Babi y Yo Cap 7.

Regresamos a casa y todavía estamos acalorados por el sol que hemos tomado, y
Babi se apoya en mí y se queda dormida durante el trayecto. Y aminoro la
marcha, porque no quiero que baje de mi moto, sino que se quede más conmigo.
La miro en el retrovisor mientras conduzco, tiene los ojos cerrados, las mejillas
ligeramente sonrosadas, el pelo se le mueve ligero, baila fuera del casco,
acariciado por el viento. Entonces ella, casi como si se hubiera dado cuenta, como
una niña espiada, de repente abre los ojos. Y lo hace lentamente, y ese azul llena
el espejo y ella me sonríe, y luego, con una sonrisa, vuelve a cerrar los ojos. Todo
está bien, todo está tranquilo, y sigue durmiendo serena, segura. Confía en mí, y
eso me gusta. Entonces reduzco las marchas, siento que se abraza un poco más
fuerte a mí y doy gas, dirigiéndome a más velocidad hacia su casa.
Cuando nos detenemos, ya está terminando la tarde.
—Hemos llegado. —Pero no lo pregunta, como si de repente hubiera tomado
conciencia. Y baja, descabalgando del asiento, como le he enseñado, y lo hace
perfectamente y me dan ganas de sonreír; ni siquiera golpea el maletero con el
zapato, como siempre ocurría al principio.
—¿Te apetece un té? Nos lo tomamos en el bar… —Señalo un sitio poco alejado
de su portal.
—No, es tarde —me sonríe—, me gustaría…
Entonces la atraigo hacia mí, vuelvo a besarla, tengo ganas. Y ella durante un
momento se deja llevar, tranquila, pero a continuación se aparta.
—Venga, estamos debajo de mi casa. Fiore, el portero, no está, pero podría venir
mi madre…
—¡Pero ya debe de haberse hecho a la idea!
Y me sonríe, levanta una ceja, como diciendo: «¿Quién?, ¿mi madre? Entonces es
que no la conoces. No lo has entendido, no se rendirá nunca…». Y me viene a la
cabeza la mirada de su madre cada vez que ve a Babi irse conmigo…
—¿Ni siquiera si un día volvemos aquí como marido y mujer?
La provoco y la miro durante un rato, en silencio. Luego sonrío, muevo la cabeza
hacia adelante como diciendo «Bueno, tampoco estaría tan mal, sí, podría ser…».
Y, como si lo hubiera entendido perfectamente y no estuviera mínimamente de
acuerdo con esa idea, Babi me asesta un puñetazo en el estómago que no me
espero.
—¡Ay!
—¡Idiota! ¡Con estas cosas no se bromea, ya te lo he dicho, es la segunda vez que
lo haces! —Y me da otro y, esta vez, me hace daño en serio.
—¡Ay, pero si no estoy bromeando!
—¡¿Sigues?! ¡Entonces es que no te ha quedado claro!
Y continúa golpeándome durante un rato, y al final, como si se hubiera cansado o
quisiera realmente acabar conmigo, me da un último puñetazo en la espalda.
—¡Ay!
Y se marcha así, por la cuesta, en dirección al portal, subiendo a casa. Y no se
vuelve, así que hago sonar dos veces el claxon de la moto, pero ella nada, sigue
caminando. Entonces yo pego el pulgar al claxon, y me hace gracia, y sigo
tocándolo en el intento de que se dé la vuelta, para que se pare un instante, para
que se enfade y sonría, o para que vuelva atrás. Pero ella nada. Levanta la mano
sin volverse, de espaldas, y luego, además, levanta el dedo corazón, poniéndolo
recto, enviándome a freír espárragos. De modo que le escribo rápidamente un
mensaje: «¡Mira que eres vulgar!».
Me responde inmediatamente: «Muchísimo. —Y añade—: ¡Y ni te cuento en la
cama!»
Y yo sonrío, pero sólo un instante, porque con su última broma me ensombrezco,
me quedo serio, silencioso, y cierro los ojos. Y de repente me viene, como una ola
gigantesca, un alud, un tsunami emocional, la imagen de Babi con un hombre
cualquiera, y luego otro, y otro más, y ella se ríe, sonríe, y parece gozar con todo
eso y por el hecho de que yo la esté mirando. Y creo enloquecer y cierro los ojos
y me hundo en ese dolor inmenso, de que ella pueda ser de otro, de ella entre
otros brazos, de ella con otros labios, de ella con otro… Todo.

Y de que ese tiempo ya no sea mío. Casi me quedo sin aliento y busco
desesperadamente recuperar el control, el equilibrio. Finjo que soy completamente indiferente a mi corazón alborotado, a esas emociones
tormentosas, a ese fuego de imprevistos, celos injustificados que lo están
calcinando todo.
Pero no soy un loco, no soy un estúpido visionario, un iluso atormentado. No. Soy
un hombre que ha cometido un error. Que ha violado una regla.
Cuando Babi estaba en la mesa tras haber comido los mejillones de los entrantes,
prefirió ir al baño a lavarse las manos en vez de usar las toallitas que nos había
traído Osvaldo. Sí, descubrí su nombre cuando se despidió de nosotros diciendo
que no nos preocupáramos, que no teníamos que pagar nada.
—Entonces ¿tenemos que darle las gracias a Pollo? No me lo puedo creer.
Y Osvaldo cerró los ojos y sacudió la cabeza como diciendo «Os equivocáis», y
luego nos echó moviendo las manos hacia afuera, con las palmas vueltas hacia
adentro.
—¡Me llamo Osvaldo y estoy contento de haberos tenido aquí, en mi casa! Pero
ahora marchaos, tengo que cerrar, ni siquiera tenía permiso…
Y no está claro si se refiere a ese día o en general. En cualquier caso, huimos
todavía borrachos de ese buen vino y de esa hermosa jornada de mar y de amor.
Perfecto…, si no hubiera sido por mi error.
Cuando Babi fue al baño, me serví una copa de vino, estaba relajado, tranquilo,
todavía con el sabor de esos excelentes entrantes en la boca. Entonces, de
repente, lo vi. Estaba allí, delante de mí, y aunque parezca mentira un rayo de sol
lo hizo brillar, haciéndolo todavía más especial, misterioso. Su móvil. De modo
que hice el cambio, dejé la botella y lo cogí. Y me quedé quieto con el móvil en la
mano, sopesándolo, como si en serio quisiera comprobar su peso, lo que podría
significar para nuestra historia o, mejor dicho, lo que podría encontrar en él. Y en
ese momento me pregunté: «Pero ¿quiero saberlo? ¿En serio quiero saberlo?
Sería estupendo no encontrar nada. Pero ¿y si, por el contrario, encontrara algo?».
Y la decisión se hace difícil.
Miro hacia el baño, luego el móvil, después otra vez al baño. Me queda poco
tiempo para decidirme.
¿De verdad quiero saberlo? Es como una partida de póquer, ¿quiero llegar a ese
punto? Y al mismo tiempo podría significar perderlo todo… ¿O prefiero seguir
con la duda? Entonces, ya no puedo más y tomo una decisión.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s