Cap 7. El nuevo normal

eb-newnormal-mcguire-fr

::Abby::

The Red era una máquina del tiempo. Caminando a la entrada, mis
tacones sonaban contra el suelo pegajoso, apretando la mano de Travis
mientras él se movía entre la multitud del club. Me hizo sentir como si
regresáramos el tiempo, antes de la investigación, antes de la boda, antes
del fuego. Las estudiantes estaban apenas cubiertas con moños metálicos
y micro mini faldas, enrollando su dedo en el pelo al tiempo que hablaban
con cualquier hombre tonto que estuvieran dispuestos a comprarles un
trago.
The Red era una tienda de carne, todo mundo de forma voluntaria en
exhibición para captar la mirada de alguien, o cualquiera, o parejas que
estaban anunciando o restableciendo que estaban juntos reclamándose
uno al otro. Estaban los ocasionales que les gustaba sólo bailar, beber o
jugar billar, pero los humanos necesitan de otro humano y The Red tenía
una multitud de gente, era oscuro y bullicioso para ver y ser visto sin ser
juzgados.
Las bocinas vibraron con la música, palpitando como sangre en el corazón.
Con mi mano libre, presioné mi pecho con los dedos para intentar
aminorar el sonido en mi caja toráxica. Las bocas se estaban moviendo
pero lo único que se escuchaba era la música, todos hablando el mismo
idioma; cantando la misma canción.
Cómo nos aproximábamos a la barra, Travis saludo a Camille, que
inmediatamente quitó a unos chicos frente a ella. Ella sonrió al tiempo que
nos sentábamos, secando la madera frente a nosotros.
—Me estaba preguntando si iban a volver por aquí.
—¿Por qué no vendríamos? —pregunté, viéndola poner dos cervezas
nacionales frente a Travis y a mí.
Camille se cruzó de brazos.
—No lo sé. Están casados ahora. Me imaginé que mágicamente
cambiarían, algo así.
—Aun salimos a tomar y ver amigos —dijo Travis, chocando el cuello de su
botella con la mía. Beso la esquina de mi labio antes de tomar un sorbo y
escanear el lugar —¿Dónde está Trent?
Camille observo su reloj, y luego respondió al tiempo que se alejaba.
—Debería de estar en camino.
Observe a Camille trabajar la línea, tomando dos o tres órdenes al mismo
tiempo, haciéndolas, tomando el dinero y empezando otra vez. El bar
estaba lleno. Si no conociéramos a Camille hubiéramos estado toda la
noche esperando para sentarnos. Las mesas estaban llenas también, como
las mesas de billar y la pista de baile.
Dos manos frías tocaron mi hombro, me di media vuelta para abrazar a
América. Aretes enormes estaban colgando de sus orejas, su cabello
recogido en un moño desordenado. Su top dejaba ver un hombro. Tenía
ese estilo de glamour con poco esfuerzo.
Camille regresó.
—¿Quieren una mesa? Puedo decirle a Raegan que les consiga una —guiñó
un ojo —. Le encanta ser una perra.
—Nah, estamos bien —dijo Shepley, saludando a su primo. America no
perdió el tiempo arrastrándolo a la pista de baile. Observé a mi esposo por
un tiempo, viéndolo a él verme, ignorando a las cuatro mujeres que
intentaron coquetear con él.
Cuando regresé a mi taburete, Travis pasó el dedo por mi brazo,
disfrutando de lo pegajoso del sudor en mi piel. Se inclinó para besar mi
hombro, dando golpecitos con la lengua con cada beso.
Me puse de píe, acercándome a él.
—No nos vamos a quedar mucho tiempo si continúas haciendo eso.
Travis levantó la mirada viéndome con una sonrisa pervertida.
—Lo prometo.
Besé su cabeza dejando que sus manos viajaran a mi parte trasera,
agarrando mi culo. Estaba viendo a la gente otra vez, divertida con los
juegos de las personas, evaluando, coqueteando, el empuje y tiré y la
manipulación… todo lo que habíamos estado haciendo hasta antes de
nuestra boda.
Travis acarició mi trasero poniéndose de pie.
—Voy al baño ¿Necesitas algo?
Levanté las cejas.
—¿Del baño de hombres? No.
Travis se rió y puso su botella de cerveza vacia en barra.
—¿Te importaría pedirme otra?
—En lo absoluto —dije, presionando mis labios contra los de él cuando él
se inclinó para besarlos.
Shepley le dió su cerveza a América y ella negó con la cabeza.
—No sé porque todos dicen que las mujeres vamos en grupos al baño. Los
hombres también son culpables de eso.
Shepley se encogió de hombros.
—Sólo me aseguro que no se meta en ninguna pelea mientras esta por ahí.
—Él no necesita una niñera —dijo América.
Shepley hizo una cara, como si América debería de saber mejor las cosas.
—Al parecer lo necesita.
Los chicos desaparecieron en la multitud, América se giró hacia mí.
—Así que —dijo pasándose los dedos en el cabello — ¿Este lugar parece
distinto ahora?
—¿Por qué todos preguntan eso? Sólo me case no me hice una lobotomía.
América se rio en voz alta, tomando un sorbo de su cocktail, parpadeando
cuando vio a dos chicos universitarios acercarse.
—Hay, mierda.
—¿Qué? —pregunté.
—Se fueron hace menos de cinco malditos segundos y ya tenemos que
rechazar a alguien —se quejó.
—No vienen hacía nosotras. Además, Travis no va a darme lata solo porque
me vea hablando con alguien. Ya pasó esa etapa.
América se me quedó viendo, poco impresionada y nada convencida.
—Tienes razón. Antes eras su novia. Ahora eres sólo su esposa.
—¡Hola! —dijo el primer chico. Estaba rapado, de mi altura
aproximadamente, de cuello grueso y orejas malformadas.
Definitivamente un luchador —. Te ves…
—No sola —interrumpió América —. Yo tengo novio y ella está casada —dijo
señalándome.
El luchador sonrió satisfecho, viendo a su amigo mucho más alto y luego
de regreso a nosotras. Genial. Él era de esos tipos que pensaban que tomar
a una mujer era un reto.
—Hola casada, soy Ricky.
América le gruño.
—Increíble. ¿Eres también de mil novecientos ochenta y cuatro? ¿Quién
llama a su hijo Ricky en estos tiempos?
—¡Mare! —susurre. Ella estaba siendo innecesariamente ruda.
Ricky no parecía ofendido.
—Él es Joel. Un placer conocerlas a las dos.
—No les dijimos nuestros nombres, así que técnicamente no nos
conocemos —dije.
—Perdón —dijo Joel —¿Las ofendimos de alguna forma?
Bajé la mirada, avergonzada.
—Lo siento. No, no lo han hecho. Sólo estamos intentando ayudarlos.
Nuestros novi… mi esposo y su novio están aquí, y regresarán en un
minuto.
—¿Y? —dijo Ricky.
Me encogí de hombros.
—Mi esposo no aprecia que hombres extraños me hablen.
—¿Es celoso? —preguntó Joel —. Eso debe ser aburrido.
—En realidad no. Gracias por pasar a saludar, pero deberían de irse.
—Yo estoy bien —dijo Ricky con una sonrisa.
Puse los ojos en blanco. America ternía razón. En el momento que Travis
regresara, habría una confrontación y nuestra alegre salida estaría
acabada. Ninguno de estos chicos se veía demasiado inteligente para irse
cuando Travis les pidiera que se fueran.
Ricky metió una mano en su bolsillo, viendo a los alrededores mientras
tomaba un sorbo de su cerveza. Rápidamente reconocí que ellos no
estaban intentando coquetear, ni siquiera de hablar con nosotras. Él
parecía que estuviera esperando a que Travis y Shepley regresaran. Lo
observé intensamente, sospechando de él en cada segundo que pasaba.
—¿Son policías? —pregunté.
Los dos hombres giraron para verme, sorprendidos.
—¿Qué? —preguntó Ricky.
—Sí son policías, me van a tener que decir.
America giró su cuello en mi dirección, estaba confundida.
Joel se rió.
—No. No soy policía.
—¿Qué hay contigo? —Pregunté, bajando la barbilla observando a Ricky.
Ricky me dio una mirada, desde los ojos hasta las rodillas y luego de
regreso. No estaba interesado en mí. Estaba evaluándome, intentando
averiguar cómo es que una chica de diecinueve años lo descubrió. Él
estaba ahí por Travis.
No contestó, por lo que me acerque a él.
—Vete a la mierda. Sí quieres hablar con él tendrás que meterlo preso.
Ricky se inclinó.
—Eso se puede arreglar. Él no tiene veinte aún, está tomando en un bar.
Les apuesto que tienen identificaciones falsas.
Puse los ojos en blanco acerándome.
—¿Qué estas esperando entonces?
—¿Qué está pasando? —preguntó América alarmada —¿Qué es lo que
quieren?
Joel se paró recto viendo a su alrededor, finalmente vindo la parte. Él no
era un universitario. Al parecer era un novato, o se veía lo bastante joven
para intentar tomarnos de tontos.
Un brazo fuerte se enganchó en mi cuello, Travis beso mi sien.
—Hola, bebe — como era predecible, inspecciono a los dos hombres
parados frente a nosotras —¿Quiénes son?
—¿Quién? —dijo América jugando a la tonta.
Travis no estaba para nada divertido. Señalo a Joel y a Ricky —si es que
son sus verdaderos nombres —. Estos payasos.
Ricky se rió una vez.
—¿Payasos? No estamos hablando con sus putas. Cálmense.
—Eres un maldito genio —dijo Shepley, quitándose la chaqueta.
Antes de que pudiera gritar alto, Travis ya me había soltado y lanzado por
Ricky, llevándolo al suelo. Como era usual, todo el resto del bar se unió,
borrachos idiotas que caminaban por ahí buscando una pelea habían
encontrado una.
América me mantuvo atrás de la montaña que iba creciendo en puños.
Mientas intentaba buscar a mi esposo, no podía dejar de pensar cual era el
propósito de llévalo a una pelea. Ricky ya había admitido que podían
arrestarlo por ser menor. La pelea se propagó, América y yo estábamos
pegadas a la barra. Camille nos alcanzó para ayudarnos a salir por encima
de la barra antes de quedar aplastadas.
—¡Shep! —gritó América mientras yo la empujaba al tiempo que Camille
jalaba —¡Shepley!
Una vez América estaba a salvo a la par de Camille, Me subí encima
también. Travis no estaba por ningún lado, y entre más tiempo pasaba fuer
a de mi vista, más me preocupaba. No estaba segura que quería el hombre.
Podían ser policías, o el FBI, o aun peor… mandados de Vegas. Benny no
estaba nada contento que Travis lo hubiera rechazado.
—¡Travis! —grité.
Los bouncers empujar a través de la gente, apartando a los humanos que
actuaban como animales, Travis incluido.
—¡Travis Maddox!
Travis se puso de pie, limpiándose la sangre de su labio con la parte trasera
de la mano, sonriendo al hombre que aún estaba en el suelo. Tenía cara de
presumido, sus ojos brillaban. Extrañaba pelear. Shepley agarro su camisa,
y Travis camino hacia atrás, luego giro hacia la barra, alcanzándome. Me
cargó para luego ponerme de regreso a mis pies.
—¿Estás bien? —preguntó Travis.
Fruncí el ceño, pero él no lo lamentaba. Pelear siempre estaría en su
sangre, y eso me ponía nerviosa. La multitud empujaba, Travis se dio
vuelta lejos de mí, parándose de una forma sobreprotectora como si el
hombre retorciéndose de dolor en el suelo fuera una amenaza. Los
bouncers los sacaron, haciéndole señas a Travis y Shepley que ellos tenían
que iré también.
Camille vino hacia nosotros, acercándose para hablar con Travis.
—Sí continúas con esta mierda, Trav, Jorie te va a prohibir la entrada para
bien de este lugar.
—Ella siempre dice lo mismo —dijo Travis con una sonrisa, limpiándose la
boca de nuevo.
—Estas… ¿Estás sangrando? —dije, dándome la vuelta para quedar frente a
él. Travis no dejaba que lo golpearan a menos que él lo permitiera. Eso era
lo que hacía. No estaba acostumbrada a verlos con sangre, y eso hizo que
mi paranoia empeorara.
—Sí —dijo Shepley —. Quizá le di un codazo por accidente.
Levanté una ceja.
—No ví venir eso.
Travis hizo una cara.
—Yo sí, pero no estaba en la mejor posición y a medio puñetazo con ese
gusano que te llamo a tí y a Mare putas… así que no me molesté en
esquivarlo.
—Vamos chicos. No hagan que los bouncers los escolten a la puerta —dijo
Camille, pegándole a Travis en el hombro. Suspiré. No podía culpar a
Travis, pero estaba un poco decepcionada. Caminamos junto a Shepley y
América hasta nuestros vehículos, parqueados uno al lado del otro en el
estacionamiento.
—¿Lograste averiguar algo? —preguntó América. Agité la cabeza.
—No, pero voy a hacerlo.
—¿De qué están hablando? —preguntó Shepley, alisando su camisa.
—Esos chicos eran raros —dijo América —. Se acercaron para hablar con
nosotros, pero después que les dijéramos que ustedes regresarían pronto,
igual se quedaron ahí. Como si los estuvieran esperando.
Travis y Shepley intercambiaron miradas.
—¿Los habían visto antes? —pregunté.
Travis hizo otra cara.
—No. Y espero no volverlos a ver.
—Lo que él dijo —América se cruzó de brazos —, sabía que iba a enojar a
Travis. Todo el asunto es muy raro. Algo está pasando.
—Ustedes dos tienen que dejar de ver esos shows en Netflix. Están siendo
paranoicas hasta la mierda —dijo Travis, viéndome a mí.
Fruncí el ceño.
—Mare tiene razón. Algo está pasando. Necesitamos descubrir que es.
Travis miró a Shepley, que se encogió de hombros.
—Uno de ellos tenía un llavero de Parkland College. Son sólo un par de
lame culos engreídos de Champagne que nunca había conocido a un
Maddox.”
Levanté una ceja a Shepley. Y yo pensé que era la que observaba todo.
Travis se quitó su chaqueta colocándola encima de mis hombros. No me di
cuenta hasta ese momento que estaba temblando.
—¿Sabes que necesitamos? — preguntó Travis, besando mi mejilla —.
Necesitamos seguir adelante. No voy a pasar mi vida cuidando mi hombro,
Abby. No quiero que tú lo hagas tampoco. Voy a aplicar a ese trabajo la
próxima semana, y tú vas a comenzar con las tutorías. Ellos terminaran
con las investigaciones y todo se terminara.
Asentí, despidiéndome de América cuando Travis abrió la puerta del
pasajero. Me metí, un poco molesta porque seguía temblando. No tenía
frio —estaba nerviosa. Joel y Ricky habían venido a provocar una pelea con
Travis. Yo necesitaba saber porqué.
Travis se quedó parado a la par de mi puerta encendiendo un cigarro,
manteniendo su otra mano pegada al vidrio. Presioné mi palma en contra
la de él y él me giño un ojo, soplando el humo de sus pulmones. Dio un par
de jalones más y luego lo tiró las cenizas a la acera, apagando el resto con
su bota y luego guardando la colilla en su bolsillo. Rodeó el auto por la
parte trasera, Joel y Ricky aparecieron delante de mi vista. Estaban
parados a lo lejos en las sombras en el estacionamiento, viendo el Camary.
Ricky y yo cruzamos miradas, él se lo mencionó a Joel sin apartar la vista
de mí. Bajé mi barbilla y levanté la mano, enseñándole visiblemente mi
dedo de en medio.
Travis abrió la puerta y yo guardé mi “vete a la mierda”, sonriéndole a él
mientras encendía el auto, luego puso su mano en mi rodilla saliendo a la
carretera. El hombre se escondió en las sombras, fuera de la vista de
Travis, pero yo sabía que estaban ahí.
—¿Todo estè bien, bebé? —dijo Travis —Lo siento. Sé que estabas
esperando la salida de esta noche.
—No estoy enojada —dije, dejando que la desconfianza y la preocupación
desaparecieran de mi rostro al tiempo que volteaba para ver a mi esposo
—. Estoy bien. De verdad.
—¿Aún crees que esos chicos son novatos del FBI o algo así? —Bromeó.
El cumpleaños de Travis es en unos días, y se que estaba tentado a
entregarse. Había un montón de razones para mentir. Miré por la ventana
al espejo lateral, viendo que un par de faros estaban colgando hacia atrás
casi una milla detrás de nosotros.
—No, no creo que sean cualquiera. Falsa alarma.
Travis dió unos golpecitos a mi rodilla y manejó al apartamento, sonriendo
como si nada hubiera cambiado —y yo sonreí con él.


Gracias por leer Maravillosa Eternidad. Asegurense de leer el siguiente
capítulo y celebrar el cumpleaños de Travis. No olviden votar

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