Escena extra: Ugly Love de Colleen Hoover

Colleen vía Facebook 

¡SORPRESA! ¡Una nueva escena BONUS para UGLY LOVE entre Miles y Tate! ¡Sólo por diversión! Cae en alguna parte en la línea de tiempo antes del epílogo en la novela. Y no, no tengo ninguna actualización reciente de la película aparte de que están en pre-producción, así que mientras esperamos por otra actualización, pensé que compartir este pequeño teaser que no es seguro para los niños en absoluto DE CUALQUIER MANERA okay? 😉


TATE ARCHER 💙

Puedo oír mi teléfono sonar, pero sólo hay una pequeña parte de mí que se preocupa lo suficiente para responder. La parte que sabe que podría ser Miles. Él es lo único que podría hacerme dejar de orar por la muerte en este momento.

Mi turno terminó a las siete de la mañana de ayer, pero la enfermedad que atrapé durante ella está viva y bien. Tuve una fiebre de 102 cuando caminé por nuestra puerta ayer y nada de lo que he hecho ha ayudado. Llegó a un punto en el que ni siquiera podía llegar a la nevera sin tomar tres descansos. Lo dejé esta mañana y decidí que dejaría que esta gripe me matara.

Hasta ahora no he muerto, y mi teléfono sigue sonando, recordándome la pequeña parte de mí que puede hacerme sonreír en medio del infierno. Mi esposo. El hombre que no he visto en doce días, gracias a nuestros cambios no cooperativos este mes.

Localizo mi teléfono celular con las puntas de mis dedos. Está a más de dos pies de mí distancia, así que lo tiro un poco más cerca y deslizo mi dedo a través de la pantalla. Trato de recordar dónde está el icono de altavoz y toco alrededor de la pantalla del teléfono.

-¿Hola?- Mi voz es tan débil que cuestiono si será sólo en mi cabeza. Pero entonces su voz familiar transporta a través de mi cama y encuentra mis oídos cuando dice, -¿Tate?- Es la primera vez que he pensado en sonreír desde que la gripe me golpeó.

-Aquí,- susurro.

-Hay tanto silencio.

Me debato respondiendo a eso, pero no era una pregunta. Sólo tengo fuerzas suficientes para responder a las preguntas.

-¿Nena?- Suena preocupado.

Levanto la cabeza para que mi patética voz llegue al teléfono. -Enfermo-. Lo mantengo corto y dulce para que lo entienda. “Gripe.” Tomo un respiro y mi cabeza cae de nuevo sobre la almohada.

-Oh, no-, dice, genuinamente simpático. Él suspira en el teléfono y no tiene que traducir ese suspiro para mí. Sé que está frustrado porque no puede hacer nada por mí. Está en Maine o Florida o en algún lugar tan lejos como los Estados Unidos pueden conseguir de mí, así que no hay nada que él pueda hacer.

Pero su llamada telefónica es suficiente, honestamente. Se siente tan bien oír su voz. Hemos estado casados por más de un año. 455 días para ser exactos. Y gracias a nuestros horarios, hemos pasado menos de 100 de esos días juntos. Es por eso que mi cabeza todavía nada cuando él camina a través de la puerta de nuestro apartamento. Y cuando me llama. Y cuando me sonríe. Y en cualquier momento pienso en él.

-¿Hay algo que pueda hacer?-

Quiero decir: -Sí. Secuestrar un avión y volar a casa y meterte en la cama conmigo.

Pero en vez de eso sólo susurro: -No. Sólo necesito descansar.

Él suspira de nuevo y dice, -No quiero mantenerte en el teléfono. Suenas muy cansada. Estoy a punto de despegar y solo quería escuchar tu voz. Te amo.

-También,- es todo lo que puedo decir a cambio. Puedo oír el teléfono cortado y trato de volver a hundirme en el sueño.

 *   *   *

-Tate.

Siento un trapo frío contra mi frente. Y luego líquido contra mis labios.

-Jovencita, es mejor que bebas. Ese muchacho tuyo me hizo prometer que no te dejaría hasta que tuvieras dos vasos de agua.

Cap.

Abro los ojos y él se sienta a mi lado en la cama, inclinando mi cabeza hacia arriba para encontrarme con un vaso lleno de agua helada. Creo que sonrío, aliviada al verlo, y luego tomo un sorbo. Intento recostarme pero me obliga a sentarme. -Intenta beberlo todo. No puedo tenerte deshidratada en mi guardia.

Tomo la copa de él con las manos temblorosas.

Se pone de pie, lo que requiere mucho esfuerzo para él. Vadea por la habitación, gruñendo mientras se inclina para recoger varios artículos de ropa.

Ropa.

Mierda. ¿Estoy usando ropa?

Miro hacia abajo y, afortunadamente, no estaba demasiado enfermo para estar preparado con una de las camisetas de Miles. Termino el vaso de agua y lo pongo en la mesilla de noche.

-Gracias-, me ahogo.

Cap asiente mientras deja caer toda mi ropa sucia en el cesto. -¿Has comido algo hoy?

Sacudo la cabeza. -Mata de hambre una fiebre, la alimentación de un resfriado – Me caigo de nuevo sobre mi almohada y me doy vuelta. Me tiro las mantas por encima de mi cabeza y rezo para ser puesta fuera de mi miseria.

-Ahora vamos, Tate. Eres una enfermera. Sabes que eso es sólo una historia de esposas viejas.- Cap sale de la habitación sólo para volver unos minutos más tarde. -Encontré algunas galletas y fruta. Trata de tomar unos cuantos bocados.- Le oigo poner la bandeja en la mesita de noche.

-Lo haré, luego. Lo prometo.

Él resopla y luego dice: -Muy bien, entonces. Voy a volver más tarde a ver cómo estas. El chico me dijo que te dijera que te llamará más tarde esta noche.

-Gracias,- murmuro.

Cap se va y yo no como su comida. Me vuelvo a dormir.

*   *   *

-Tate.

Una vez más un trapo frío se presiona contra mi frente.

Pero esta vez se siente diferente. Me pasa una mano por el pelo. Suave y calmante y, -Miles?

Un pulgar se desliza sobre mis labios. -Aquí. Toma un trago-, dice. Me desliza la mano detrás del cuello y me levanta hacia el vaso. Cuando termino de tomar un sorbo, abro los ojos, justo cuando Miles baja suavemente mi cabeza hacia la almohada. Sus ojos azules están llenos de preocupación, pero sus labios tiran en una sonrisa cuando hacemos contacto visual. Milagrosamente, también sonrío.

Ni siquiera le pregunto por qué está aquí o cómo o por cuánto tiempo. Acabo de llegar hasta donde su mano está acariciando mi mejilla y lo agarro y lo aprieto.

Él pasa el trapo frío sobre mi cara y luego lo pone en la mesilla de noche. Se levanta y comienza a desabrocharse el uniforme. Tan cansada como estoy, mis ojos se empapan en cada momento, negándose a cerrarse. Estoy cuestionando si es real. Sé que la fiebre puede causar alucinaciones.

Se quita la camisa y luego se desabrocha el cinturón, dejando caer los pantalones al suelo.

Cuando mis ojos vuelven a su rostro, puedo ver el agotamiento en su expresión. -¿Has dormido todavía?- Le pregunto.

Él me da una sonrisa tranquilizadora mientras se mete a la cama a mi lado. -Estoy a punto de,- susurra, deslizando un brazo bajo mi cuello. Se envuelve alrededor de mí y presiona sus labios en mi mejilla. -Vuelve a dormir- susurra. -Estoy aquí si necesitas algo.

Cada músculo de mi cuerpo me ha estado doliendo y gritando desde hace veinticuatro horas, pero su presencia solo milagrosamente los silencia.

El tiempo suficiente para que yo sienta el primer momento de paz desde que esta enfermedad me golpeó.

Todo lo que siento son sus brazos apretados firmemente a mi alrededor, su boca brevemente contra la mía y su aliento cálido que se mueven a mi oído cuando susurra, -Te extrañé.

Yo también lo extrañaba.

Siempre lo extraño. Incluso cuando lo tengo.

*   *   *

MILES ARCHER 💙

Doblo la última prenda de ropa y la guardo. En mi camino a través de la cocina, paro y le sirvo un vaso con jugo de naranja.

Cuando la llamé esta mañana, nunca la había oído sonar tan enferma. He encontrado un reemplazo de inmediato, llame a Cap para que mantuviera un ojo en ella hasta que yo pudiera llegar a casa y luego saltar al primer vuelo de regreso a Cali.

En todo el tiempo que conozco a Tate, nunca la he visto tan enferma. Y hemos estado casados más de un año. 455 días para ser exactos.

Dudo que Tate o yo estemos a la altura de cuántos días hemos estado casados si no fuera por el regalo que Ian nos dio por nuestra boda. Es un reloj solar que tiene grabada nuestra fecha de boda. También mantiene una cuenta de cuántos días, horas y minutos han pasado desde que dijimos: -Si quiero.- Él dice que me lo compró para que nunca olvidara mi aniversario de boda, pero el regalo realmente no era necesario. Es una fecha que nunca me costará recordar.

Cierro la puerta de nuestro dormitorio para mantener la luz fuera. Es casi medianoche y aunque logré hacerla comer hace unas horas, su fiebre no ha bajado mucho. Lo que significa que necesita el resto.

Echo un vistazo a la cama y las sabanas están devueltas y ella no está allí. Pongo la taza con el jugo de naranja en la mesita de noche y me dirijo al baño. Cuando abro la puerta, ella está parada en el lavabo, mojando su cara con un paño de lavado. Ella lleva una de mis viejas camisetas de banda. Hay agujeros en ella y yo realmente debería haberla tirado hace mucho tiempo, pero la mantengo específicamente para este propósito. Se ve sexy como el infierno en ella.

Nuestros ojos se encuentran en el espejo cuando me acerco detrás de ella, serpenteando mis brazos alrededor de su cintura. Le beso el hombro. -¿Te sientes mejor?

Ella frunce el ceño y se mira en el espejo. -No peor de lo que parezco.

Intento ver lo que está viendo, pero estoy ciego, supongo. Incluso con el pelo que no se ha cepillado en dos días y los dientes que no se han cepillado en casi tanto tiempo, no puedo mantener la contracción dentro de mis boxers ocultando lo que provoca en mí cuando ella piensa que está en su peor momento. Presiono un beso en la parte superior de su cabeza. -¿Quieres que te prepare un baño? Puede que te sientas mejor.

Ella asiente con una pequeña sonrisa. -Gracias.

Ella termina de lavarse la cara y se cepilla los dientes mientras preparo un baño para ella. Me aseguro de que el agua no es demasiado caliente y luego pongo unas toallas mientras ella se quita su camiseta. Ella no está usando nada debajo de ella y no puedo desviar mis ojos mientras que la ayudo a entrar en la tina.

Creo que esta es la primera vez que he caminado por la puerta principal y que no terminamos inmediatamente en la cama juntos. O en el sofá. O contra el mostrador de la cocina. O sobre la mesa. Ninguno de nosotros ha descubierto la clave de la paciencia cuando estamos solos en una habitación. Sobre todo con el menor tiempo que en realidad pasamos juntos. No trabajo tantas horas como antes de que ella entrara en mi vida, pero definitivamente estoy lejos de ella más de lo que quiero estar.

Y en este caso, más de lo que necesito estar. Amo mi trabajo pero amo más a mi esposa, que es exactamente por lo que cambié mi horario hoy. No quiero que este sola cuando está enferma.

Ella inclina la cabeza hacia atrás contra la bañera y se instala en el agua con un suspiro. -Dios, esto se siente bien- susurra, dejando que sus ojos se cierren.

Tomo un asiento en el borde de la bañera y alcanzo un paño de lavado, mojándolo debajo del grifo. -¿Necesitas algo?

Ella abre los ojos y le entrego el trapo húmedo. -¿Tal vez cambiar las sábanas de la cama?-, pregunta. -Quiero sacar estos gérmenes de este apartamento. Lo último que necesitas es enfermarte.

Sacudo la cabeza. -No, lo último que necesito es que mi esposa se preocupe por mí cuando esta tan enferma.

Me paso los quince minutos que está en el baño preparando la cama y la cuchara para su medicina y luego obligarla a beber agua helada. Cuando ella está lista para salir del baño, la ayudo y envuelvo una toalla alrededor de ella. Ella presiona su cara contra mi pecho desnudo y todo su cuerpo suspira contra el mío.

-No puedo creer que hayas venido a casa -susurra. Ella levanta su cara hasta que estoy mirándola a los ojos. Me inclino para besarla, pero ella gira su cabeza y mis labios se encuentran con su mejilla en su lugar. -No quiero que te enfermes.

Le agarro la cara y la inclino de nuevo hacia la mía. -¿Que es lo peor que puede pasar? ¿Tendría que quedarme en casa y estar contigo mientras me recupero?- Ella sonríe ante el pensamiento y yo bajo mi boca a la suya. -Nunca he querido gérmenes más de lo que quiero en este momento.- Atrapo su labio inferior entre los míos y la beso suavemente. Cuando me retiro sus ojos todavía están cerrados. No puedo decir si es por agotamiento o el beso, pero de cualquier manera ella necesita más descanso. Me estiro y envuelvo mis brazos detrás de sus rodillas y la levanto perfectamente. -Vamos a la cama.

Ella dobla los brazos y la cara contra mi pecho mientras la llevo al dormitorio. Su piel es como fuego contra el mío. Cuando la dejo en la cama, el aire frío se encuentra con las partes de mi cuerpo que se acaban de presionar en contra, poniendo de relieve el contraste entre nuestra temperatura corporal actual.

Apago la lámpara y me meto detrás de ella, tirando las mantas sobre los dos. Puedo sentirla temblar y me siento completamente indefenso. Aparte de envolverme alrededor de ella, que es exactamente lo que hago, no hay nada que pueda hacer para ayudarla a sentirse mejor. Además, ella sabe más que yo lo que la haría sentirse mejor. Ella es la experta médica.

Le beso el hombro y luego me acomodo en su almohada, apoyando mi mano en mi muslo. He tenido la gripe antes y recuerdo cómo hace que cada parte del cuerpo de una persona duela, incluso su piel. Dudo que me quiera tocandola ahora mismo, no importa cuánto quiera calmar su dolor.

Como si pudiera leer mi mente, alcanza detrás de ella y agarra mi mano, tirando de ella y poniéndola alrededor de ella.

-Me siento mejor cuando me tocas- susurra.

Sonrío y acaricio mi rostro contra su cabello. -Estoy feliz de hacerlo-, le digo, pasando la mano por su estómago. Sigo pasando mi mano sobre ella, manteniendo mi contacto confinado a su estómago, cadera y brazo. Por mucho que me esté matando al lado de ella sabiendo que no habrá ningún alivio mientras se recupere, no quiero que piense que es donde mi mente va en absoluto.

Esa es la última cosa que necesita ahora, así que trato de pensar en cualquier cosa y en todo lo que no esté relacionado con ella mientras se duerme.

Paso los siguientes minutos mentalmente revisando mi rutina de chequeo de vuelo para no estar lleno de pensamientos de lo que su piel se siente como contra mi mano, pero no ayuda. Sólo tenerla cerca de mí en esta cama hace que cada parte de mí reaccione físicamente a ella, Lo que no puede ser cómodo para ella conmigo de cuchara por como esta.

Lo juro, mi cuerpo sigue actuando como un adolescente en la agonía de la pubertad cuando estoy cerca de ella, incluso después de estar casado con ella durante más de un año. Por lo menos todavía tengo mis boxers. Empiezo a rodar sobre mi espalda para permitir que ella duerma, pero ella agarra mi mano y dice: -Quédate.

Me río un poco, pero la aprieto con fuerza, aliviado de que está deseando mi tacto tanto como yo deseo tocarla. -De acuerdo, pero no puedo ser responsable por lo que me haces.

Cuando presiono en ella, ella gime, lo que lo hace aún peor.

Me obligo a pensar en otra cosa para que ella pueda conciliar el sueño. Pienso en todas las cosas que odio. Retrasos de vuelos, cancelaciones, turbulencias, el olor rancio del desayuno de Primera Clase con el estómago vacío, el café quemado del avión.

Mis dedos se extienden hacia fuera contra su estómago mientras que hago lo mejor para respetar el hecho de que ella esta enferma. Su mano encuentra la mía y entrelaza nuestros dedos. -¿Miles? -susurra ella.

Presiono un beso en su oído. -¿Qué necesitas?

Ella arrastra mi mano un par de pulgadas. -Necesito dormir-, dice, colocando mi mano peligrosamente cerca de donde estaría el borde de sus bragas si no acaba de salir de la bañera. -Y necesito electrolitos-, añade. Ella saca sus dedos de los míos y luego su mano baja sobre la mía, deslizando mi mano entre sus piernas. -Y a ti.

El calor contra mi mano hace imposible mantener mi compostura. Naturalmente, giro mis caderas contra ella y luego cierro los ojos con un suave gemido. -Tate, no vamos a tener sexo en este momento. Necesitas descansar…

-Por favor-, susurra, extendiendo ligeramente sus piernas, permitiendo que mi mano cubra perfectamente el ápice de sus muslos.

Levanto la cabeza de mi almohada y me inclino sobre ella lo suficiente para alcanzar su boca. -¿Qué tal si nos comprometemos?- Susurro. -Cierras los ojos y descansas…- Beso la esquina de su boca. -Y yo me encargo de ti.

Ella asiente con otro gemido, abriendo ligeramente los ojos. -Pero dame un beso-.

Que puedo hacer.

Me inclino hacia delante y presiono mis labios contra los suyos. Las temperaturas contrastantes de nuestras bocas son como el hielo que se lanza en un fuego. Todavía estoy cuidándola y es demasiado esfuerzo para ella inclinar su rostro lo suficiente como para besarme completamente, por lo que se lanza sobre su espalda, separando sus labios y sus piernas para mí.

Deslizo la lengua en su boca y me encuentro con un suave suspiro. Todo acerca de ella me vuelve loco, pero la forma en que suspira mientras la beso es una de mis cosas favoritas. Ella levanta sus caderas contra mi mano y le doy el alivio que anhela, deslizando mi dedo por su centro.

Parte de mí se siente culpable por no empujarla a descansar, pero la mayoría de mí está aliviado de que necesita esto ahora porque de lo contrario nunca experimentaría el lado hermoso de la fiebre. Mi mano se encuentra con el calor intenso de su cuerpo y es como nada que he experimentado antes. Cierro los ojos y presiono mi frente contra el lado de su cabeza, imaginando lo que se sentiría como para hacer el amor con ella ahora mismo. Subir encima de ella y acomodarse entre el calor de sus piernas, empujando hacia el calor que mi mano está explorando.

Creo que susurro la palabra, -Maldita sea-, sin querer.

Tate abre los ojos y me mira con los labios entreabiertos. Ella chupa pequeños jadeos de aire y los libera al tiempo con mi movimiento contra ella. Me observa con los ojos entornados mientras me enfoco atentamente en su boca, esperando el momento cuando ella se derrumba alrededor de mis dedos.

-Miles-, susurra sin aliento. -Hazme el amor.

Niego con la cabeza pero se necesito de toda mi fuerza de voluntad, para no acomodarme inmediatamente en ella. -Mañana- susurro, besando su barbilla, arrastrando mis labios por su cuello-. Beso su piel abrasadora hasta que alcanzo sus pechos. Pongo mi cabeza contra su pecho y continúo disfrutando de la sensación de ella mientras presiona en mi mano.

Puedo sentir el latido de su corazón contra mi mejilla mientras se estrella violentamente contra las paredes de su pecho. Ella hace cualquier cosa menos relajarse. Comienza a cavar sus talones en el colchón mientras arquea su espalda. Sus brazos bajan a mi alrededor y me agarra fuertemente, acercándome más.

Cierro mi boca sobre su pezón mientras empieza a desmoronarse debajo de mí. Me deleito con él, absorbiendo cada gemido a medida que pasa demasiado rápido. Su agotamiento es evidente en sus gemidos tranquilos y sin aliento y el susurrado, -Te amo-, que pasa por sus labios. Espero a que se relaje y se deje llevar por el sueño, pero ella sigue cavando sus talones incesantemente en el colchón mientras me trae la cara a la suya. La fuerza con la que me besa me dice todo lo que necesito saber.

Eso no fue suficiente.

Ella me tira del brazo, queriéndome encima de ella. No tiene que tirar muy fuerte porque me deslizo sobre ella con facilidad. Envuelve sus piernas alrededor de mí y me pierdo por completo en el calor de su boca, el gemido deslizándose por su garganta, las manos sacándome de mis boxers.

Cuando me guía dentro de ella, estoy lleno de culpa por el placer que estoy recibiendo de su fiebre. Pero nunca sentí nada como esto en algún momento mientras empujo lentamente hacia ella, completamente dominado por el calor que me rodea.

Tate.

Cuando digo su nombre, es un -gracias-, un -te amo- y una -santa mierda- envuelto en una sola palabra.

Lo digo
-Tate
y más
-Tate
y más
-Tate
Mientras le hago el amor
a
ella.

-Tate.
Ella toma su nombre con su boca contra la mía
y sostenemos nuestro beso
mientras que de alguna manera caigo
más adentro
En su alma
En ella
Enamorado.

Yo permanezco encima de ella,
dentro de ella,
mucho después de que hayamos terminado.
Nuestros labios todavía se mueven,
buscando uno al otro,
Tomando,
Necesitando,
Amoroso.

Su último beso es suave y cansado
mientras se permite que sus brazos caigan al lado de su cabeza.
Ella suspira como si yo fuera la única medicina que podría
nunca curarla.
Le beso la mejilla de nuevo y luego dejo el calor de ella,
rodando sobre mi lado
para sentarme a su lado.
Presiono una mano plana contra su estómago
y me pregunto en silencio si este es el momento
cuando ella y yo
y nuestro amor por el otro
creará algo aún mayor
que nosotros dos nunca podrá ser.

Me pregunto en silencio si esto es sólo el comienzo
de más de lo
hermoso
que ella ha sacado de mi dolor…

-Te quiero, Miles-, susurra.
Ella lo dice todos los días.
A veces más de una vez.
Y cada día digo, -Te amo también,
como le doy gracias a Dios
-no por cuando nos enamoramos-,
si no por
cuando
nosotros
volamos.

Traducción: Book Lovers Always

Vía: AuthorColleenHoover

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