Paso a Paso: Bilogía Blacklist by Sylvia Day

the-blacklist-series

Recientemente salió a la venta el desenlace de la Serie Crossfire “Somos Uno”, donde Sylvia nos regaló un extracto (1er capítulo) de “Tan Cerca” primer libro que compone su nueva próxima (2017) bilogía BLACKLIST.

Lo que me llamó mucho la atención de esta nueva historia y me gusto es que será narrada por terceras personas (quienes rodean al protagonista) no por el autor o los protagonistas mismos. Lo cual me encanto!!!… y espero con muchas ansias, como sabrán soy fan de sus novelas.

Crossfire Somos Uno: NOTA DE LA AUTORA

Queridos amigos:

Siempre resulta difícil despedirse al final de un viaje, separarse de compañeros a los que has llegado a querer. Decir adiós a Gideon y a Eva es agridulce. He pasado muchos años con ellos y les he dedicado cientos de miles de palabras —¡Somos uno es la novela más larga que he escrito a lo largo de una trayectoria profesional de doce años!—, y ahora que Crossfire se termina, sé que Eva y Gideon pueden seguir adelante con sus vidas por sí solos. La ayuda que hayan necesitado por mi parte ya no les hace falta.
Ahora ha llegado el momento de presentaros a Kane Black, cuyo absorbente y devorador amor por Lily me ha conmovido de forma excepcional. Al contrario que las novelas de Crossfire, que se desarrollan a lo largo de unos cuantos meses, la serie Blacklist sigue la historia de Kane y Lily durante varios años. El Kane que se enamora al principio de Lily no es el hombre que se esfuerza por recuperarla, pero me gustan por igual su versión más joven y la más madura. Sé que a vosotros también os gustarán. Disfrutad de Kane en las siguientes páginas. Su historia no ha hecho más que empezar.

Con cariño,

SYLVIA

Tan cerca

Tan Cerca es el primer libro de una entregada bilogía planeada con intensidad emocional de la marca de Sylvia Day, abrasadora sensualidad y poderosa narración.

Lily despierta algo que Kane pensó era demasiado cínico para sentir. La suya es una relación volátil y erótica que se vuelve aún más cuando ella descubre un secreto que sacarla de la vida de Kane para siempre. ¿verdad? El destino pone a Lily de nuevo en el camino de Kane… aunque sus fortunas se han revertido drásticamente.

2017

temp

Lea un extracto

Tan cerca
BLACKLIST I
Sylvia Day
© Sylvia Day, LLC, 2016

1
En el momento en que la elegante morena entra por la puerta, sé que mi jefe la va a
seducir. Ha llegado del brazo de otro hombre, pero eso no importa. Sucumbirá. A todas
les pasa.
El parecido de esa mujer con las fotografías que el señor Black guarda como un
tesoro es inconfundible. Es completamente su tipo: cabello luminoso y moreno, ojos
azul brillante, piel pálida y labios rojos.
Los saludo a los dos con un ligero movimiento de cabeza.
—Buenas noches. ¿Me dan sus abrigos?
El caballero la ayuda mientras yo lanzo una mirada hacia la sala de estar para
asegurarme de que los camareros están presentes pero actúan con discreción, sirviendo
canapés y bebidas mientras retiran los vasos y los platos vacíos.
Manhattan se extiende como una manta de luces centelleantes al otro lado de los
grandes ventanales del ático. La fiesta es un banquete de etiqueta para celebrar el
nacimiento de una nueva empresa, cosa que el señor Black hace a menudo, rodeándose
de gente, como si eso compensara la vida de la que carece en su interior.
Su casa es un exceso de cristal, acero y piel, sin color ni calidez algunos. Aun así,
resulta un espacio cómodo, si no acogedor, lleno de objetos enormes cuidadosamente
colocados para que la estancia siga siendo abierta y espaciosa. El escaparate ideal para
la agitadora tormenta de energía que mi jefe desprende.
Me pregunto si su preferencia por los blancos y los negros es un reflejo de su visión
del mundo. Incoloro. Sin vida.
Busco por un momento al señor Black y observo su reacción ante la recién llegada.
Veo lo que me esperaba: una repentina quietud en su energía cuando la ve y la
contempla con ojos ávidos. Mientras la observa, su mandíbula se tensa. Los síntomas
son sutiles, pero noto su horrible decepción y la consecuente oleada de rabia.
Esperaba que hubiera sido ella, Lily, la mujer cuya imagen adorna todas sus
habitaciones más privadas.
Yo no conocí a Lily; desapareció de su vida antes de que contratara mis servicios.
Sé su nombre solamente porque lo pronunció una vez, durante una noche en la que bebió
mucho y se volvió medio loco. Y conozco la fascinación que ella le causaba. La siento
cuando miro la enorme fotografía que cuelga encima de su cama.

Sus imágenes son los únicos puntos de color de toda la casa, pero no es eso lo que
las hace tan llamativas. Son sus ojos, y la absoluta confianza y el feroz deseo que uno
ve en ellos.
Quienquiera que fuera Lily, amó a Kane Black con toda su alma.
—Gracias —dice la morena cuando su acompañante me da su abrigo. Me habla a
mí, pero el señor Black ya ha captado su atención y lo está mirando. Es imposible no
fijarse en él, pues es una oscura tempestad que sólo podría ser contenida por una
notable fuerza de voluntad.
Últimamente se le conoce como el soltero de oro de Manhattan, pues el anterior
merecedor de tal título acaba de anunciar en la televisión del país que se ha casado. El
señor Black no tiene aún los treinta años y es ya lo suficientemente rico como para
permitirse contar conmigo, un factótum perteneciente a una séptima generación de
impecable estirpe británica. Es un hombre joven y carismático, de esos por los que las
mujeres se sienten atraídas sin hacer caso alguno a su instinto de supervivencia. Mi hija
me dice que está bendecido por una belleza masculina poco común y por algo que ella
asegura que es aún más cautivador: un puro magnetismo animal. Dice también que su
inaccesibilidad lo hace completamente irresistible.
Sin embargo, me temo que se trata de algo más que una pose. Dejando a un lado sus
muchas relaciones sexuales, el señor Black hace honor a su oscuro apellido.
Entregó su corazón a Lily y lo perdió en el momento en que la perdió a ella. Ahora,
lo único que queda es el armazón de un hombre al que quiero como si fuese mi propio
hijo.
—¿La has acompañado a la puerta?
El señor Black entra en la cocina a la mañana siguiente, vestido con un inmaculado
traje hecho a medida y una corbata perfectamente anudada. No usaba ninguna de esas
prendas de vestir antes de que me contratara. Yo lo adiestré en el bello arte de la ropa
de caballero confeccionada a medida y él asimiló toda esa información con un ansia de
conocimiento que supe que era insaciable.
Juzgando por las apariencias, apenas se podía ver al joven inculto que me había
contratado. Se había transformado, tarea a la que se dedicó con una decidida fiereza.
Me vuelvo y dejo su desayuno sobre la isla de la cocina, perfectamente dispuesto
entre la cubertería de plata que ya he colocado. Huevos, beicon, fruta fresca…, sus
alimentos básicos.

—Sí, la señorita Ferrari se ha ido mientras usted estaba en la ducha.
Me mira enarcando una ceja.
—¿Ferrari? ¿En serio?
No me sorprende que no le haya preguntado su nombre. Sólo me entristece. No le
importa quiénes son. Sólo que se parecen a Lily.
Extiende la mano hacia el café que le pongo delante, con la mente visiblemente
concentrada en su plan de ataque para ese día después de que su última amante haya
desaparecido para siempre de sus pensamientos. Rara vez duerme y trabaja demasiado.
Tiene unos surcos profundos a ambos lados de su boca que no son propios de un
hombre tan joven. Lo he visto sonreír e incluso he oído su risa, pero esa diversión
nunca aparece en sus ojos.
Una vez le dije que debía intentar disfrutar de todo lo que ha conseguido. Él me
respondió que disfrutaría más de la vida cuando estuviese muerto.
—Hiciste un estupendo trabajo con la fiesta de anoche, Witte —dice de forma
bastante distraída—. Como haces siempre. —Su boca se curva con una media sonrisa
—. Pero, aun así, nunca está de más decirte que te lo agradezco, ¿verdad?
—No, señor Black. Gracias.
Le dejo comer y leer el periódico del día mientras me dirijo por el pasillo hacia la
zona privada de la residencia que no comparte con nadie. La enigmática y bella
señorita Ferrari ha pasado la noche en el extremo opuesto del ático, un espacio que no
cuenta con el espectro visual de Lily.
Me detengo en la puerta de la suite principal y noto la humedad que aún queda tras
la reciente ducha. Mis ojos se ven atraídos hacia el enorme lienzo que cuelga de la
pared que tengo justo delante. Se trata de una imagen íntima. Lily está tumbada sobre
una cama deshecha, sus esbeltas piernas están enredadas en una sábana blanca y su pelo
largo y negro se extiende por una almohada arrugada. Su deseo sensual es de una
intensidad evidente, con los labios enrojecidos e hinchados tras los besos, un rubor en
sus pálidas mejillas y sus adorables ojos entornados con una expresión de deseo.
¿Cómo murió? ¿En un trágico accidente? ¿Por una cruel enfermedad?
Era muy joven, apenas una mujer. Ojalá hubiese conocido a mi jefe cuando estaba
con ella. Menuda fuerza de la naturaleza debía de haber sido entonces.
No puedo evitar estar apenado. Es una lástima que dos llamas tan luminosas se
apaguen antes de llegar a la plenitud de la vida.

Cuando me incorporo al tráfico con el Range Rover, oigo al señor Black dando órdenes
por el móvil. Apenas son las ocho de la mañana y ya está imbuido en la gestión de los
distintos brazos de su creciente conglomerado de empresas.
Manhattan rebosa de vida a nuestro alrededor, el desbordante río de coches fluye en
todas direcciones. En algunos lugares se amontonan bolsas de basura de un metro de
alto sobre las aceras esperando a que se las lleven. Cuando llegué a Nueva York por
primera vez me desconcertó esa visión, pero ahora forma parte del entorno.
He llegado a disfrutar de la ciudad en la que ahora vivo, tan distinta de los
ondulantes valles verdes de mi país. No hay nada que no se pueda encontrar en esta
pequeña isla, y la energía de la gente…, su diversidad y complejidad… no tienen rival.
Dirijo la mirada una y otra vez desde el tráfico hacia los peatones. Por delante de
nosotros, la calle de sentido único está cortada por un camión de reparto. En la acera
de la izquierda, un hombre con barba maneja con destreza media docena de correas
mientras lleva a un grupo de excitados perros en su paseo matutino. En el lado derecho,
una madre con atuendo deportivo empuja un carrito por delante de ella en dirección al
parque. El sol brilla, pero los rascacielos y los árboles llenos de hojas ensombrecen la
calle. Empiezan a oírse fuertes sonidos de claxon a medida que el parón del tráfico se
alarga.
El señor Black continúa con sus conversaciones de trabajo con tranquilidad y
seguridad, con voz calmada y firme. Los coches comienzan a avanzar y, a continuación,
ganan velocidad. Nos dirigimos hacia el sur de la ciudad. Durante breves momentos,
somos bendecidos por varios semáforos en verde. Después, nuestra suerte se agota y
me detengo ante otro en rojo.
Una riada de personas caminan rápidamente por delante de nosotros, la mayoría con
la cabeza agachada y unos cuantos con auriculares, que supongo que les proporcionan
un respiro de los ruidos de la ajetreada metrópoli. Miro la hora para asegurarme de que
seguimos cumpliendo el horario previsto.
Un repentino sonido de dolor me hiela la sangre. Se trata de un gemido entrecortado
que apenas parece humano. Giro la cabeza de inmediato y miro alarmado hacia el
asiento de atrás.
El señor Black está inmóvil y en silencio, sus ojos oscuros como el carbón, su piel
bronceada carente de todo color. Dirige la mirada hacia los peatones que cruzan. Yo
también miro en esa dirección para ver qué sucede.
Una chica morena y delgada se aleja corriendo de nosotros antes de que se cierre el
semáforo. Lleva el pelo corto a la altura de la nuca y más largo por los lados, alrededor

de las mejillas. No es en absoluto la exuberante melena de Lily. Pero cuando se vuelve
y sigue por la acera, creo que sí puede ser su rostro.
La puerta de atrás se abre de pronto. El señor Black sale dando un salto a la vez que
el semáforo cambia a verde. El taxista que está detrás de nosotros hace sonar su claxon,
pero yo oigo el grito de mi jefe por encima de él.
—¡Lily!
Ella mira hacia nosotros. Tropieza. Se queda inmóvil.
Su rostro palidece, lo mismo que el del señor Black. Veo que mueve sus labios a la
vez que pronuncia el nombre: «Kane».
Sí, todo el mundo conoce el atractivo rostro de él y lo que ha conseguido, pero la
sorpresa al reconocerlo es íntima e inconfundible. Lo mismo que la añoranza que no
puede ocultar.
Es ella.
El señor Black mira hacia el tráfico y, a continuación, se lanza entre los coches en
movimiento y está a punto de provocar un accidente. El aluvión de pitidos se vuelve
ensordecedor.
El penetrante sonido la sobresalta visiblemente. Echa a correr abriéndose paso por
la abarrotada acera con evidente pánico, su vestido verde esmeralda convertido en un
rayo de luz entre la multitud.
Y el señor Black, un hombre que siempre consigue lo que quiere, va tras ella.

Via: sylviaday.com

Anuncios

5 Comments

  1. ¡Estoy impaciente por que caiga en mis manos!!! ¿Cuando sale el libro 1?? Porque has dicho que es bilogía, ¿verdad?

    Gracias de antemano por la información.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s