Magníficamente Planteado (R 2.5) – Emma Chase

Henry

-Es extraño.

-Es bizarro.

-Es fascinante, mírala.

Mi hermano, Nicholas, gesticula hacia mi hija, Jane, en el extremo más alejado del salón de baile reluciente de oro. A los diecinueve años de edad, Jane toma después de Sarah en la belleza y la construcción de cabello oscuro en cascada, una cara encantadora, de largo, las extremidades, los ojos brillantes de color marrón con manchas de mi verde. Ella sonríe y se mezcla con la prensa, mientras se desliza hacia el podio para contestar preguntas sobre el recién creado fondo de becas en honor a mi abuela, la reina Lenora.

Pero su personalidad y comportamiento son claramente diferentes de Sarah. O yo.

-Ella está preparada, segura de sí misma, incluso al mando-, dice Nicholas mientras sube a la cima del podio, con la espalda recta, la encarnación misma de la realeza en acción. -No tiene nada que ver con su edad.

-Lo sé -respondo, desconcertado. -Cada responsabilidad que yo le doy, cada deber-ella lo absorbe como una esponja. Ella prospera.

-Mmm.- Nicholas gruñe. -Todos tus años de imprudencia, toda la dulzura de Sarah, y de alguna manera ustedes dos lograron dar a luz…

-Abuelita.- Termino para él.

-Sí.

Es lo más maldito.

-Ella va a hacer un infierno de reina, sin embargo.- Nicholas ofrece.

-Ella lo hará.- Asiento, con orgullo. Pero entonces frunzo el ceño. -Es una mierda que voy a estar demasiado muerto para verlo.

Mi hermano sonríe. -Puedes retirarte cuando seas un poco mayor. Reducir. Vivir tus años dorados lejos de los dolores de cabeza de la capital y de la política en una de las fincas del país con tu esposa.

Sacudo la cabeza. -Nah. Habría demasiadas comparaciones. Demasiado adivinar de sus opciones y lo que yo hubiera hecho. No le haré eso a ella. Cuando Jane tome el trono será suyo y solo suyo.

Cuando Jane comienza a contestar preguntas, volvemos nuestra silenciosa atención hacia ella. Hasta que mi hermana-en-ley se desliza en la habitación y hasta un lado de mi hermano que llevaba un reluciente, vestido largo hasta la rodilla de color rojo y tacones de tiras, su cabello una masa de rizos negros salvajes. Incluso en sus últimos años cuarenta, ella no podría ser descrita como algo menos que un toque de gracia completo.

-Hola, chicos.

-Luces especialmente encantadora, Olive.

Ella me da una sonrisa radiante. -Gracias, Henry. Es noche de citas. En realidad, termina el fin de semana.- Ella pasa su mano al brazo de mi hermano cariñosamente. -Vamos a Cannes y no puedo esperar.- Olivia mira el rostro de Nicholas y su sonrisa se tambalea. -Tú no lo olvidaste, ¿verdad? Dime que no lo olvidaste, Nicholas.

Vivieron la primera mitad de su matrimonio en los estados -New York- con frecuentes y largas visitas a Wessco. Eso cambió cuando la abuela se enfermó. Y el día en que fui coronado Rey, le pedí-suplicó- a mi hermano que trasladara a su familia a casa, para convertirse en mi primer Consejero Real. Sabía que era mucho pedir, pero lo necesitaba. Después de discutirlo con Olivia, él estuvo de acuerdo y aunque tienen su propia finca, viven la mayor parte del año en sus apartamentos aquí en el Palacio.

Nicholas sonríe maliciosamente y envuelve con el brazo alrededor de la cintura de su esposa, acercándola. -¿Dos días gloriosos a solas con mi estupenda esposa? Incluso si yo fuera senil no podría olvidar eso. Lo he estado esperando durante semanas. Mis maletas ya están en el coche.

La sonrisa de Olivia regresa con toda su fuerza. Luego mira hacia mi hija. -Janey se ve genial allá arriba.- Y entonces ella resopló. -Dios, me recuerda a tu abuela.

Ese parece ser el tema del día.

Nicholas mira su reloj. -Debemos comenzar a movernos.- Asiente, golpeando mi brazo. -Henry.

Ninguno de ellos se inclina, ni quiero que lo hagan, eso sería demasiado extraño, incluso para nosotros.

-Pasen un buen fin de semana, ustedes dos.

Después de hacer una salida tranquila, cruzo mis brazos sobre mi pecho, me inclino contra la pared y veo a Jane hacer lo que hace tan bien.

Hasta que un reportero comienza con una pregunta, -Lady Jane…

Y mi primogénita lo corta de derecha a derecha en las pelotas.

-Princesa.

-Lo siento?-, Pregunta el reportero.

Jane suspira, rápida e impaciente. -Soy la princesa de Wessco, el heredero aparente, lo que significa que cuando me dirijas, será como la princesa Jane o Su Alteza Real. Tal vez, un día, cuando pueda hacerlo bien, yo pueda rebajarme a contestar su pregunta.

Oh chico

Ella vuelve la cabeza hacia el resto de la multitud. -Siguiente.

El mismo reportero levanta la mano tentativamente. -Princesa Jane…

-Uh-uh,- Jane alza su dedo, como un maestro de escuela de voz aguda regañando a una pupila traviesa. -No interrumpir. Shush.- Ella lo despide de nuevo. -Siguiente.

Una docena de recuerdos de mi adolescencia llegan corriendo, y me estremezco.

Es completamente espeluznante.

* * *

Más tarde, me siento detrás del escritorio de la Oficina Real, la pintura de mi orgullosa y elegante abuela con su corona y sus túnicas colgadas en la pared detrás de mí. Hay un consuelo en su presencia, como si estuviera aquí conmigo, teniendo mi espalda como siempre lo hizo, a su manera. Una apreciación completa de su apoyo y orientación, realmente no me golpeó hasta que se fue.

Y la echaba tanto de menos… todavía lo hago.

Hay un golpe en la puerta.

-Adelante.

Mi hija mayor mete la cabeza. -¿Querías verme, papá?

Puse a un lado el documento que estaba revisando. -Sí, cariño. Siéntate.

Sus pantalones de diseñador negro hacen un sonido chillón mientras se desliza en la oficina. Ella toma la silla frente a mí, doblando sus piernas, su cara serena y sonriente.

-Quería hablar contigo sobre la conferencia de prensa de antes.

-Fue fantástico, ¿verdad?- Los ojos de Jane miran al cuadro. -Creo que la abuelita estaría encantada de que otra causa digna se haya creado en su honor.

Sonrío con fuerza. -Sí, lo estaría. En su mayor parte, lo hiciste muy bien, Jane… estoy orgulloso de ti.

Su bonita cabeza se inclina. -¿En la mayor parte?

-Bueno… hubo esa interacción, con el periodista que se malinterpretó. Quería discutir eso contigo.

-¿Qué te pareció?

-Podrías haberlo dejado pasar.

Ella se encoge de hombros. -Pero yo tenía razón. Él estaba equivocado. Ahora lo sabe para la próxima vez.

Esto va a ser más difícil de lo que pensaba.

-Si bien eso es técnicamente cierto, su respuesta a él se produjo como algo más…- Me doblo la mano, buscando la palabra correcta. -… con derecho de resonar.

Su ceja frunce. -Pero yo… tengo derecho. Ese es el punto, ¿no? Sucediste a la bisabuela y yo te sucederé. Tengo derecho a la posición, por nacimiento. Eso es lo que significa ser el heredero.

Me río Porque hace que suene tan simple.

-No serías el heredero si tu tío no hubiera abdicado.

-Pero él abdicó, como debería haberlo hecho. No lo quería. Mis primos están contentos por eso, no lo hubieran querido tampoco. Hago. ¿Por qué no debería actuar así?

-Sólo porque puedas decir algo, no significa que debas hacerlo. Eres la Princesa de la Corona, tu actitud se refleja en todos nosotros. Debes comportarte,- estrangulo la siguiente palabra, -… correctamente.

Luego miro el techo y me preparo para el rayo que seguramente bajará del cielo y me golpeará en el culo. Porque… la ironía.

Cuando no viene, yo continúo.

-Deberías ser humilde, Jane. Muestra gratitud.

Mi hija se burla. -¿Por qué un periodista merece mi gratitud?

-Se merece tu respeto. Todos ellos son nuestros súbditos, nuestros ciudadanos.

Ella lanza los ojos. Atrevido – y no de una manera linda.

-Solía ​​pensar que tampoco necesitaba la prensa, y me equivoqué. Cuando llegue tu día, esto te resultará mucho más fácil si la prensa y la gente están a tu lado.

Y ahora ella resopla. Y dobla los brazos desdichadamente.

Cuando nuestros hijos eran jóvenes, Sarah y yo decidimos no pegarles, no era cómo queríamos criarlos. Ahora estoy pensando que estábamos equivocados en el caso de Jane – ella tiene demasiado de mi petulante terquedad. Probablemente deberíamos haberla golpeado, al menos un poco.

-Estás haciendo una gran cosa de nada, papá.

La señalo. -El hecho de que pienses que es exactamente lo que me preocupa.

-La gente no tendrá otro lado en el que estar, sino el mío. Cuando sea Reina, les gustará o, en lo que a mí respecta, pueden hacer que se mean.

Guau. Santa mierda-wow.

Me quedo boquiabierto.

Esto es lo que Obi-Wan debe haber sentido cuando Anakin se volvió hacia el maldito lado oscuro.

-Podrían protestar contra ti. Lucha para derribarte.

Ella agita su mano. -Las revoluciones ya no tienen éxito.

Mi voz se levanta. Con frustración y también preocupación. Para mi querida hija que piensa que sabe todo, cuando en realidad sabe muy poco.

-Con éxito o no, ¿por qué querrías gobernar a un pueblo que está abiertamente rebelde contra ti? ¿Por qué crees que podrías?

Ella se encoge de hombros de nuevo. -Tendré a los militares conmigo. Seguirán mis órdenes… y seré lo suficientemente inteligente para detener cualquier rebelión antes de que comience.

Qué monstruosamente hermoso que suena.

-Y eso, querida muchacha, se llama dictadura. Aquellos nunca terminan bien. Para cualquiera.

Mi mano se frota sobre mi cara y respiro hondo.

-El hecho de que seas la única opción de la gente es la razón por la que debes ver esta posición como un honor. Un servicio. Un deber sagrado, Jane.

Sus rasgos se suavizan, pasando de la terquedad a la reflexión. Y creo que tal vez-sólo tal vez-estoy pasando.

-Hay una confianza entre el gobierno y su gente. Un acuerdo. Nosotros los gobernamos porque nos permiten hacerlo. Y eso depende de que la monarquía ponga el bienestar de la gente por encima de todo, por encima de nosotros mismos. El bien del país siempre debe ser el primero. El día en que te olvides de eso, es el día en que no mereces llevar el derecho a la corona.

A veces, puedo hacerme sonar como mi abuelita también.

Jane saca su teléfono de su bolsillo y empieza a escribir rápidamente.

-¿Qué estás haciendo?”

-Estoy escribiendo esto. Es un consejo excelente.

La tensión en mis hombros empieza a bajar. Hasta…

-Quiero asegurarme de que mi biógrafo lo incluya.

Oh, por el amor de Dios.

-Jane…

-No, yo entiendo. Tienes razón. Lo haré mejor. Voy a tomar esto en serio, papá.- Ella me da una encantadora y hermosa sonrisa. -Tengo mucha suerte de que seas tan sabio.

Ahora ruedo los ojos. -No me condescendes. Yo estaba condescendiendo con los mejores de ellos, antes de que estuvieras cerca de haber nacido.

Ella asiente con dulzura. -Por supuesto que sí. Ahí lo consiguió- se aparta el teléfono. -¿Hay algo más? Sasha, Mellie y yo vamos a Mónaco para el fin de semana. No quiero llegar tarde a reunirme con ellos.

-No.- Suspiro. -Supongo que eso es todo por ahora. ¿Quieres que le diga a la seguridad que te acompañe con ropa sencilla?

Su ceja se frunce. -¿Por qué?

-Moverse en público será más fácil si no es obvio que eres quien eres.

Jane parece genuinamente confundida. -Pero me gusta ser yo. ¿Por qué querría fingir ser alguien más?

Me pellizco el puente de la nariz. -Echa un vistazo en los libros de historia-los miembros de la realeza que disfrutaban ser quienes eran demasiado no se recuerdan amablemente. Y hay una razón para eso.

Lentamente ella asiente, jugando a estar de acuerdo conmigo.

Yo inventé eso también.

-Estoy muy contenta de haber tenido esta charla, papá.

Entonces ella se levanta, viene alrededor del escritorio y me abraza, besando mi mejilla. -Te amo.

La abrazo de nuevo, deseando pueda volver a ser una niña, cuando todo era mucho más fácil.

-Yo también te quiero, Janey. Sé buena, sé segura.

-Lo haré.- Ella se levanta y me acaricia el hombro. -Hablaremos de nuevo pronto.

Y quiero golpearme la frente en mi escritorio.

En su lugar, después de que la niña de mis ojos vuela de la habitación y cierra la puerta detrás de ella, me giro en mi silla para contemplar la pintura de la abuela. Una ceja parece más elevada que antes, su sonrisa más satisfecha.

-Estás disfrutando de esto, ¿no?-, Le pregunto.

Y casi puedo escuchar su respuesta.

No es tan fácil, ¿verdad, muchacho?

-Adelante, ríete.- Levanto mi taza de té, brindándole. -Ríete entre dientes.

* * *

La próxima vez que levanto la vista del trabajo de mi escritorio, está oscuro afuera, casi las nueve. La mayoría de los días hago un punto de cenar con Sarah y nuestros hijos que no están en el internado. Pero cuando no puedo, Sarah se detiene a comer, para que podamos cenar juntos.

Yo cierro la oficina, deseo a mi secretario personal, el viejo Christopher, una agradable velada mientras camino por su escritorio y busco a mi esposa. A esta hora de la noche, no tengo que buscar mucho, sólo hay un lugar donde ella estará.

Oigo sus voces antes de llegar a la puerta de la guardería, y las esquinas de mi boca automáticamente tirar en la mejor clase de sonrisa.

-… y luego James subió de nuevo en el pegajoso, melocotón gigante listo para visitar lugares más sorprendentes y ver las cosas más extraordinarias!

El chasquido de un libro al ser cerrado hace eco, antes de que una pequeña voz se oponga.

-¡Espera! No puedes parar ahí, tengo que saber qué pasa.

-Ese es el final del capítulo, Gilly -dice Sarah con su tono suave-. Ya sabes lo que sucederá mañana.

Gilbert, el más joven, tendrá seis en dos semanas. Si Jane era nuestra bebé de luna de miel … bueno… un poco antes de la luna de miel, si estoy siendo honesto-Gil fue nuestra sorpresa. Sarah tenía cuarenta y tres años cuando le dio a luz, aunque el médico dijo que tenía el útero de una chica de veintiún años. Jane, que tenía entonces catorce años y Edward, nuestro segundo mayor de un año más joven que ella, se mortificó por la noticia de que otro hermano estaba en camino. Nos llamaron monstruos de la naturaleza, los ingratos. Mientras sus hermanitas, la tranquila Margarita y la feliz Isabel, que tenía diez y ocho años en aquel momento, no sabían de qué se trataba todo aquello.

Y sí, yo estaba tan orgulloso como un pavo real semental que había embarazado a mi esposa maravillosamente tan cerca de la edad madura. Resultó que el último embarazo era el más fácil para Sarah: no tenía náuseas matutinas, más energía en vez de menos, insaciable deseo sexual… Estaba extasiado por esa parte también.

Traspaso la puerta justo a tiempo para ver a mi hijo arrojarse de nuevo sobre la alfombra blanca dramáticamente, los brazos extendidos, su pelo rubio ondulado y salvaje.

-¡Mañana tardará tanto! ¡No puedo esperar!

Eso suena familiar.

Gilbert toma más de mí que cualquiera de los otros -enérgico, rambuncioso- un puñado. Pero es una alegría. Todos lo son.

Cuando no nos están dando migrañas.

-Por favor, mamá. Un capítulo más… por favoooor.

Cuando Sarah suspira, sé que está a punto de ceder. Y no soy el único que lo percibe.

-Príncipe Gilbert, no molestes a tu pobre madre. O mendigar, o quejarse. Está debajo de ti.- La niñera Alice entra desde la habitación contigua, con la cara severa y el acento grueso. -Tienes una lección temprana por la mañana.- Ella aplaude sus manos, rápido y agudo. -En la cama, ahora.

La cara entera de Gilbert se frunce en un ceño-y es realmente adorable.

-¡Niñera! ¡Ella iba a decir que sí!- Él agita su mano, su pulgar y punta de dedo apretados juntos. -Estaba tan cerca y lo arruinaste.

Los labios de Alice, la niñera se fruncen amargamente. -Su mamá tiene una debilidad por ti, y por eso me mantienen en todo, porque no me gusta en absoluto.

Gilbert se ríe como si fuera la cosa más tonta que jamás haya escuchado. Nanny Alice le adora y él lo sabe, pero afortunadamente para nosotros, ella no deja que el pequeño de la camada se salga con la suya.

Mientras Gil sube a su cama, paso a la habitación.

-Su Gracia.- Nanny se rinde rápidamente.

Asiento con la cabeza. -Gracias, Alice.

Ella atenúa las luces antes de deslizarse fuera de la puerta mientras nos damos buenas noches. Deslizo mi mano por la espalda de Sarah y nos acercamos a la cama.

Parpadeando hacia nosotros, Gilbert bosteza. -¿Podemos plantar un melocotón?

Oigo la sonrisa en la voz de Sarah. -Si podemos. Conozco el lugar.

-Papi, ¿podemos jugar al rugby mañana? He estado practicando y quiero mostrarte.

Me cepillo los dedos a través de su pelo loco. Nuestro pequeño pagano.

-Haré que Nanny Alice te lleve a mi oficina después de tu lección de la mañana y saldremos al patio para jugar un poco entonces.

Bosteza de nuevo, más largo esta vez.

-Realmente me gusta la historia del melocotón gigante. ¿Crees que podría escribir una historia así?

Sarah se inclina sobre nuestro chico, su voz callada. -Puedes hacer lo que quieras, cualquier cosa que sueñes, siempre y cuando seas bueno y honesto y trabajes duro en ello.- Ella llena su frente y mejillas con besos, cepillando su nariz contra la suya. -Buenas noches, mi pequeño amor.

Y entonces es mi turno.

-Duerme bien, dulce muchacho. Te amamos.

Se aleja de nosotros, de lado, aplastando su almohada en un montón debajo de su cabeza.

Y con mi brazo alrededor de los hombros de Sarah, la guío por la puerta, por el largo pasillo sin fin a nuestras habitaciones.

* * *

Es una noche suave, así que cenamos en el balcón, bajo el cielo negro manchado de estrellas centelleantes, en una mesa con porcelana para dos. Esta vez con Sarah sola, es la mejor parte de mi día, cualquier día-parada completa.

La luz de las velas baila a través de su cara haciendo sombras suaves naranja rosa, y me sorprenden no sólo por cómo es absolutamente hermosa que ella todavía es, sino cómo inalterado-constante. Cómo ha sido capaz de conservar la misma fuerza tranquila y la inocencia esperanzadora que siempre ha tenido a pesar de la puñalada por la espalda, el mundo político desagradable en que vive.

Después de comer, la ocupo en mi conversación con Jane, frotando mis sienes mientras lo recuento.

-Ella habló de círculos a mi alrededor, lo juro. Es casi castrante.

Sarah se ríe y me da “la mirada”, la que amo. Una pequeña sonrisa, un suave movimiento de cabeza.

-Ella habla de círculos a tu alrededor porque la dejaste. Porque en el fondo estás encantado por lo lista que es, lo obstinada y fuerte que es. Como tu abuela. Te encanta eso de ella.

Resoplido al ser nombrado. Luego miro la servilleta arrugada sobre la mesa.

-Ella está mimada, Sarah.- Confieso en un susurro. -No hasta el punto de podrido, pero …”

Mi esposa asiente y endereza la espalda.

-Jane nació bendita, hermosa, inteligente. Ella ha sido criada en lujo y privilegio por una familia que la ama completamente. Nunca ha conocido las dificultades ni la tragedia. Ella ha sido tratada con deferencia por todo el mundo a su alrededor, y tiene más poder de lo que cualquier joven de diecinueve años debería. Me sorprendería si no estuviera un poco mimada.

-¡Pero no estamos criando una hija! Estamos criando una reina. Y simplemente me golpeó todo el día de hoy que no creo que estamos haciendo un muy buen trabajo de ella,- digo rotundamente. -No me di cuenta de lo… difícil… que es. Una cuerda floja. Y tengo un nuevo nivel de respeto por la abuelita porque Dios conoce a Nicholas y no lo he facilitado para ella.

Sarah juega con el borde de su copa de vino pensativamente. -No creo que sea el tipo de tarea que se supone que sea fácil. Siempre hemos intentado protegerlos de las duras realidades de la vida. Jane sabe lógicamente que es más afortunada que casi cualquier otra persona en el mundo. Pero hay una diferencia entre saber eso y verlo con sus propios ojos. Comprender verdaderamente el sufrimiento que otras personas experimentan en el mundo e incluso en su propio país. Tal vez, la hemos protegido demasiado. Sam y Elizabeth envían a sus hijos en misiones caritativas cada verano. Han hecho trabajo en todo tipo de lugares… quizás es hora de que hagamos lo mismo con Jane.

Sacudo la cabeza. -Nuestros hijos son diferentes. Son blancos -todos lo somos- que aprendimos de la manera más difícil, hace años.

-No lo he olvidado.

-No me gusta ponerlos allí, en peligro. Innecesariamente.

Sarah inclina la cabeza, mirándome. -Pero estás bien con ponerte allí.

-No es lo mismo.

-Pero, ahora, es lo mismo. Un día Jane será tú, ella se sentará donde te sientas, se enfrentará a las mismas pruebas y opciones que enfrentas. Sería cruel y peligroso no prepararla para eso. Tenemos suerte de que todavía viva aquí con nosotros, que ella está recién en su primer año de Uni. Pero el tiempo se acerca cuando ella esté fuera de nuestro alcance, Henry. Sus opiniones serán fijadas y no podremos influenciarla. Si tenemos alguna esperanza de sacudir sus puntos de vista, me temo que tiene que ser ahora… o nunca.

Me froto la parte de atrás de mi cuello y miro a mi esposa por unos momentos.

-Tienes razón.- Me río, sacudiendo la cabeza. -Por supuesto, tienes razón. Siempre fuiste la valiente.

Ella sonríe suavemente. Recordando. -No siempre.

Sarah se acerca a la mesa para ver mi mano, y se la doy sin dudarlo. -Pero cumpliste tu promesa. Me mantuviste a salvo para poder ser valiente. Y no tengo ninguna duda de que harás lo mismo por nuestra hija.- Ella me aprieta la mano. -No tengo ninguna duda sobre ti, Henry.

No por primera vez, miro el rostro encantador de Sarah, la confianza absoluta e incondicional en sus ojos oscuros… y sé en el fondo que estaría jodidamente perdido sin ella. Yo no sería nada. Menos que nada.

Inclinándome hacia adelante, llevo su pequeña mano a mis labios. Entonces la acunco en las dos. -Llamaré a Sam por la mañana.

* * * 

Sarah

-Pero ¿por qué tenemos tantos?

La voz de Henry me llega desde el baño donde acaba de terminar su ducha, una extensión más ligera de la conversación que comenzamos en la cena. Me siento en la mesa de la vanidad, con mis gafas, frotando la crema hidratante en mis mejillas, golpeándola debajo de mis ojos, usando un camisón de seda rosa y marfil.

Mi marido entra en el dormitorio con una nube de vapor flotando detrás de él, frotando una toalla sobre sus hombros anchos y la cabeza húmeda, sin nada. No hay preocupación de que el personal entrará en nuestras habitaciones sin previo aviso. Eso fue cortado en el brote durante las primeras semanas de nuestro matrimonio, cuando el mayordomo de Henry entró en uno de nuestros… momentos… juguetones.

Henry pensó que todo era hilarante, pero no pude mirar al pobre hombre a la cara durante un mes. Así que, mi marido le dio al personal instrucciones estrictas de no entrar en nuestras habitaciones sin llamar, en cualquier momento del día, a menos que el palacio estaba ardiendo en el suelo.

Hay cuartos de Reina cerca de estas habitaciones, pero nunca las hemos usado. Como si Henry me dejara dormir en alguna parte, excepto a su lado. Como si quisiera alguna vez. A veces, todavía no puedo creer que es real, que esta es una vida que tengo que tener. El más milagroso felizmente después.

-Quiero decir, ¿por qué pensamos que tener cinco sería de alguna manera una buena idea? No recuerdo haber tenido esa conversación. ¿Tu si?

Miro por encima de mi hombro, mis ojos se arrastran de sus dedos de los pies a sus ojos de color verde salvaje. Henry fue coronado a los cuarenta años, un rey joven por cualquier estándar. Él cumplirá cincuenta años este verano, y los más grandes partidos ya están planeados para celebrar la ocasión. Pero además de la polvareda sexy de gris claro que se une a los pelos rubios en su pecho, todavía se enseña y se ondula en todos los lugares que un hombre debe ser.

Soy una chica con suerte y mucha suerte.

-No creo que conversar tenga nada que ver con eso.- Mi voz baja a un nivel sensual cuando lo miro. -Fue más… tú… siempre me corrompiste con tus malos caminos.

Él coge mi evaluación y sus ojos se oscurecen. Él tira la toalla a un lado y se acerca a mí, una sucia sonrisa tomando posesión de su boca.

-No es así como lo recuerdo.- Henry se inclina, detrás de mi silla, tirando de la correa de mi camisón de mi hombro y besando el lugar ahora desnudo. Luego puntúa cada palabra con otro pico caliente, subiendo hacia mi cuello. -Creo que siempre has sido demasiado deliciosa para tu propio bien, amor.

Él arrastra su nariz, encima de mi oreja, dejandome la piel de gallina con su aliento, a mi sien. -Mmm, tienes un olor increíble.

Entonces sus ojos hirviendo se encuentran con los míos en el espejo. “Cristo, mirate.”

Gimo y cubro mi cara. -Uh, por favor no.- Dejo caer mis manos y me vuelvo hacia él en la silla. -¿Conoces esas arrugas que me rodean los ojos cuando me río? Me di cuenta que el otro día, están allí todo el tiempo ahora. Estoy tan vieja.

Él hace un sonido completamente disgustado y me saca de la silla. -Esa es una basura de primera clase justo allí.- Con sus brazos alrededor de mí, se inclina hacia atrás, mirándome.

-Estás tan hermosa como el día que te vi por primera vez en ese pub.- Él se ríe entre dientes. -Cuando me pegaste el libro en la cara y me dijiste que lo oliera.

Me río, presionando mi frente contra su pecho. -Haces que suene sucio.

Siento sus labios en la parte superior de mi cabeza. -Me gusta pensar que estaba sucio. El mejor tipo de preliminar. Ciertamente me hizo entrar.

Henry pasa las manos por mi cabello, inclinándose hacia atrás, mirándome con adoración. -Pero sabes qué… me equivoqué. No eres tan hermosa como ese día. Ahora eres más exquisita.

Me besa la punta de la nariz.

-¿Más hermosa que cuando tenía veinticinco años?-, Le pregunto dudosa.

-Oh, definitivamente.- Henry suspira, y me coloca el pelo hacia atrás. -Eres ahora una mujer.- Su nudillo me acaricia la mandíbula. -Una madre increíble, una activista…

Echo un vistazo, ruborizada, pero Henry me persigue con su mirada.

-…una reina querida.

Mis ojos se remontan hasta los suyos y sus cariñosos dedos acarician mi rostro.

Su voz es baja, áspera con sinceridad suave. -Verte convertirte en quien eres ha sido el mayor privilegio de toda mi vida, Sarah.

La más dulce ternura se hincha en mi garganta.

-Tú eres un rey. Estoy seguro de que se supone que es el mayor privilegio.

-No.- Henry sacude la cabeza, besando el interior de mi muñeca, donde su nombre está grabado bajo mi piel. -No. Incluso más que eso.

Y la emoción, el profundo y abarcador amor que siento por este hombre, mi maravilloso y precioso esposo, mi querido y asombroso Rey, se expande en mi alma y me llena de lágrimas.

Me derrito contra él con un suspiro. -Oh, Henry.

Inclina su cabeza y toma mi boca en un beso caliente con pasión y necesidad. Siento que sus brazos rodean mis caderas, levantándome cada vez más cerca. Mis manos se deslizan sobre sus hombros y mi pelo cae a nuestro alrededor, encerrándonos en un mundo mágico que es sólo él y yo, y nada más puede llegar hasta nosotros. Y nos saboreamos profundamente, nos besamos con la alegría de la primera vez y la urgencia desesperada de la última.

Momentos más tarde, deslizo mis labios sobre su quijada barbilla, acariciándole la oreja.

Y yo susurro, -Así es como Gilbert llegó aquí. Te dije que era culpa tuya.

Henry se ríe en mi cuello, diabólico e impenitente como siempre. Y luego me lleva a la cama.

El fin… por ahora

EMMA CHASE

Traducción Book Lovers Always

Queda totalmente prohibido compartir. 

 

 

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