Capitulo 10: Retorcido

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:::Travis:::

Gire mi anillo de bodas alrededor de mi dedo viendo el gimnasio Iron E desde el estacionamiento. La primavera estaba haciendo su aparición, las nubes seguían orinando todo mi automóvil, las gotas revotando en el pavimento en cien mil pequeñas salpicaduras. Apague el auto, agarre el timón, presionando mi cabeza en el reposacabezas.

La plaza Perkins estaba rodeada de boutiques, una tienda de equipo para golf, un pequeño supermercado, un salón para uñas, una venta de café, y en el centro, el gimnasio Iron E. El grosor de las nubes grises hacía fácil ver a la gente caminando dentro bajo la luz fluorescente. Estaban haciendo levantamientos, mirando, o corriendo en una de las quince cintas de correr. Brandon estaba detrás del escritorio, coqueteando con la recepcionista.

Apreté los dientes.

Eakins tiene varios lugares de trabajo con horarios flexibles para universitarios, el problema era que estamos en abril, y la mayoría de los trabajos que aún estaban disponibles estaban hechos para sostener un fin de semana de fiesta, no un matrimonio. Había revisado los clasificados. Tres docenas de personas sostuvieron mi papelería y me dijeron que regresara a fin de año para la época de navidad, o que ya habían contratado a varios universitarios y no necesitaban otro. Los trabajos en el campus pagaban nueve dólares o menos la hora –nada que ayudara a pagar la renta y las cuentas con las horas que podía hacer entre clases.

Trabajar para Brandon y dejar que las cougars  coquetearan conmigo al tiempo que pretendían ejercitarse era lo último que quería hacer, pero las cuentas debían pagarse de algún modo. Abby estaba en su segunda semana de tutorias, pero apenas si cubría los gastos de los comestibles y gasolina.

Tomé una respiración profunda, saqué las llaves del encendido, y golpee la puerta detrás de mí, sintiendo la lluvia reunida a mis pies. Toqué la puerta de vidrio y espere. Había una caja con código afuera, cada cliente tenía su pin de cuatro dígitos. Fue hace mucho que yo podía entrar con el mío. Un hombre cuyo cuello era el doble de tamaño que su cabeza, bajó su barra de peso y, con la típica actitud de levantador de pesas “levantando el trasero y agitando los brazos”, abrió la puerta saludándome con un movimiento de cabeza.

―Brandon ―llamo la cabeza de carne con una voz brusca.

Brandon estaba medio acariciando con la boca y la nariz el oído de la recepcionista cuando levantó la vista. Una gran sonrisa apareció en su rostro.

―¡Maddox! ―exclamo, extendiendo sus brazos ―¿Qué putas? ¿Qué te tomó tanto tiempo? ―, me tomó la mano derecha en un apretón de manos, atrayéndome a él, atrapando su hombro con el mío, pegándome en la espalda con su mano libre. Ese idiota siempre hace el saludo de hermanos ―¿Vas a llenar formulario o qué?

Asentí.

Brandon se dio la vuelta, en dirección a la recepcionista tronando los dedos.

―Una aplicación, Steph, ahora.

Steph se dio la vuelta dándonos la espalda, abriendo un gabinete de presentación y hojeando cada archivo.

Brandon me cogió por el hombro, riendo y asintiendo en dirección del trasero de Steph como si fuera un niño de doce años. No sonreí, ni fruncí el ceño; solo me concentre en parecer indiferente.

Steph encontró lo que estaba buscando, troto a donde estaba Brandon con una pluma y un papel en la mano.

―Lo encontré ―dijo esperando por un premio de parte de su jefe.

―Eres increíble ―respondió ―¿No es increíble?

Sí, estar cogiéndose a un hombre casado con esposa embarazada era un logro admirable.

―Sí ―respondí, limpiando mi garganta ―. La presentación es dura.

Steph subió su barbilla asintiendo de forma dramática, apreciando que entendiera la situación.

―¿Quieres llenar eso en mi oficina? ―preguntó Brandon.

―¿Tienes una oficina? ―dije, solo bromeando un poco.

Brandon saco el pecho.

―Por este lado, Steph ―chasqueo los dedos otra vez ―. Agua.

Ella asintió, corriendo para ir a servirnos agua.

Como predije, las paredes estaban cubiertas de posters con rasgados, semidesnudas modelos de fitness. Estaba pensando si sentarme en la silla opuesta de su escritorio, seguro se había sacudido en ella todas las noches. Una esquina de mi labio se levantó, recordando a Abby y el similar desagrado que tenía por mi antiguo sofá la primera vez que visito mi apartamento. Había pasado mucho, mucho tiempo de esa noche.

Steph entro con dos vasos, asintiendo cuando le agradecí. Mantuvo su mirada en Brandon mientras gritaba para salir, como si el no supiera que moría por estar acostada en este escritorio. Otra vez.

―Casado ―dijo Brandon, moviendo su cabeza, mirando el trasero de Steph hasta que cerró la puerta detrás de ella.

Me senté colocando la aplicación en el escritorio, presionando el final del lapicero con mi pulgar, llenando la información lo más rápido posible.

―¿Qué te hizo hacer eso? ―preguntó ―. Debe de estar muy buena.

―¿Hace cuánto que eres dueño de este lugar? ―pregunté sin ver arriba. No quería tener que pegarle a Brandon en la boca por hablar de mi esposa, así que decidí cambiar de tema.

―Cuatro años ―dijo ―tres años con Joan ―su silla sonó cuando se hizo para atrás y puso sus manos detrás de su cabeza―. Ella lo firmo en el divorcio.

―Oh, sí. Se me había olvidado. Lo heredaste.

―Los niños heredan cosas de sus padres, Maddox. Joan abrió este lugar con su ex esposo, luego me la cogí hasta sacarle los sesos y me dio todo lo que quería. Este lugar era un hoyo de mierda ―para viejos costales y gordos. Me case con esa geriátrica, hice este lugar lo que es ahora. Ahora es mío. Traigo el triple de lo que Joan alguna vez hizo.

Escribí la poca legítima experiencia laboral que tenía y luego firme con mi nombre, deslizando el papel en su dirección. Luego Brandon divago acerca de la historia del gimnasio, aún tenía que lidiar con Joan, y lo enojada que estaba que dejara a una de sus novias embarazada. Ahora Jaci era su esposa, Brandon le hizo ―a los siete meses de embarazo― un trato con Joan por lo que no tenía que hacerlo.

Él era ―un pedazo de mierda― y ahora era mi jefe.

Agarré el brazo de mi silla y escuche, tratando de pensar en Abby, la boda, nuestra vida justos, recordándome que estar en la misma habitación que Brandon todos los días valdría la pena. Observe mi reloj, sintiéndome exhausto de resistirme a la urgencia de sacarle la lengua de su maldita boca. Brandon había descrito lo increíble que era en casi dos horas.

Steph tocó la puerta y dio un vistazo adentro.

―Ya cerré. Me iré a casa ahora.

Brandon la despidió con la mano.

―Llevare a Travis a tomar un par de tragos.

―Suena divertido ―respondió Steph con una mirada esperanzadora.

Me puse de pie.

―Odio cortar esto, hermano, pero tengo que ir a casa.

―Oh cierto ―dijo Brandon, con una línea de condescendencia en la voz ―. La vida de casado. ¿Cuándo puedes empezar? No tardaras mucho en formar clientela.

―La otra semana ―respondí ―. Lunes.

Brandon se paró tendiéndome la mano. La tomé, sintiendo como si acabara de vender mi alma a Satán.

―Empezare contigo con las Betties ―dijo.

―¿Las quién?

―Betty Rogan y Betty Lindor. Huelen a bolas de naftalina y tienen más arrugas que un elefante hambriento, pero pagan el doble para entrenar juntas solo con hombres. Te aman. Empezando con dinero decente y sabio también. Te pedirán que comas con ellas en tu primer día. Ve con ellas. Te pagaran la renta de mayo. Aquí ―dijo, sosteniendo un folleto y otro pequeño pedazo de papel ―Esto es nuestro manual de políticas y el contrato. El manual habla acerca de tu paga y comisiones. No me digas acerca de tus propinas. No quiero saber cuánto te dan o como te las ganas. Es el gaje de trabajar en el Iron E.

Con que así es como consigue que los empleados se queden. Es un maldito Pimp.

―Gracias ―enrollando el papel y metiéndolo en mi mochila ―. Te veo el lunes.

Pase juntó a Steph, caminando a través del gimnasio vacío, empujando la puerta de vidrio. El cielo estaba oscuro, y las pequeñas lagunas del aparcamiento reflejaban las luces altas que iluminaban la plaza. El Camary estaba estacionado en medio de una de las lagunas.

―Mierda ―dije respirando fuerte, saqué las llaves de mi bolsillo. Busqué mi teléfono en el otro bolsillo, y mire la pantalla. Tenía once llamadas perdidas ― ¡Mierda! ―gruñí, marcando y sosteniendo el teléfono en mi oído.

―¿Travis? ―la voz de Abby sonaba llena de pánico.

―Lo siento, Pidge. Brandon habla demasiado y no podía encontrar el momento correcto para decirle que cerrara la…

―Trenton estuvo en un accidente de tránsito ―dejo escapar.

―¿Otro? ―pregunté sorprendido ―¿Está bien?

―Los golpeo un conductor ebrio. Están en el hospital. Thomas está en un vuelo a casa.

―Entonces tiene que estar mal ―respondí.

―Está en mal estado, Cami está peor.

―Voy a casa. Voy a casa ahora.

―Okay. Solo ten cuidado. No manejes demasiado rápido en la lluvia.

―Tendré cuidado. Te veo en unos segundos. Te amo.

Presione el botón rojo, corriendo al Camary. Mis manos temblaban mientras encendía el automóvil.

―Mierda, Trent ―dije corriendo a casa.

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