San Valentín Outtake – William & Raven

William, Príncipe de Florencia

Conocí a Raven en mayo y poco después, ella capturó mi corazón. Nuestro futuro era incierto, amenazado por enemigos tanto dentro como fuera de la ciudad de Florencia, donde soy Príncipe. Por estas razones, decidí vivir cada momento con ella al máximo. No esperaría hasta febrero para una gran muestra de mi afecto.

Raven entró en nuestra habitación al final de un largo día de trabajo en la Galería de los Uffizi. Noté que estaba apoyada pesadamente en su bastón, lo que significaba que estaba cansada. Sin duda su pierna discapacitada le estaba causando dolor.

-Bienvenido.- Me incliné, hablando en Inglés, porque ella había tomado un brillo a mi acento oxoniense.

Ella sonrió, como la salida del sol. Luego se detuvo, notando los cambios que había hecho.

Había colocado una silla de respaldo alto al pie de nuestra cama, como un trono. Antes de eso, había colocado una cubeta de plata con agua humeante, un montón de toallas limpias y algunas otras pertenencias.

Ella cojeó hacia mí, curiosa. -¿Qué es esto?

-Una sorpresa. Ven. – Me incliné y la besé firmemente en la boca – un saludo. Dejé su bastón a un lado y la escolté hasta el trono. Una vez sentada, saqué un taburete bajo y me senté a sus pies.

-No entiendo.- Ella alisó su cabello negro detrás de sus orejas y fijó sus ojos verdes en mí.

Ya me había perdido en sus profundidades. Los ojos de Raven reflejaban su alma y siempre estaban llenos de sentimiento, valor y compasión. Si hubiera tenido aliento, me la habría robado.

-Esto es un regalo.- Coloqué mi mano en su rodilla, deslizando un pulgar bajo el dobladillo de su vestido. Ella se estremeció en reacción, porque mi piel de vampiro estaba fresca.

-Relájate,- susurré.

Coloqué una toalla sobre mi regazo y levanté uno de sus pies, desarmando cuidadosamente su zapato y quitándolo. Repetí el mismo procedimiento con su otro pie, permitiéndome el lujo de tocar su piel, arrastrando la parte de atrás de su pantorrilla.

Ella suspiro, una mirada confusa en su cara.

Reprimí una sonrisa.

Puse sus pies en el recipiente de plata, que estaba lleno de agua tibia y jabón. El perfume de las rosas se alzó.

-¿Demasiado caliente?- Mis ojos buscaron los suyos. Como todos los vampiros, tuve dificultad para detectar la temperatura.

Ella sacudió su cabeza. -Es perfecto.

Se inclinó hacia delante y apoyó una mano en mi hombro. -¿Estoy sucia?

Parpadeé -¿No conoces la historia de María Magdalena? ¿Lavando los pies de Jesús con sus lágrimas? ¿Secando sus pies con sus cabellos?

Se sentó de nuevo. -¿Eso es lo que es esto?

-Mi cabello no es lo suficientemente largo para secarte los pies.- Le guiñé un ojo y ella se rió.

Me gustó el sonido de su risa. Lo adoro.

-Me estás lavando los pies- comentó, con voz llena de asombro. -No soy una figura de Cristo, William.

-¿Cómo expresan los seres humanos el amor?

-Escriben poemas. Se besan. Tienen sexo. Ella sonrió a sabiendas.

-El amor y la lujuria pueden confundirse.

-Es verdad.

-Los pies que se lavan no se pueden confundir con lujuria.- Le apreté el tobillo.

Su corazón dio un vuelco.

Miré en la dirección de su corazón, escuchando el ritmo hasta que reanudó su ritmo normal.

Su pie derecho era parte de su discapacidad y se volvió desafortunadamente a un lado. Ahueque agua con la mano y la derrame sobre su pie, usando los dedos para suavizar la carne.

-Puedes verlo.- Ella hizo un gesto a su pierna.

-Sí.- Retiré sus pies de la cuenca y los apoye en mi regazo.

Nuestros ojos se encontraron y ella apartó la mirada.

Me tomé mi tiempo, frotando las toallas de algodón suavemente sobre su piel.

-No te importa, ¿verdad?- Sus ojos verdes se clavaron en su pierna lesionada.

-Me preocupa porque te preocupa.- Me incliné y presioné mis labios hasta la parte superior de su pie. -Pero debido a que es parte de ti, me abrazo a ella. Completamente.

Raven inhaló profundamente. Una pequeña gotita escapó de la esquina de su ojo, corriendo por su mejilla.

Me acerqué para secar la lágrima con mi manga.

Ella tomó mi mano y la besó, cerrando sus ojos y presionando mi palma a un lado de su cara.

La atraje en mis brazos y ella enterró su rostro en mi cuello. Sentí la humedad de sus ojos y me quedé quieto mientras tomaba su pelo largo y negro y secaba sus lágrimas de mi piel.

Ella me había dado muchos regalos en nuestro tiempo juntos, pero el regalo más grande era su amor.

-Gracias, Cassita,- susurré, presionándola contra mi corazón.

Via: Sylvain Reynard Newsletter

Archivo original: beautyandthebeastlybooks

Traducción: Book Lovers Always 

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