Cuando Ava esposa a Jesse – Pov Jesse #4

Creo que estoy soñando. Tengo que estarlo. Este sentimiento de alegría y pertenencia no puede tener otra explicación. Mientras mi mente da vueltas repaso cada segundo de mi sueño y la cálida serenidad que viaja a través de mi relajado cuerpo me dice que todo es muy real- eso y que mi corazón late fuerte y constante.

Dormí como un bebe, acurrucado cerca de mi ángel, inhalando su olor toda la noche. Nada podrá superarlo nunca. La puedo sentir contra mi, y mis ojos comienzan a abrirse, embriagándome en la vista de ella junto a mi, exactamente donde necesito estar.

Pero algo no se siente bien.

Mis párpados se abren y aparece justo en mi campo de visión.

Tan jodidamente perfecta.

-Hola nena-. Mis ojos pelean contra el brutal asalto de la luz del día y comienzan a enfocar, amando el espectáculo que es ella mirando hacia mi pecho, claramente gustándole lo que ve. No me disgusta tampoco lo que veo, está adornado en encaje. Empiezo a endurecerme.

Ella sonríe, haciendo que mi pene se sacuda aún más y mi corazón explote con amor.

-Hola-, se oye perfecta también, y en un desesperado intento por poner mis manos sobre ella, muevo mis brazos.

Y escucho un estruendo sobre mi cabeza.

Y mis jodidas muñecas duelen.

Mis ojos están ahora completamente abiertos como platos y al acecho, y mi adormilada cara se llena de confusión mientras miro sobre mi cabeza. Sacudo mis brazos otra vez como si el sonido confirmara lo que estoy mirando, y lo hace.

-¿Que mierda?- Rápidamente busco su mirada de nuevo, encontrando esa maravillosa cara colmada de… poder. ¿Qué demonios está pasando? -Ava, porque mierda estoy esposado a la cama?-

-Estoy introduciendo una nueva forma de follar en nuestra relación, Jesse-. Su tono rebosa seguridad. Pero ser recibido por su hermosa boca lanzando tan vulgar lenguaje, especialmente en el momento en que despierto, instantáneamente calienta mi sangre. ¿O es tal vez porque mi erección está empujando en medio de sus piernas? Podrían ser ambas.

-¡Esa boca!- Arremeto, arrojando mis brazos alrededor mientras miro la cabecera, mis ojos casi se salen de mi cabeza. -Estas no son mis esposas-.

-No, y estas son dos pares, estoy segura que lo notaste, entonces cómo iba diciendo, invente una nueva forma de follar. ¿Y adivina que?.

Ella suena muy engreída. Esto no me sienta nada bien. -¿Que?

-Pensé en ellas solo para ti-. Gira sus pequeñas caderas, haciéndome tomar un profundo y preocupado suspiro. -Te amo-. Me dice suavemente.

-Oh maldito infierno,- estoy siendo sometido a mi propio juego, excepto que ella tiene un motivo. Lo puedo ver en el determinado borde de sus ojos color chocolate. ¿Qué está tramando? No lo sé, pero tengo el presentimiento de que no va a gustarme. Mierda ya no me gusta.

Sus delicadas palmas tocan mi pecho, y observo mientras acerca su exquisita cara. Estoy peleando por mantener mi respiración regular. ¡Joder, me estoy esforzando solo por respirar! -¿Cuantos años tienes?- Presiona sus labios sobre los míos, y aunque esa pregunta me dice lo que necesito saber y estoy impactado por eso, y distraído al sentir sus labios sobre los míos. Esa pequeña jodida descarada. Entonces se retira y comienzo a enfadarme. Oh, esto se va a poner muy feo. Sé lo terca que puede llegar a ser.

Con las manos amarradas, trato de mover mi cabeza para mantener sus labios en los míos, sabiendo que si pongo algo de atención a su boca, podría salir bien librado de esta situación. Le doy una mirada mordaz cuando ella se niega.

-Treinta y tres.- Casi gimo cuando se frota contra mi. Estoy en problemas, y más cuando comienza a morderme y a chuparme.

-Dime la verdad.

-¡Santa mierda! Ava, no te voy a decir cuántos años tengo.

Su torneado cuerpo se levanta y me mira, ligeramente perpleja, -¿por qué?

No tengo la mínima jodida idea de qué decir. Sé que me veo bien, sé que no se puede controlar así misma cuando está conmigo, y sé que la vuelvo loca con lujuria. ¡Pero once años es una jodida década más uno! Cuando yo tenía veintiuno, ella tenía diez. Solo no está bien. Tengo casi cuarenta, aunque nunca he planeado actuar o verme como alguien de esa edad. -Quítame las esposas, quiero tocarte.- No me gusta el deleite que muestra hacia mi orden. Sabe que me tiene.

-No.- La pequeña jodida seductora se frota fuertemente contra mí, poniéndome salvaje de necesidad.

-¡Joder!- Giro mis caderas en círculos un poco, pero sin ningún propósito. Estoy jodido. -¡Quítame las malditas esposas, Ava!-

-¡No!

-¡Maldita sea! ¡No juegues conmigo señorita!- Soy un bastardo hipócrita, pero en serio no me gusta nada hacia dónde está yendo esto. ¡Joder, necesito tocarla!

-No creo que estés en posición de decirme qué hacer.- Está tan calmada que me congelo… y me preocupo más. -¿Vas a dejar de ser irracional y decirme?

Probablemente estoy siendo difícil, pero si me rindo lo usará en mi contra por el resto de mi jodida vida. La primera cosa que voy a hacer cuando me libere, después de follarla hasta que recobre el sentido, es comprar una cama en la que no pueda atar cosas en ella. -¡No!-.

-Bien-. Se deja caer sobre mi pecho, sus suaves pechos cubiertos de encaje, empujando mis duros músculos, toma mis mejillas en sus manos, estudiándome por unos momentos. Después baja sus labios. Podría llorar, sobre todo cuando ella suelta ese gemido de placer que nunca falla en hacerme sonreír internamente y mi pene se endurece al punto de querer explotar. Mi lengua deja mi boca para buscar la suya, pero ella se va .Gruño. Debería saber mejor lo que significa hacerme esto.

Mi ansiedad no disminuye cuando se quita de mis caderas y pone su lengua en mi dolorido pene.-ohhhh, maldito infierno- no puedo con esto. -¡Ava!

Cuando pienso que va a tener clemencia, desciende sobre mi y comienza a moverse, pero entonces sostiene algo en su mano. Casi me trago la lengua. Lo reconozco inmediatamente.

-¡Oh, no! Ava, lo juro por Dios!- Ruedo mi cabeza hacia atrás en total desesperación, mi mente comienza frenéticamente a pensar en formas de detener esto. La más fácil sería la de malditamente solo decirle, ¿pero qué tal si se detiene y lo piensa por un momento? Tendré cincuenta cuando ella tenga solo treinta y nueve. Y qué pasa con los hijos? Pensará que soy muy viejo para ser papá. ¡Tonterías! -No me puedes hacer esto. ¡Joder!

Escucho el ligero zumbido del vibrador, mi cabeza se balancea estúpidamente rápido de lado al lado tratando de detenerlo.

-¡Wow!

Ella realmente va a hacer esto. Maldita sea, ese es mi jodido trabajo. Esa cosa puede hacerla sentir lo mismo que yo. Mantengo mis ojos cerrados, no puedo mirar.

-Esta es una máquina muy poderosa.

-¡Ava, quítame las malditas esposas!

La máquina se detiene, y yo expulso la tensión que puse sobre mi mandíbula apretando los dientes. Todo me duele. Mis muñecas, mis músculos… mi maldito pene. Lentamente abro los ojos, pensando si es mala idea. Y lo es. La mirada en esos profundos ojos oscuros que amo me dice que no se va a rendir. –¿Me vas a decir cuántos años tienes?

Yo tengo el poder, me digo a mí mismo, como un jodido idiota maníaco del control.

-No, claro que no.

-¿Porque estás siendo tan estúpidamente terco?

Su dulce pregunta me hace reír un poco. La estoy haciendo enojar, ¡que bien! -¿Acaso no soy tu dios terco?

Pero inmediatamente dejo de reír cuando veo que comienza a bajar las bragas de encaje, revelando los suaves rizos en la cima de sus piernas. Mi corazón se acelera, mi cuerpo se baña en sudor mientras ella se pone de rodillas. -¿No te gustaría ayudarme por aquí?

Debería de cerrar mis ojos, no dándole la satisfacción de dejarle ver que me está volviendo malditamente loco. No puedo quitar mi ambiciosa mirada de la belleza delante de mi, rezumando jodido poder. -Ava quítame estas esposas ahora mismo y podre follarte hasta que veas estrellas.

Ella ignora mi orden, usando mi vulnerable condición para su ventaja, matándome más lentamente mientras se toca a sí misma jadeando ligeramente.

-¡Oh, joder, joder, joder!

-Dime-. Murmura

-¡No!- Que se joda, ¡puede irse al carajo! -Quítame las esposas.

Repentinamente siento sus labios sobre mi estómago, yendo hacia arriba sobre mi cuerpo hasta que llega a mi boca. No puedo más. Nada podrá detenerme en responder a esos labios, ni siquiera mi incesante furia a su atrevimiento. La beso, gimiendo cuando me provoca deslizando su cuerpo sobre mi palpitante pene. -Oh, Jesús, Ava, por favor.

-Dime.

Niego con la cabeza, pero ahora más de desolación que por terquedad. No voy a decir nada que me haga arriesgar perderla otra vez. Nada, no puedo pasar por eso otra vez. No puedo estar ni un minuto sin ella.

-Bien, lo haremos a tu manera-. Me dice, reposicionando su cuerpo entre mis piernas y tomando la brillante máquina que voy a destrozar en mil pedazos cuando me libere… después voy a follar a mi estúpido ángel solo para recordarle… bueno, para mostrarle que la edad no importa.

-Bájalo- sueno mortal y me siento letal, no es que haya mucha diferencia. Mi chica es valiente. -¡Ava lo juro por dios!- Las vibraciones llegan a mis oídos mientras la observo bajar esa cosa hacia ese lugar especial- mi lugar. -¡Para!- No puedo más. ¿Debería decirle? ¡Joder! No puedo detenerla si huye. Podrá decir que no importa, y tal vez no lo hará por ahora, ¿pero qué tal en algunos años? ¿Qué tal si para entonces decide que soy demasiado viejo? Nunca me voy a descuidar, nunca caeré en el hombre que tiene pechos o el trasero flácido, de ninguna jodida manera. ¿Entonces cuál es el problema?

-¡Joder! ¡Ava, joder, joder, joder, joder!

El sonido de un jadeo interrumpe mis maldiciones, y la siento sacudirse. -Ohhhhhhh diosssss!

Mis ojos se abren, estoy sudando, y temblando desesperadamente por ella. -Ava, todo tu placer proviene de mi.

-Hoy no-. Dice, Cerrando sus hermosos ojos privandome de su extraordinario brillo.

-¡Ava!- Grito, retorciéndome un poco más. -¡Joder! Ava, ¡me estás presionando!

-Hmmm.

No puedo más . Está tortura es lo peor.

-¡Tengo treinta y siete! Maldita sea mujer, tengo jodidos treinta y siete!- El número sale de mi boca e inmediatamente estoy preocupado, y mucho más furioso de que no solo mentí. ¿Por qué no dije treinta y dos , o treinta? Me veo bien. Podría pasar por alguien de esa edad. Mierda ¿y si ella huye?

Observo mientras el vibrador cae hacia la cama, haciendo una nota mental de donde aterriza así puedo destruir al impostor una vez que esté libre.

-Quítame… las… malditas… esposas-. Le lanzo una mirada asesina, no disfrutando de la preocupación que se le dibuja en la cara. No quiero que se preocupe por mí, pero, buen dios, me siento estúpidamente peligroso.

La calidez de sus palmas encuentra mis piernas y veo como lentamente trepa por mi cuerpo, poniendo sus labios sobre los míos ensartando sus manos en mi cabello, se siente tan bien, pero no puedo desaparecer mi creciente ira. ¿Qué diablos está mal conmigo? -Te sigo amando-. Sus palabras calman mi agitación un poco, pero no lo suficiente.

-Bien, ahora quítame las esposas.

-¿Estás enojado conmigo?

-¡Malditamente furioso, Ava!

Se sienta en mi regazo, evaluándome, y entonces me da una forzada y descarada sonrisa. -¿No puede ser locamente enamorado?

-También soy eso. Quítame las esposas.

Ella se mueve y un alivio me invade, pero entonces siento la calidez de su entrada rozándome. Me lleva al borde. -¡Maldición, Ava! ¡Quítame las jodidas esposas!

¡Joder! ¡Necesito jodidamente calmarme!

-¿Qué es lo que piensas hacer?

Me odio a mí mismo por el simple hecho de darle pánico, pero estoy muy seguro que no está tan asustada como yo ahora mismo. Estoy furioso con ella por ser tan astuta, y mucho más conmigo mismo por dejarla ganar este juego.

-Quitalas!

-No hasta que me digas que es lo que vas a hacer!

-Te voy a follar hasta que me ruegues que me detenga, y después vas a correr catorce millas.- Levanto un poco mi cabeza. -Y no vamos a detenernos por un dolor de músculo o café!- No sé porque dije esas cosas; no me estoy haciendo ningún favor, ahora no solo soy viejo si no también  loco.

-No quiero ir a correr- dice calmadamente, pero no puede negar la ansiedad en su tono. -No me puedes obligar.

-Ava, necesitas recordar quién lleva los pantalones en esta relación-. Estoy sorprendido por su fachada pero más por mí continúa arrogancia.

No estoy en posición de lanzar esas declaraciones por ahí y su horrorizada cara me lo dice.

-¿Disculpa, quien lleva los pantalones?

Oh, la descarada pequeña seductora! -Ava, ¡te lo advierto!

-No puedo creer que estés siendo tan cascarrabias sobre esto. Estuvo bien para ti esposarme!

-‘¡Yo estaba al mando!- Mis palabras me sorprenden.

-¡Eres un maníaco del control!-, grita, y me retuerzo un poco más, solo para tener algo que hacer más que decir mierda estupida. -Voy a darme una ducha.

-¡Solo soy un maníaco del control contigo Ava!

La puerta del baño se cierra, y estoy solo a punto de estallar de ira e incertidumbre. Puedo oír la ducha, un pequeño gemido se me escapa al pensar en ella frotando el jabón por todo su perfecto y bien formado cuerpo. Estoy siendo torturado a cada sonido. Tengo problemas mentales. Malditamente grandes problemas mentales. Ella me ama, lo sé por seguro, pero hay tantas cosas que pueden hacerla cambiar de idea- mierda más importante que mi jodida edad.

Después de estar acostado en la cama por una eternidad atado y mi mente va a mil, por fin oigo la puerta abrirse, la observo deambulando en el cuarto con solo una toalla puesta.

-Nena, ven a liberarme por favor-. Soy un ingenuo idiota si pienso que va a funcionar.

Ella me ignora, secándose el cabello, dejándome mirar a mi hermosa chica perdiendo el tiempo por el cuarto, preparándose para ir a trabajar, estoy resentido por no poder ayudarla-a abotonar su blusa, ponerse sus pantalones, sus zapatos. No tengo a quien culpar más que a mí mismo.

Cuando ha terminado luce más hermosa que nunca, si eso es posible, comienza a deambular y yo suspiro, aceptando su beso y temblando cuando siento su preciosa palma sobre mi dolorosa excitación. El contacto me convierte de nuevo en un loco. -¡Ava. Te amo Malditamente mucho, pero si no me quitas estas esposas, voy a jodidamente estrangularte!.

Mis palabras no surten ningún efecto. Ella hasta sonríe y me besa en el pene, y se lo introduce a la boca muy profundo. ¡Oh Jesús!

-¡Ava, por favor!

Estoy goteando en instantes, y ella se va, mi ánimo se levanta cuando la veo tomar algo de la cómoda. ¿Será la llave?

La esperanza me invade, todo mi cuerpo se relaja cuando libera una mano, la sangre completamente drenada me ha dejado flácido y débil… y con mucho maldito dolor. No seré capaz de hacer un coño porque mis jodidas manos no funcionan. Ella pone la llave en la mesa cerca de la cama,  observo el plateado objeto con el ceño fruncido, y después miro a mi desafiante pequeña seductora, que nunca había sido más merecedora de su apodo.

-¿Qué estás haciendo?

-¿Dónde está tu teléfono?

¿Mi teléfono? Para que mierda lo quiere? -¿Porque?

-Lo vas a necesitar. ¿Dónde está?

-Está en el bolsillo de la chaqueta de mi traje. Ava, solo dame la llave-. No me va a dejar aquí tenlo por seguro.

Estoy observando en estupefacto silencio mientras ella recupera mi teléfono, lo pone un poco fuera de mi alcance y después se marcha. Me quedo callado por unos momentos, mi pene está por explotar, y entonces suelto un rugido, que deja al jodido rey de la selva en vergüenza, ella huyó, tal como sabía que lo haría.

Puedo sentir mi corazón desacelerar lentamente.

Vía: Jodi Ellen Malpas

Traducción: Dany Rv ❤

Corrección: Book Lovers Always

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