Kate & Sam: El Primer Encuentro (Mi Hombre 1.5) Jodi Ellen Malpas

Veo a mi amiga borracha ser llevada fuera de la barra por Jesse y sonrío de oreja a oreja.

-¿Por qué estás sonriendo?

Mi sonrisa se ensancha y me vuelvo para mirar al lindo compañero de Jesse, lo encuentro mirándome por encima de su botella de cerveza. Su cabello mousey es una masa de olas sobre su adorable cabeza y las mangas cortas de su camiseta están tensas en sus lamibles bíceps. Mi lengua sale de mi boca involuntaria y pinta un rastro húmedo a través de mi labio inferior mientras me imagino haciendo eso. Lamiéndolo. Por todas partes. -¿No puede una chica… reír?

Sus labios se curvan alrededor de la boca de su botella, desatando ese puto hoyuelo. Odio ese hoyuelo. Me desarma en un instante y crea un hormigueo divertido entre mis muslos que me dice más de lo que estoy dispuesta a reconocer. -No estabas riendo, Kate. Estabas sonriendo. Hay una diferencia.

-Y qué es eso?-, Le pregunto con ganas, inclinando el vaso a mis labios con indiferencia, como si no pudiera importar menos si él me responde o no. Molestamente, si me importa. Molestamente, quiero que continúe hablando en la madera llena de sexo. Molestamente… Quiero que me hable en ese tono en la cama. Cualquier cama. O contra una pared. Cualquier pared.

Él se acerca, apoyando su codo en la mesa de la barra, acercándose demasiado a mi espacio personal. Pero la intriga mezclada con un poco de lujuria bloquea la instrucción de alejarse. Él me está sosteniendo en su lugar con ojos centelleantes y esa sonrisa descarada – con hoyuelo y todo. -Una risa sugiere felicidad-, susurra en mi cara, acercándose hacia delante y quemando mi brazo desnudo con la punta de un dedo. Los pensamientos de lo que Samuel Kelt podría hacer con ese dedo hacen que mi estómago se tuerza. -Es agradable ver y fácil para el oído.

-¿Es así?- Todavía estoy sueno engreída en la voz, pero mi cuerpo está sonando y nervioso. Nervioso de lo que él podría reducirme, dada la oportunidad.

-Eso es- confirmá con confianza, -pero una sonrisa…- su dedo dibuja una línea ardiente de mi brazo a mi mano. Me tensa e inmediatamente me regaño por mi debilidad. -Una sonrisa sugiere pensamientos malvados y eso provoca una verga palpitante. De mi parte.

¡Maldito sea! Suspiro, haciéndole sonreír de nuevo. Su sonrisa es definitivamente malvada y no tengo un pene, pero todo lo demás está palpitante. Y él lo sabe. Bastardo. -Entonces te sugiero que vayas a casa y lo remedies.

Coloca su botella perfectamente sobre la mesa y gira un poco mientras estudia algo. Entonces sus ojos se alzan y aterrizan sobre mí con un estallido todopoderoso. Oh mierda. Puedo sentir que mi audacia es absorbida de mí. Ningún hombre me ha reducido a una mujer débil. Ningún hombre me ha hecho querer suplicar por el. Hasta ahora. Me obligo a permanecer en posición cuando él cierra la distancia, poniendo sus labios a poca distancia a lamer. -Los dos sabemos que eres tu quien va a remediar mi pequeño asunto-. Su mano se aferra a la mía y la coloca en su entrepierna. Es sólido. Está latiendo.

Mis ojos se ensanchan, él sonríe con esa sonrisa perversa, , y maldigo mi culo por lo general indiferente al infierno. Realmente quiero remediar su pequeño problema, pero estoy confundido de que también realmente no lo haré. Una manoseada debajo de las sábanas significará un juego más para mí. Tiempo para arriba. No más. Tengo las mercancías y me voy. Molesta, y muy extrañamente, echaré de menos esa sonrisa descarada si no lo vuelvo a ver. Quiero alargar esto, no bucear en la cama con él y dejar que sea, porque sin duda lo será. -No puedo hacerlo-, quito mi mano de su entrepierna y doy un paso atrás, dándole mi propia pequeña sonrisa. Espero que sea tan malvada como la suya, y espero que haga que su pene explote en sus vaqueros.

Mi insolencia es derrotada cuando él se niega a dejarme escapar, moviéndose de nuevo y acorralandome. -Escucha, Red. Voy a estar follando contigo esta noche y vas a estar rogándome por más.

Encuentro mi descaro perdido y me burlo en su cara, haciendo que sus cejas salten por la sorpresa. Me alimenta, y pongo mi cara cerca de la suya. -Escucha, no me llamas Red. Y nunca suplico-. Es inaudito. También nunca doy una repetición, sobre todo porque me asusta la mayoría de los hombres con mi esperma y la incesante necesidad de mantener todas las cartas – sobre todo en la cama. Sé lo que quiero y si él no me lo da, entonces no tengo reparos en decírselo. No es muy bueno para el ego de un hombre, me doy cuenta de eso, y este cerdo gallito tiene un ego masivo. Sin embargo, sigue sonriéndome. Es inquietante. -Nunca- refuerzo mi promesa elevado desafiante de mi barbilla, pero no estoy segura de si estoy tratando de convencerme a mí misma aquí, o al hombre molesto atractivo delante de mí. Nunca he querido tanto a un hombre, y eso es una confesión silenciosa para mí misma que nunca compartiré, especialmente con él.

-Mujer-, me respira en la cara, -te comerás esas palabras una vez que acabe contigo-. No me da la oportunidad de burlarme más. Él estrella su boca en la mía y literalmente se come mis palabras él mismo. Estoy pidiendo silenciosamente. -¿En la tuya o en la mía?

-Mía

El viaje en taxi a casa es tortuoso. Él guarda sus manos para sí mismo y mi tic a mi lado, mi cuerpo zumbando. Al segundo, la cabina para fuera de mi casa, está tirando una nota al conductor y estoy siendo arrastrada por el sendero del jardín, buscando a tientas en mi bolso por mis llaves. Trato de girar mi llave en la cerradura mientras sus labios están pegados a mi cuello, chupando y mordiendo, es una tarea casi imposible. Me rindo y me giro, mi deseo cruza la línea de la necesidad y en los reinos de la desesperación. Mendicidad será el próximo si no tengo cuidado. Localiza mi boca rápidamente, hundiendo su lengua con urgencia, sus manos en un frenesí de sensación por todo mi cuerpo. Estoy gimiendo. Está gimiendo. Dejo caer mi bolso y agarro su bíceps, clavando mis uñas en la carne dura. -Abre la maldita puerta antes de que te folle en la calle-, ruge, sujetándome a la madera con sus caderas.

-Llaves-, jadeo. -Puerta.

Su mano sube por un lado de mi cabeza y se agarra a mis llaves que están colgando de la cerradura donde las he abandonado. Oigo el cambio mecánico y estamos cayendo a través de la puerta principal, una maraña de miembros agitados y lenguas implacables. No me jodas, sabe delicioso. Mi frialdad me ha fallado, esta irritantemente linda en trampa a la causa, y no tengo intención de reubicarla. La pared está a mi espalda rápidamente, Sam cierra fuertemente al ras con mi frente, su dureza permaneciendo contenida pero haciendo todo tipo de cosas pecaminosas a mi mente y cuerpo ya. Estoy completamente consumida.

Él rompe nuestro beso y los pantalones en mi cara, un toque suave de un ceño fruncido retorciéndose camino en su frente. -Ya sé que volveremos a hacer esto otra vez, así que prepárate para suplicar.

-Ya te he dicho. Yo no suplico.- ¿Por qué estoy escogiendo darle de comer es un misterio? Estoy lista para suplicar aquí, ahora mismo, y ni siquiera estamos desnudos todavía. Pero entonces da un paso atrás y toma el dobladillo de su camiseta, un brillo de conocimiento en sus ojos mientras se la quita. Me quitan el aliento mientras mis encantados ojos vagan por las llanuras de su torso. Jodido infierno, él pone la perfección en vergüenza.

-¿Te gusta lo que ves?- Está sonriendo. Sería estúpido fingir casualidad ahora. No estoy ciega.

-Está bien,- Me encojo de hombros. No puedo evitarlo. Soy increíblemente estúpida.

En realidad se ríe de mí mientras se quita sus pantalones vaqueros, los patea a un lado, y luego sus boxers. Casi me ahogo. -¿Qué te parece ahora?

Toso todo mis palabras. -Sí, podría funcionar.

Su risa continúa mientras empiezo a sudar nerviosamente. En el conjunto de mis años individuales, nunca me había presentado con un hombre cortado a la perfección. Me excita y me asusta todo a la vez. Cada elemento de este tipo grita placer. -Quítate la ropa, Kate.- Ahora no se ríe. Su orden es afilada y dura. Yo sé que estoy en condiciones de rechazar, y lo que es más preocupante, yo no quiero. Pero lo necesito para reunir en mí misma, ganar un poco de mi esperma notoria hacia atrás. Me lo ha quitado y lo necesito, sobre todo si se trata de este tipo. Ganar algo de mi agallas de vuelta. Me las ha quitado y las necesito, especialmente si la lucha es contra este tipo.

Me giro y subo corriendo las escaleras. -Voy a usar el baño.- digo, escuchando el golpe instantáneo de pies descalzos en la persecución.

-Hey!

Mi ritmo se acelera y estoy cerrando la puerta del baño en estado de pánico, sólo logró la captura de una visión de una mirada de incredulidad en su rostro exasperadamente adorable. Pongo la cerradura y mi espalda cae contra la madera, mi cuerpo agitado por el esfuerzo y la inquietud. El sentimiento es extraño, y no me gusta.

-¡Abre la maldita puerta, mujer!

-Tardaré dos minutos- digo con una expresión de agitación en el espejo. Mis nervios son claros y están escritos en mi cara pálida. -Joder- murmuro, frotando mis mejillas, como si pudiera borrar la evidencia. Es inútil. No es sólo mi cara lo que me delata. Estoy temblando en mis talones, mis ojos están llenos de lujuria y mis pezones están dolorosamente apretados, empujo descaradamente a través del material de mi vestido. -¡Joder, joder, joder!

-Dos minutos-, confirma. -Entonces voy a tirar esta puerta.

Muevo mis ojos hacia la persistente presencia de su voz tranquila y muy rápidamente a la conclusión de que es cien por ciento serio. Mi tiempo está marcando, así que lanzó toda mi energía a establecer algunas respiraciones decentes y enfriar mi cara caliente.

-Un minuto- me informa, muevo los ojos hacia la puerta, con pánico, deshaciendo por completo lo que he conseguido en los últimos sesenta segundos, lo cual no era mucho. -Treinta segundos.

-¡Está bien!- estallo, mi cara recalentándose, pero ahora con irritación más que con disgusto de lujuria. Tiro de mi vestido, residiendo al hecho de que un año en este baño no me solucionaría, por no hablar de otros treinta segundos, y abro la puerta en un arrebato mordaz.

No está allí. Frunzo el ceño y saco mi cabeza por la puerta, mirando por el pasillo, y veo su espalda desnuda desaparecer en una habitación. El dormitorio de Ava. -Hey, sal de ahí!- Me apresuro, escuchándolo reír entre dientes, y llego al cuarto de Ava para encontrarlo hurgando en su cajón superior. -¡Sam!

Se vuelve, sonriendo, y sostiene un par de bragas de encaje. -Me gusta-, reflexiona, haciéndolos girar  en la punta de su dedo, su pura desnudez atrayendome vertiginosa. Es sólido y está apuntando hacia mí. No tiene vergüenza.

Frunzo el ceño y camino, agarrando el pedazo de material de encaje de su dedo. -Estos son de Ava, idiota! ¡Ésta es su habitación!- Señalo un dedo puntiagudo hacia la puerta -¡Fuera!

Él se ríe y se dirige a la puerta, su culo perfectamente apretado y flexionando al caminar casualmente hacia fuera. Mi ceño se profundiza, pero luego se transforma en curiosidad cuando su mano se extiende hacia un lado y pasa el umbral de la puerta y recoge algo de la unidad de Ava. Una bufanda. Él lanza una mirada traviesa por encima de su hombro, incitandome. No estará decepcionado. Pisoteo tras él, viendo la larga longitud del material que arrastra por el piso detrás de él, y justo cuando estoy alcanzando a agarrarlo, él se se balancea alrededor y me lanza la bufanda sobre la cabeza para que rodee mi cuello, usando los dos extremos como Palanca para tirar de mí hacia su cuerpo.

Jadeo, mis palmas vuelan hasta su pecho desnudo para evitar que mi frente se estrelle contra él. El calor de su pecho arde en mis palmas deliciosamente, haciéndome estremecer y arrancarlas. Tira la bufanda más fuerte, dejando que sea imposible mantener una distancia segura, y se pone a nariz con nariz conmigo, sus ojos centellean locamente, sus labios comestibles demasiado seductores para su propio bien. Estoy jodida. -¿Encontraste tu resistencia en el baño?-, Pregunta, su voz llena de humor.

-Sí,- miento a través de mis dientes. Mi resistencia se fue por el orificio del tapón, junto con mi descaro y la confianza.

-Claro,- susurra, empezando a dar un paso atrás, sin dejarme más remedio que seguirlo. -¿Dormitorio, cocina, sofá? No me molesta en absoluto donde te voy a follar, pero te dejaré tener esta última opción.

-¿Último?

-Tuviste la oportunidad de elegir la ubicación. A partir de ahí, lo que suceda es mi elección. Y puedo garantizar al menos dos cosas.

-¿Qué cosas? -pregunto con ganas, siguiéndolo, preguntándome si quería saberlo.

-Voy a ser lo mejor que has tenido- me roba un beso hambriento, cegándome con la dura posesión de su exorbitante lengua. Y estarás pidiendo más.

No discuto esta vez. Estoy demasiado ocupada absorbiendo su gloriosa lengua empujadora. Oh, mierda, él puede besar y sólo eso sirve para hacer que mi mente corra con lo que puede hacer tan bien. Apuesto a que la lista es interminable. -Lo que digas, Samuel.

-La pelea, mujer.- Desconecta nuestras bocas, y sólo noto con suavidad que hemos encontrado nuestro camino a mi dormitorio. No puedo cortar el contacto visual, lo cual es raro y muy preocupante. Sus ojos se estrechan en rendijas desafiantes. -Vamos a ver si podemos follar esa boca inteligente en silencio.- Él arrastra la bufanda de mi cuello, el material quema mi piel, y virtualmente arranca mi vestido de mi cuerpo. No puedo hacer nada para detenerlo, o quiero hacerlo. Estoy sin aliento y desesperada, dos cosas que no han pasado desde Dan. Rápidamente rechazó los pensamientos de él fuera de mi mente. Ninguna buena voluntad vendrá de él, y lo demuestra bastante bien fácil, de todos modos, cuando los ojos encantadores de Sam caen a mi pecho y notan mis pechos desnudos. Él sonríe, lamiéndose los labios, y toma uno de los montículos duros entre su índice y pulgar. Difícil. Trago cuando el dolor dispara hacia abajo de mi torso y golpea en mi ingle. Estoy instantáneamente empapada. -Estas bastante tranquila, Kate- se burla, lanzando unos ojos socarrones a los míos. -¿Nada que decir?

Busco profundo por mi racha luchadora de confianza, situándose en la punta de mi clítoris palpitante donde está disfrutando de placer y se niega a ayudarme. -Joder,- es la única palabra que se materializa y se materializa en un susurro rendido patético. Él me tiene, y la sonrisa exuberante que invade su rostro y hoyuelo me dice que lo sabe.

Me empuja sobre la cama y él se arrastra por mi cuerpo, tomando mis manos en una de las suyos y sujetándolas por encima de mi cabeza. La bufanda aparece otra vez, al instante tensando mis hombros. -Oh no-, me río, retorciéndome debajo de él, siseando y golpeando cuando su verga empuja en mi vientre mientras él rápidamente maniobra y me pone debajo de sus muslos a horcajadas.

-Oh, sí- gruñó, sujetando mis manos a la velocidad del rayo y enfunda el material restante a través de una de las barras de mi cabecera. Miro hacia arriba, observando el trabajo experto, y me doy cuenta en un instante que estoy en un gran problema.

-¡Sam!- Grito, la furia mezclándose con el deseo incontrolable que está evocando de mí. -¡Puedes irte a la mierda ahora mismo!- doy un tirón y no logro nada y grito cuando agarra mis mejillas y tira de mi cara a la suya.

-Yo y tú nos llevaremos mucho mejor si dejas de jugar duro.

-Vete a la mierda.

Se ríe y me pellizca los dos pezones de nuevo. -Mujer, siento que alguien esta rogando

-¡Ay! Maldita sea,- ¡me está volviendo loca! Lo hago más difícil posible para él cuando empieza a tirar mis bragas por mis muslos, doy patadas y grito como una loca desquiciada.

-Algo me dice que te gusta controlar-, reflexiona, descartando mi ropa interior y levantándose de rodillas. -¿Estás en control de la natalidad?

-Vete a la mierda.

Él se ríe entre dientes y baja su boca hacia mi pecho, mordiendo. -¿Estás limpia?

Grito y gimo, lloro y me retuerzo. -¡Vete a la mierda!

-Estoy tomando todo eso como un sí,- Sus dedos encuentran mis pliegues temblorosos y empujan en mí implacablemente.

-Oh Dios!- Estoy instantáneamente tensa a su alrededor y mi cabeza comienza a temblar de lado a lado en la desesperación. -¡Por favor!

El bastardo echa un vistazo descarado a mi forma sudorosa, la victoria esparcida por todo su rostro irritantemente guapo. -Creo que acabamos de tener nuestro primer pelea.- Gira los dedos con precisión, haciéndome escupir otro descarado llamamiento de misericordia. -Y otra- gruñó, roza su boca contra la mía. Me lo como vivo. Toda la pelea me ha dado mucho placer  y él ha hecho más que empezar. -Fóllame, mujer.- Murmura. -Estoy limpio.

Asiento con la cabeza, mi preocupación por la protección abandonada. Estoy limpia también, y también estoy tomando la píldora, pero nunca ha sido una razón para ser descuidada, o incluso confiar en el hombre con el estoy para ser veraz. Sin embargo, ahora mismo, no puedo superar las sensaciones obscenamente sorprendentes que me están torturando con la preocupación por ella. Quiero este lindo cerdito más de lo que he querido. Él me ha desarmado, me ha atado y tomado el control, y eso normalmente sería una manera segura de verme girar la espalda, pero no con Sam. ¡Joder!

Con un rápido movimiento retira sus dedos y hace cambio brusco de sus caderas, él empuja hacia adelante sobre una áspera corteza, golpeando un puño en el colchón en cada lado de mi cabeza y levantando su pecho estúpidamente bien cortado en mi vista. Si pudiera encontrar mis sentidos, probablemente podría encontrar la energía para babear a la vista, pero se retira rápido y vuelve a entrar, oh jodidamente profundo, gimiendo y dejando caer su barbilla a su pecho. Su cabello cae hacia delante y el deseo de sentirlo mientras me penetra es abrumador, pero mis manos no van a ninguna parte.

-¡Desátame!- Grito mientras me penetra con un golpe de castigo de sus estrechas caderas. Mi demanda lo hace levantar la cabeza, la presunción abunda a través del sudor y la tensión en su rostro.

-Nuh-uh,- él jadea, dejándome mareada con su sonrisa adictiva. -Mi juego, mis reglas, y digo que permanecerás a mi merced.

-Sam, por favor!- Cada terminación nerviosa está zumbando, atormentandome. Deja de moverse, manteniéndose inmóvil. Es doloroso. Estoy desamparada y mientras esto es algo que me esfuerzo por evitar, en este momento lo estoy incitando. Necesito que me folle en sumisión.

-Ruega, mujer. Ruégame que te folle.

-Por favor,- no lo dudo. -¡Por favor, fóllame!- Nunca pensé que esas palabras saldrían por mis labios. Jamás.

-Con gran placer,- su tono está lleno de satisfacción y cae directamente en un golpe incesante, aplastandome repetidamente y despiadadamente. Grito, mis muslos quedando más abierto, dando a su cuerpo duro y experto la habitación que está demandando. Ahora estoy dispuesta y aceptando y estoy fuera de mi mente obstinada en el placer principal que he experimentado.

Él se alza sobre mí, empujando las caderas una y otra vez, el sudor sale de su frente por el esfuerzo. -Te sientes jodidamente increíble, mujer.

-¡Mierda, Sam!

-¿Te vas a correr?

-¡Sí!

-Joder- Él empuja rápido, sorprendiendome hasta la médula, mi orgasmo se aproxima teniendo miedo a esconderse de la interrupción repentina de la fricción.

-¿Qué estás haciendo?- Grito, levantando la cabeza, indignada.

-Callate, Kate-, escupe, levantándose de rodillas, definiendo cada apretado musculo y tirando de mi cuerpo inferior en su vuelta a la espera. Él empuja hacia arriba, haciendo que me ahogue con una tos cuando él me penetra otra vez en una corteza que me perfora el oído.

Mis cohetes de placer, mi cabeza cae de nuevo a la cama. -Oh Jesús,- Él es severo, determinado … jodidamente asombroso. Su poder y fuerza implacable me paralizan. Nunca he experimentado algo similar, y soy plenamente consciente de que estoy en riesgo de convertirme totalmente adicta a el. A él. Si no estuviera andando furiosamente hacia un clímax que me divide el cuerpo, podría darle más atención al tren de pensamiento, pero todo en lo que me puedo concentrar en cualquier convicción es la neblina inducida por el placer que me ha empujado.

Me voy.

Está viniendo.

Y luego siento una presión en la punta de mi clítoris y me arrojo a un abismo de sensaciones indescriptibles, gritando su nombre hasta que mi garganta se siente como papel de lija y no queda aliento en mis pulmones. El propio rugido de Sam, seguido por unas sacudidas salvajes de sus temblorosas caderas, indica su propio clímax y él cae sobre mi cuerpo, bajando conmigo para que todavía esté aferrado dentro de mí, y rodeándolo profundamente y deliciosamente, apaciguando cada pequeño placer de nosotros . Estamos agitados. Estamos sudados. Los dos estamos sin habla.

Y estoy totalmente jodida.

Una era de respiración pesada pasa hasta que desliza su rostro hacia mi mejilla, lamiendo a medida que avanza, buscándome la boca y besándome con demasiada ternura, teniendo en cuenta lo que acabamos inmersos en conjunto. Duro, rápido, jodidamente furioso. -Lo haremos de nuevo muy pronto- susurra.

Acepto su dulce beso, sin molestarse en discutir, porque en el fondo, sinceramente, sé que absolutamente lo haremos.

Traducción: Book Lovers Always

Vía: goodreads.com

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