños que tener que tratar con cougars que van al gimnasio.

—Confío en tí. Puedes hacerlo. Es dinero fácil —busqué en mi bolsillo sacando el pedazo de papel —. Creo que también tengo algo. Están buscando tutores de Cálculo.

Travis no parecía impresionado.

—Si hubiera peleado para Benny estaríamos…

—Separados —Travis miró al suelo, derrotado.

—Quiero más para tí, Abby.

Toqué su cara.

—No quiero extrañar esto, Trav. Quiero el pequeño apartamento y cupones de ofertas, y vivir de Ramen hasta el día de pago. Quiero balancear la chequera juntos y hablar de nuestro presupuesto de la semana, y escoger un suéter en la tienda para colgarlo de regreso porque agarrar tu mano es mejor que llevar bolsas llenas de ropa. Me quiero sentir mareada por estar contigo en el cine una vez cada dos meses porque se ha vuelto algo especial en lugar de una costumbre. Quiero construir nuestro castillo un bloque a la vez… solo tú y yo. Sin salidas fáciles.
Su media sonrisa volvió a reaparecer, se inclinó contra mi mano.

—¿De verdad?

—Absolutamente.

—Hablando de estar quebrados… es noche de cerveza por moneda en “The Red”. Si ambos vamos a empezar a trabajar todas las noches, saquemoslo de nuestro sistema.

Sonreí.

—Estoy dentro —escribí un mensaje al grupo de Shepley y América, inmediatamente recibí la respuesta. Emocionada, me encogí de hombros —. Nos juntaremos a eso de las ocho y media con Shep y Mare.

Travis salió del estacionamiento, siguiendo su camino por la calle, subiéndole el volumen al radio y cantándome todo el camino a casa.

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En el siguiente episodio de Maravillosa Eternidad:
Travis y Abby dejaran a un lado sus problemas al llegar al THE RED, pero una salida
con Travis y su nueva esposa puede significar problemas ¿Ya saben por dónde va
esto, verdad? Angustia por delante… Nos leemos en el próximo capítulo.

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